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viernes, 28 de octubre de 2011

Euskadi, ETA: recuerdos personales (9)


Tres recordatorios y... 'pa' casa:

1. Irún. Reunión de partidos. En los bajos de una institución bancaria. Se discuten varios asuntos. Le pregunto a una amiga que estaba al lado:

-Oye, ¿que hace ese aquí? ¿no es un ladrón? ¿no ha estado en la cárcel?

-Pero... no lo sabes. Dicen que es de ETA. Y que como es muy simpático se infiltró entre círculos policiales e involucró a dos o tres guardias civiles a robar en una peletería. Al parecer no era mas que para obtener información.

-¡Ah!

Se me quedó cara de tonto.

2. Donostia. Fui a Radio Euskadi. A pedirle un poema a Felipe Juaristi. Este poeta, al que conocí en Azcoitia, trabajaba entonces en esa radio. Esperé un ratillo. La secretaria me mira. Me pregunta que si quiero que vuelva a llamar a Felipe. En ese momento sale de su despacho y me comunica, todo compungido, que acaban de matar a Yoyes. Yo, la verdad, ahora puedo decirlo, no sabía quien era Yoyes. Ni que importancia pudiera tener su muerte. 

Era un ignorante políticamente hablando. No leía un solo periódico fuera del de mi partido. Era un sectario en el mas estricto sentido de la palabra. Solo leía lo que querían que me dijeran. Pero él, Felipe Juaristi, si leía. Era periodista. Hecho en Madrid. Él si conocía la actualidad. Estaba al tanto de los acontecimientos. Y era euskaldun. De modo que sabía de la tremenda ruptura que ese hecho suponía entre las filas abertzales. Y dentro del mismo pueblo vasco. Supongo que hasta su propia familia sería conmovida por la noticia. Su hermano, creo acordarme, era de EE. Luego, muy probablemente, militaría en ETA. No lo sé. Me lo supongo. 

Hablé con él un rato. En Azcoitia llegamos a ser amigos. No he cultivado esa amistad. Como todos los tímidos soy muy orgulloso y si a mi no me llaman yo tampoco lo hago. 

Aparte de estas desnudeces desvergonzadas, lo cierto es que, a mi, la muerte de Yoyes me dejó frío. Lo que yo quería, al ir a Radio Euskadi, era conseguir ese poema de Juaristi y otro de Pello Martín Zabaleta que también trabajaba allí. Y todo para hacer una antología poética de homenaje a las víctimas del franquismo. Me lo había encomendado el Partido. Mi Partido. Y eso... era sagrado. Las demás víctimas me daban igual. Por tanto: un sectario. Lo reconozco. 

3. Donostia. Subterráneo de Atocha. Pocos días después del atentado de ETA de Hipercor. Vendiendo 'Vanguardia Obrera' 'Organo del Comité Central del partido Comunista de España (maxista-leninista)'. Así lo vendía. A voz en grito. Nos poníamos allí con una mesa, Todos los sábados. Ese sábado gritaba, no se me olvida: 

-¡Atentado parafascista de ETA! -ese era el títular de portada.

Nosotros éramos, como partido, un poco sectarios. Aunque teníamos una virtud: no nos achantábamos ante nadie. Fuera el que fuese. Muchas veces militantes de CCOO o de UGT nos decían al pasar:

-No, no quiero 'Vanguardia Obrera', muchas gracias. ¿Para qué comprártelo, si siempre nos ponéis a parir?

Y, claro, gritando eso de '¡Atentado parafascista de ETA en Hipercor!', ni los abertzales se acercaban. Pero era la pura verdad.

seguirá >>>

miércoles, 26 de octubre de 2011

Euskadi, ETA: recuerdos personales (1)

1969. Marché a Euskadi. A trabajar.  Quería conocer España. Era otoño. Salí con tiempo soleado, temperatura agradable y llegué con tiempo lluvioso a Donosti. Y con zapatillas. Cestona, en el valle del Urola, mi destino. Y hacia allá marchamos mi padre (que me acompañó en el viaje) y yo. Mientras mi progenitor espera en el Bar Coyote, voy al Ayuntamiento. Hablan en euskera. Apenas me atienden.  La escuela, dicen, es de un patronato de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Cuando llego al bar le cuento a mi padre lo que he observado y lo que me han dicho. Me mira y me contesta:


-Pues, por aquí, han pasado cientos de obreros, ya que salen a comer del trabajo, y de todos ellos dos o tres han pedido el vino en castellano, los demas en vasco. Tu crees que sabes mucho... pero estás asustado como recluta en la mili. A mi, sin embargo, me resulta todo familiar: cumplí el servicio en Pamplona.

En la escuela eramos 4: Arratibel el director, Juan Sánchez, (don Juan lo llamaban), Joaquín (otro compañero cuyo apellido no me sale) y yo. 


Un día -recuerdo- el director me preguntó si quería ir con él a un funeral. A Vergara. Y fui. Una manera, como otra cualquiera, de conocer la tierra vasca. 

-Aunque, le dije, soy de pocas iglesias. 

El templo abarrotado. Cuando acabó la misa salimos a la calle. Había muchísima gente reunida a las puertas de la iglesia. Arratibel se puso a caminar  muy deprisa -lo que me extrañó- y subimos rápidamente al coche. Me dice mientras arranca:

-Nos vamos rápido de aquí porque ahora empezará, como siempre, una manifestación. Y habrá jaleo.

-No te entiendo.

-Es que el muerto era de ETA. Un primo segundo. Y esos que están a la puerta, esperando a los que estábamos en misa, se manifestarán por la calle... ¿No los oyes ya?...

-Si, si... ¿Qué gritan?

-¿Zer ez kendu herria? ¡Amnistia! Presoak kalera, txakurra barrura! (o algo así)

-Eso lo entiendo menos

-Traducido quiere decir: ¿Qué pide o quiere el pueblo? Amnistia. Los presos a la calle y los policías a la cárcel.

La primera vez que oí hablar de ETA.

Arratibel era vasco, Juan Sánchez (don Juan) de un pueblo de Salamanca, Joaquín del mismo Salamanca y yo de un pueblo de Zamora.

Don Juan llevaba ya muchos años dando clases en Cestona. Decía ser republicano. Muy antivasco, por cierto. Y amigo de otro antivasco de extrema derecha: el veterinario. Daba gusto oirle hablar. Pero tenía un aire desconfiado. Mirar inquieto. Y continuamente recordando a su tierra castellana. Estudió derecho, estaba metido en el Ayuntamiento y desde allí influía en el pueblo. Nos contaba que, por su mediación, se le puso una calle a Pío Baroja. Don Pío estuvo en Cestona de médico. Lo cita en la novela 'César o nada'. Se entusiasmaba por ese gesto hacia el escritor vasco, regondeándose con el odio que despertó entre la clerigalla. Decía que el alcalde recibió cartas amenazantes de los jesuitas. 

-El pobre alcalde estuvo acojonado... ¡Que se jodan los jesuitas! La calle nombrada... ahí está. Y para siempre.

De tres hijos que tuvo uno se le ahogó en una presa. En Cestona, creo. Dos le quedaron: hija e hijo. De la hija no guardo en la memoria mas que dos cosas: la guapura y que se iba a casar con una persona acomodada del pueblo. Del hijo, Juan Sánchez Sierra, si: era pequeño, cara cetrina, mirar atravesado, antipático, obrero en una fábrica o algo así. Creo que nunca nos dirigió la palabra, ni a Joaquín ni a mi. Sabía y hablaba euskera. Txiquiteaba en cuadrilla. Como cualquier cestuarra de toda la vida. Afiliado al sindicato ELA. Años después supe que, a don Juan, ETA le tiró unos tiros. Para asustarlo, comentaron. Objetivo: que se largara de Euskadi. Y retornó a Salamanca. Inmediatamente, según me dijeron. 


Mas tarde su hijo sería asesinado por ETA. No sé por qué. Me refiero a qué razones arguyó esta organización para matarlo. Una tragedia tremenda para esa familia, supongo. No supe nunca mas de don Juan. Tenía gracia hablando y le gustaba la caza.

seguira >>>