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martes, 8 de abril de 2008

Jean-Joseph Rabearivelo: Viejas canciones de Imérina

Jean-Joseph Rabearivelo


Viejas canciones de Imérina
Traducción de Rogelio Martínez Furé

-¿Quién está allí, al norte del hogar?
-Yo. La-que-tiene-un-rostro-de-oro.
-¿Quién está allí, al oeste del hogar?
-Yo. La fina-y-del-cabello-crespo
que ahuyenta el remordimiento.
-Sus dos manos están llenas de naranjas; yo le pediría bien,
pero me da vergüenza con ella. ¡No obstante, si le hiciera
demasiado caso a mi vergüenza, la boca se me haría agua!
-¡Quien le haga demasiado caso a su vergüenza nada tendrá;
quien a sus responsabilidades tema no conseguirá lo deseado!




Vieilles chansons des pays d'Imérina

martes, 28 de agosto de 2007

Un pájaro sin color y sin nombre

Un pájaro sin color y sin nombre
ha replegado sus alas
y herido el único ojo del cielo.

Se posa en un árbol sin tronco
todo hojas
que ningún viento estremece
y del que no se cogen los frutos, con los ojos abiertos.


¿Qué incuba?
Cuando reinicie su vuelo,
son gallos los que saldrán,
gallos de todas las aldeas
que habrán vencido y dispersado
a los que cantan en los sueños
y se alimentan de astros.

Jean-Joseph Rabearivelo
(Del libro de poemas 'Traduit de la nuit'. Copiado del libro 'Diwan africano, poetas de expresión francesas'. Selección, prólogo y notas de Rogelio Martínez Furé. Editorial Arte y Literatura, Palacio del Segundo Cabo O'Reilly Nº 4, La Habana Vieja, Ciudad de la Habana (Cuba), 1988)

jueves, 26 de abril de 2007

Rabearivelo: Cebú



Cupular cual las urbes de Imerina
ostensibles allá en las colinas
o talladas a piel de roca;
con giba igual a los hastiales
que esculpe sobre el suelo la luna,
ved al toro potente y púrpura
del color de su sangre.



Ha bebido en los bordes de los ríos,
pacido de los cáctus y las lilas;
vedlo ahí yacer frente a la yuca
ahíto aún del perfume de la tierra,
y delante de las pajas arroceras
que a sol y a sombra hieden violentas.


La tarde lo ha cavado todo
y ya no queda horizonte.
El toro ve un desierto que se extiende
hasta fronteras de la noche.
Son sus cuernos un creciente
que asciende.



Desierto, desierto,
desierto frente al toro potente
extraviado con la tarde
en el reino del silencio,
¿qué evocas tú en tu duermevela?
¿Esos otros sin corcova
que son rojos como el polvo
que su tránsito eleva,
dueños de despobladas tierras?
¿O sus ancestros, que cebaban los labriegos
y llevaban a las villas con jaeces frutales,
en holocausto para el Rey?



Brinca, muge,
él, que morirá sin gloria,
luego dormita de nuevo, aguarda,
siendo del paisaje la joroba.

(Tomado del blog 'Africa _ log. Blog de literatura africana')


jueves, 12 de abril de 2007

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'Casi sueños' y ''Traducido de la noche'

CASI SUEÑOS. TRADUCIDO DE LA NOCHE

Recuerda el Sectario que en 1947 Rabemananjara, poeta malgache, escribió desde la pri­sión, donde estaba condenado a muerte, sin duda pensando en él y en otros, como él, que espera­ban en capilla:

“Las estrellas mueren sin un suspiro.
¡Qué mano elevada al horizonte
llevará a los labios de los héroes
la roja ofrenda de la Aurora!”

Tenía mucha razón para es­tar preocupado: el ejercito colonial francés segaba, sin misericordia, las tiernas gavillas de la in­surrección malgache: cerca de 100.000 murieron en una de las más sangrientas represiones que haya visto la historia contemporánea; el Sectario ha dicho una, no la mayor. El poeta, que luego salvó la vida de milagro, era jovencísimo, tierno, como una cualquiera de aquellas gavi­llas que fueron segadas.
El Sectario es muy sensible -supone que a otros les pasará igual- a las muertes de los valien­tes y humildes cuyo único delito es rebelarse contra la opresión de los colosos. Y sigue pen­sando como Gorki: la locura de los valientes es la única sabiduría. Pero hay también otras muer­tes que le estremecen; por ejemplo: el suicidio de otro poeta malgache que ya adivinara o intuyera las gavillas: Rabearivelo.
Diez años antes de que Rabemananjara escribiera esos versos citados más arriba, Rabeari­velo se daba muerte, ya que nada tenía que hacer en este mundo, en esta vida que “se nos mues­tra demasiado rebelde...” por lo que sólo le quedaba tenderse “bajo la hierba echar una mi­rada tierna sobre aquello que algún día formará gavillas...” Y tomando 10 gramos de clo­ruro potásico, envía un beso a los libros de Baudelaire... mira el retrato de su familia: “... mis úl­timos pensamientos, son para vosotros.” “Ingiero un poco de azúcar. Me ahogo. Voy a tum­barme”
Este relato de su muerte, sacado de una página del diario inédito titulado “Cuadernos azules”, puede leerlo el Sectario porque la editorial Hiperión ha publicado, por primera en castellano, los dos poemarios más famosos del poeta malgache, “Traducido de la noche” y “Casi sue­ños” y lo incluye al final. Es de agradecer que una editorial publique voces, gritos de timbre ajeno al soberbio mundo occidental, glorioso y siniestro mundo occidental, no se olviden los 100.000 muertos, esos tiernos manojos ensangrentados, a los que nadie acercó, entonces, “la roja ofrenda de la Aurora”. Quizá algún día alguna de estas editoriales con sensibilidad traduz­can la obra de Aimé Cesaire “Cuaderno de retorno al país natal”: algunos lo agradecería­mos. El Sectario agradece a su editor el poeta Munárriz el envío del libro; libro mag­nífico, en edición bilingüe con traducción, introducción y notas de Juan Abeleira.

El Secta­rio conoce poco el francés por lo que nada puede decir de la traducción; mas... si tiene que poner alguna pega, sería esta: que en la bibliografía sobre Rabearivelo no se recoge la anto­logía titulada “Diwan Africano” del cubano Rogelio Martínez Fure, editorial Arte y Lite­ratura, 1988. Este olvido (o desconocimiento) puede corregirse en una segunda edición, si la hay.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 9