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lunes, 10 de diciembre de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Sobre el influjo de la naturaleza en el libro de Urbano Blanco Cea

Por José Mª Amigo Zamorano

Nos atrevimos a calificar a Urbano Blanco Cea, que acaba de publicar el poemario titulado 'El Alijar jara en flor', como emigrante en Madrid donde trabaja, por lo que trasluce la lectura de su libro.
Ya el sólo título nos orienta para adentrarnos en los recovecos de su almario, compuesto de recuerdos de la tierra que le viera nacer: su pueblo. Y máss que las gentes, la naturaleza y sus habitantes: flores, árboles, pájaros...
Eso ha llenado su ser y lo ha convertido en poesía con su olor a pino, a jara que, antaño, embriagaran a Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso (o eso supone el poeta Urbano) Para los que no estén al tanto de estos pormenores poéticos, sepan que los poetas Dámaso Alonso y sobre todo Vicente Aleixandre, se iniciaron a la poesía por estos lugares allá por el año 1917.
Una parte, un fragmento del libro de Urbano (porque toca temas muy diversos) está colmado de referencias a ese mundo que nos rodea (la naturaleza) que nos marca de niños y que luego, ya adultos,, cuando nuestro espíritu se llena de otras imábenes, vamos arrumbándolo, e incluso nos distanciamos de él, sin darnos cuenta que somos naturaleza y sigue influyéndonos fundamentalmente, aunque parezca que está en segundo plano. .
Pero en esa niñez que hemos citado se va moldeando nustra escultura poética: árboles nevados, vuelo de golondrinas y vencejos, besos de lluvia, piedras convertidas en oro por el sol... Es el tiempo en que el murmullo del agua al caminar por el cauce del riachuelo nos hace escucharlo con arrebatada pasión (o eso creemos cuando somos maduros) que no se nos va del todo. El poeta navero ama todo eso y lo dice en un poema de dos versos: "más que quienes nos suponen/somos lo que amamos".
Por supuesto, lo que ama no está en las calles de Madrid abarrotada de coches, de luces, de ruidos, de trajines, de humos... está al amanecer "cuando nacen los colores", cuando el alba toca con su varita de mágica luz y resucita todo ese mundo que recordábamos antes: escarchas, rocíos, trinos, pinos, jaras... Colores que Madrid no guarda. El poeta, en la urbe, se convierte en avecilla: "se me ha escapado un pájaro del nido de los anhelos olvidados". Y vuela al campo a recobrar esos anhelos. No es que Urbano lo escriba así. Es una licencia que nosotros nos tomamos.
Desde que nosotros saludamos su primer libro, el poeta ha madurado adquiriendo un estilo propio. Sin embargo, el poso machadiano sigue y, suponemos, seguirá siempre en su almario urbaniano, dado que sus amores hacia el campo castellano, hacia Las Navas, hacia su pueblo, lo une a la concepción de Castilla que Machado tenía y se refleja en uno de los poemas más largos dedicado a ella. Esa Castilla que se va muriendo abandonada por sus hijos y los que se quedan "dormitan al calor de la lumbre", recordando tiempos jóvenes, recordando la faz pedregosa, las espigas, la primavera que anuncian los amendros en flor...
Son, como dice el poeta "El beso de lluvia que cava/en el fondo de mi pozo seco".
Mas con toda esa muerte anunciada, presentida, o quizás por eso, el poeta que es Urbano Blanco Cea declara como una condición testamentaria: "Llevadme al campo cuando ya no vea/cuando esté cansado y no pueda andar".
Castilla, escribe en el poema que le dedica, "te amo con la misma mansedumbre", lo que nos hace recordar el poema ya mencionado: "Mas que quienes nos suponen / somos lo que amamos". Amén.

martes, 16 de octubre de 2007

Libros: El fuego de los orígenes

La historia de la evolución de África atrapada entre la tradición y la modernidad como transfondo de la historia de Mandala Mankuntu, joven negro de ojos verdes que no se contenta con ser el mejor cazador y forjador, sino fetiche y médico. Huye a la ciudad y después de participar en la II Guerra Mundial se alía a los independentistas y desengañado vuelve a su aldea y los suyos reniegan de él.

Autor: Emmanuel Dongola
Editorial: Alcor

martes, 7 de agosto de 2007

José Mª Amigo Zamorano: De Bienestares, Felicidades y Armonías

Tal vez lo que mejor defina el libro que vamos a comentar es que los cambios cuantitativos conducen a transformaciones cualitativas. Al fin y al cabo es lo que nos viene a contar Concha Barbero de Dompablo. La cual, en su libro, Palabras para el Bienestar (Un camino hacia la armonía y la plenitud vital), que así se rotula el viaje emprendido hacia ese estado de felicidad, por la autora. Lo inicia con la pregunta "¿Eres feliz?". Una interrogación necesaria que indica de manera transparente, sin engaños, sin subterfugios, que si la respuesta es afirmativa no es necesario adentrarse en las procelosas aguas de su trayectoria. En cambio, si la respuesta que se da es negativa, adquieren relevancia las Palabras para el Bienestar que han de conducir, irremediablemente, al capítulo último: "Vives el ahora. Te encuentras con tu ser".

Pero, que nadie se llame a engaño con eso de utilizar el vocablo 'Palabra', pues no se trata de un hablar por hablar, pura palabrería, no; es, en realidad, la experiencia de la autora con el fin de llenar de contenido su vacío... aunque 'vacío', para ser exactos, no es la palabra adecuada... mas bien de llenarse de otra manera, porque, en puridad, nadie está vacío absolutamente; nadie, nunca, está en pura cáscara...

En fin, lo que la autora necesita es un cambio, un cambio de personalidad, para una transformación, si cabe, del mundo: un mundo que no le gusta y nos lo repite varias veces. Empero que algun@s no se pongan en guardia, a la defensiva, su experiencia vital no va en la dirección de poner patas arriba la estructura y superestructura de la sociedad en la que viven... tan a gustito, no: en absoluto; aunque, bien mirado, si se consigue acceder a ese estadio, el mundo marcharía mucho mejor.

Para esa transformación de ella, de Concha Barbero, es imprescindible arribar a un conocimiento cabal de ella misma, como recomendaba Sócrates con su imperiosa exclamación "¡Conócete a ti mismo!". Y es aquí donde comienza su viaje, no exento de dificultades, de trampas, de vericuetos que tiene nuestro ser, labrado a lo largo de muchos años, y semejantes, a veces, con callejones sin salida que, solo, la voluntad de la autora consigue traspasar.

Poco a poco va consiguiendo salvar vaches sin cuento, aunque, hay que decirlo todo, no es, en modo alguno, un camino erizado de espinas, ascético, se recomienda no tomárselo a la tremenda; es decir: sin traumas, sin estridencias, sin alaridos... un periplo en derredor de ella misma: limpiando impurezas, arrancando rebabas, desechando vanalidades, apartando lugares comunes, arrinconando contradicciones muy arraigadas en el común de las gentes... Un día, de repente, se notará otra, siendo ella misma. Un paso más allá y las pequeñas estupideces desaparecen, la insustancialidad se volatiliza, la ironía nace, el buen humor se impone. Ella ha cambiado y con ella el entorno, que la envuelve, la arropa, la cubre, la encastilla. Por eso decíamos al principio que la cantidad deviene en cualidad.

Ya ha llegado al 'Vivir el ahora. Se encuentra con su ser'. Entonces grita, grita de alegría, se emociona, salta, ríe y, sin importarle el qué diran, se pone a bailar sin ton ni son, porque le apetece... Ella es feliz. El mundo es feliz: ha llegado a la Armonía y a la Plenitud Vital y colorín colorado...

Pero no, no es un cuento, es camino para librarnos de contradicciones que se nos adhieren pegajosamente al ser como una lapa; camino para adquirir la coherencia precisa para andar por el mundo con dignidad. Tal vez no nos convenza este modo de ver la realidad, pero es indudable que para ser felices, primero y principalmente, hay conocerse a uno mismo. Este libro nos coloca en el buen sendero.

Lean, leanlo, el libro de Concha Barbero. Además está muy bien escrito. Con palabras llanas. "Llaneza muchacho que toda afectación es mala", nos aconsejaba Cervantes. Pues eso, libro llano. Rara avis en uno primerizo como este de Concha Barbero de Dompablo.




jueves, 12 de abril de 2007

José Luís Morante: 'Libro de inventario y arqueología submarina'

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LIBRO DE INVENTARIO
Y ARQUEOLOGÍA SUBMARINA
Por José Luis Morante



Arturo Ledrado (Madrid, 1959) nos mostró sus poemas iniciales en un libro de título premo­nitorio, Encuentro en Rivas, un trabajo colectivo que aglutinaba firmas conocidas e inédi­tas. Desde entonces ha desarrollado una amplia labor como editor y activista cultural y ha colaborado con frecuencia en medios de comunicación. Hace un lustro creó la Asociación Prima Littera y por eso, con frecuencia, su nombre ha estado más relacionado con la infraes­tructura del libro que con la producción de textos propios. Sin embargo, en él la escri­tura es vocación temprana como lo atestiguan los relatos ahora reunidos en Libro de Inventa­rio (Encuentro en Rivas, Madrid, 1999), carta de presentación en solitario rescatada de carpe­tas sepias y oscuros cajones, una entrega que bien podría titularse Cajas chinas.
Con prólogo de Norberto Romero, el conjunto acoge 22 textos de un amplio escaparate argu­mental y estilístico, como si hubieran sido escritos en tiempos y atmósferas sucesivas. Los hay que imitan la caligrafía solemne y sentenciosa de un informe funcionarial, como el titu­lado “En su defensa expone”; otros recuerdan relatos de tradición oral para alegrar las sobreme­sas del invierno, e incluso alguno corresponde a la percepción esteticista de una anota­ción de dietario –“Sinfonía azul” sería un buen ejemplo-. Otros son palimpsestos de algu­nos autores de culto como Julio Cortazar o Juan Rulfo, dormitan en zonas fronterizas en­tre el artículo periodístico y el relato minimalista.Entre estos cuentos y su poemario de presentación hay muchos lazos de parentesco y no po­cos caminos de ida y vuelta. El título de su poemario es Arqueología submarina cuyo sentido atestiguan algunos versos de su poema “Bajo llave”. En esta composición leemos:
“No vaya a ser que a cada instante
un objeto común y ajado nos recuerde
que ayer pasó,
que una parte significativa de nosotros
es ya materia de arqueólogos”.
Por tanto, su poética sugiere que la escritura aborda el rescate de las muertes domésticas que conviven con nosotros, como si fuéramos escombros de una civilización antigua que alguien reconstruye a partir de un le­gado semiderruido.
Abunda en los versos una simbología de la destrucción. Así el diluvio, esa lluvia copiosa que cuando amansa permite a la paloma regresar con una ramita de olivo en el pico; pero que ha libe­rado al basilisco que ha borrado del mapa unicornios y grifos y sirenas, ha marchitado sue­ños y esperanzas y ha dejado el nivel de las aguas en su cota de diario. Ninguna simbolo­gía implícita hay en la muerte, una de las obsesiones redundantes de Arturo Ledrado; la muerte como una puerta a la sombra, según explicita el poema “Fondos de inversión”.
Otro gran filón argumental del libro es la poesía urbana: la ciudad como entorno y latido, una aglomeración de coordenadas geográficas precisas, un Madrid arquetípico que acumula sole­dad y desarraigo, monotonía y horarios laborales, mendigos y rostros que se pierden para siem­pre al doblar una esquina.
Ambos libros se complementan y nos dejan las primeras fotos de una voz nueva a la que desea­mos los mejores itinerarios. Ilusión y oficio no le faltan.
José Luis Morante
Sin tiempo para mentar:
El veneno de las rosas de Pilar Narbón; Las mariposas azules de José A. Aguirre; Un rey golpe a golpe; Obra periodística de César M. Arconada.
TOMADO DE LAS PÁGINAS 46-47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 9 DE JULIO DEL AÑO 2.001

Reseñas del 'Sectario': 'Sangre de Luna'

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SANGRE DE LUNA

Félix Rosado publica "Sangre de Luna", un drama épico y romántico. El escritor navero relata en su novela las historias de un bandolero. La guerra de Cuba y la Andalucía del siglo XIX español son escenarios de la novela "Sangre de Luna" publicada por nuestro amigo y paisano Félix Rosado, escritor y periodista de Las Na­vas del Marqués. Brand Editorial ha puesto en el mercado la obra de este autor que fue viva­mente elogiado durante la presentación del libro en el Ateneo de Madrid. El también escritor Raúl del Pozo, columnista del periódico El Mundo y comentarista de televi­sión, ejerció de padrino en el lanzamiento literario de Félix, de quien dijo que po­see "talento de escritor" como demuestra su novela Sangre de Luna. "Tiene todas las caracterís­ticas que según Faulkner debe tener un escritor: experiencia, sentido de la observa­ción e imaginación"; después de leer su novela, lo primero que hay que decir es que el lector no se aburre en ningún momento; en su novela pasa de todo, y asistimos en un libro dividido cla­ramente en dos partes a dos historias totalmente distintas; en la primera parte, Sangre de Luna recorre las desventuras vividas y sufridas por los españoles en la guerra de Cuba: cien mil soldados luchan contra la insurrección de los hacendados, criollos y morenos, ochenta mil es­tán enfermos o heridos; en el matadero de Cuba morían a miles después de pasar grandes cala­midades, hambre y males de salud: "llegaron a un fuerte y se murieron entre balas y enferme­dades, dicen que son peores la disentería, el tifus y la viruela que el fuego del ene­migo", relata.La historia de la guerra está basada en hechos reales, aunque el autor recurre a la ficción para re­crear un escenario dantesco en los cuarteles, los barcos, el mar, las sierras de Cuba. Los espa­ñoles conocen que España perdió la isla de Cuba "pero no se conoce demasiado lo cruel y sangrienta que fue esta guerra", dice el autor. "Los soldados sufrían con auténtico terror las temi­bles cargas de machete de los mambises". La segunda parte de la novela cuenta la historia de un superviviente de aquella guerra, la de un soldado que se convierte en bandolero tras cometer un crimen pasional; aparece aquí el drama romántico en la Andalucía de los caciques y los terratenientes, "donde nadie da un real por nadie". El protagonista, Curro Córdoba, se enamora de una mujer desconocida, según los vati­cinios de una pitonisa. Cuentos y leyendas desfilan por sus páginas, personajes históricos, el mundo taurino de la época (Pedro Romero, el torero que mató más de cinco mil toros), bandole­ros (el Tragabuches, los Siete Niños de Écija), los reyes Isabel II, Alfonso XII, María de las Mercedes, Prim, Ramón y Cajal, la pena del garrote vil. Según dijo Raúl del Pozo "es una novela de talento; no se la pierdan".

(tomado de la página 47 de la revista 'Caminar Conociendo', número 9 de julio de 2001)

OVIDIO PÉREZ MARTÍN: 'CONOCIMIENTO, REVELACIÓN, LENGUAJEs'

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CONOCIMIENTO, REVELACIÓN, LENGUAJES

Por Ovidio Pérez Martín

No es este librito de 32 páginas –Conocimiento, revelación, lenguajes; Antonio Gamoneda; Cua­dernos del Noroeste, 3; La Biblioteca IES.; León: Lancia, 2000- un conjunto de poemas. An­tonio Gamoneda, insistiendo en la línea de su librito “El cuerpo de los símbolos”, expone en este ensayo su saber sobre la poesía a partir de su revelación, intensa y amorosa, con ella.
La cita de José Luis Pardo que abre el cuaderno es reveladora de lo que luego Gamoneda irá desarrollando: “El poder de la palabra para deshacer significados establecidos es, sin duda al­guna, un poder subversivo y liberador.”
El lenguaje –escribe Gamoneda- genera conocimiento cuando las cosas ya tienen nombre. Pero el poema generalmente nombra lo desconocido, lo que en ese momento en que germina el poema se va descubriendo, antes no visto ni sentido. Nombrar lo recién nacido es revela­ción, es su despliegue. Se me ocurre añadir, para ilustrar lo que Gamoneda dice, lo siguiente: Hubo un tiempo en que los árboles no existían, no tenían nombre. Solo cuando el hombre dijo ár­bol, el árbol se desprendió de todo lo que le encubría: y resultó ser hermoso, derecho o tor­cido, y, además, el viento movía sus hojas.
Gamoneda pone en evidencia dos maneras de lenguaje: uno es el lenguaje informativo, conven­cional, socialmente pactado y que, a veces, sirve como transmisión del conocimiento del mundo: el lenguaje científico; a veces expone hechos imaginarios: el lenguaje literario; y, a veces, se degrada hasta hacerse políticamente correcto.
Con el lenguaje informativo tiene mucho que ver el “pensamiento programadamente débil” que se identifica con un liberalismo falaz propio de las democracias ‘occidentales’. Cita Gamo­neda a Valente: “la privación de sentido (...) es el arma por antonomasia de la democra­cia”. Y dice rotundamente: “instalarse en el pensamiento débil es una inmoralidad”. Añade por su cuenta Gamoneda: “Que la escritura que se supone poética esté impregnada de éste no-pensamiento es una añadidura dolorosa. Sólo la rebeldía del pensamiento poético utó­pico, que resultará irrealista y anormal respecto de la despreciable y débil normalidad al uso, tiene dignidad y ese ‘sentido’ de que hablan Bernard Noel y Valente; sólo –de acuerdo con José Luis Pardo- la rebeldía de la creación libre puede ser crítica y mantener valor moral frente a la existencia dirigida. Este es un asunto para la conciencia, pero lo es también para el lenguaje. Naturalmente, ir de irrealista o hermético sin más, no otorga cédula de poeta, pero la analogía del lenguaje minirrealista pretendidamente poético (ése que se promueve poco menos que en términos de mercado y que está casi ‘oficializado’ en España) con los len­guajes informativos instrumentados por los poderes económico y político en sus tecnologías me­diáticas, es la prueba de su debilidad moral añadidura a la debilidad estética” (pag. 21). La cita ha sido larga pero se hace un diagnóstico real y preciso del estado actual de la poesía en este Reino.
Otro es el lenguaje creador, el lenguaje de la revelación, que es el lenguaje verdaderamente poé­tico. El lenguaje es algo muy diferente de los otros, también del literario. La revelación por la palabra, el lenguaje poético, nace –al menos Gamoneda está convencido de ello- en la ‘confusión’ de una causa musical y una causa significativa: es un “pensamiento que canta”. Este lenguaje también es creación y de la creación nace realidad siempre.
Habla también Gamoneda, con respecto a este lenguaje creador, de ‘memoria de partes’, es de­cir, recuerdo fragmentado para comprender el todo. Y la memoria es conciencia del tiempo vi­vido y desaparecido. Y, sin embargo, se escribe poesía por y para el placer. Si para Parméni­des la vida es producto de contrarios, para Gamoneda la poesía se genera desde la memo­ria de lo perdido, desde la herida del tiempo y para suturar esta herida. La palabra poé­tica es palabra que cura, y engendra –por eso produce placer- el momento siguiente, viviente. De ahí la necesidad de la poesía.
Este lenguaje de creación / revelación, primordial para el conocimiento pues es semilla del len­guaje, es el propio de la poesía.
Y termina Gamoneda: “Enorme, irreversible conquista ésta (el lenguaje poético), aunque no les parezca así a quienes han salido de sí mismos y han puesto, quizá, sus mejores potencias para entrar, conscientes o no, en la obediencia al poder y ayudar desde el pensamiento débil a sus intereses”.

Ovidio Pérez Martín

(en la página 47 de la revista 'Caminar Conociendo', número 9 de julio de 2001)

Reseñas del 'Sectario': 'UN PROTESTANTE SEVILLANO: FUENTE ESENCIAL DE HAMLET'

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UN PROTESTANTE SEVILLANO: FUENTE ESENCIAL DE “HAMLET”


En el número anterior de Caminar conociendo se daba a conocer el libro de Francisco Ruiz de Pablos mediante parte de un artículo del propio autor; el Sectario dice “parte” puesto que todo el artículo no pudo publicarse al llegar tarde y no haber espacio; el Sectario no podía cali­brar la valía de tal ensayo al no ser especialista en Shakespeare; algunos se admiraron, eso sí, de la valentía del profesor Ruiz de Pablos al atacar otro libro sobre Shakespeare del se­ñor Trillo; y es que estos saben de la larga mano del poder; aunque quizás no se han dado cuenta de que hay libertad de expresión, o... si se han dado cuenta desconfían de ella.

Ahora el Sectario lee un artículo -y se alegra mucho- en la revista Insula, número 649-650 en el que, desde Cornell University, Ciriaco Morón Arroyo dice lo siguiente (y es sólo el co­mienzo del artículo): "EL PROFESOR FRANCISCO RUIZ DE PABLOS ACABA DE PUBLICAR UN LIBRO EN PRINCIPIO SORPRENDENTE, Y, EN ÚLTIMA INSTANCIA, REVOLUCIONARIO. SU TÍTULO: 'UN PROTESTANTE SEVILLANO: FUENTE ESENCIAL DE HAMLET'. DESCUBRIR UNA FUENTE DESCONOCIDA DE HAMLET ES UN LOGRO QUE LOS ESPECIALISTAS RECIBEN, POR DE PRONTO, CON SOSPECHA. PORQUE, ¿SE PUEDE DESCUBRIR ALGO NUEVO SOBRE SHAKESPEARE EN EL PLANO DE LA ERUDICIÓN? SI, ADEMÁS, ESA FUENTE MERECE EL CALIFICATIVO DE 'ESENCIAL', NO HAY TÉRMINO MEDIO: O ES UNA CHALADURA O UNA ENERME APORTACIÓN A LOS ESTUDIOS SOBRE LA OBRA QUIZÁ MÁS FAMOSA DE LAS LITERATURAS MODERNAS. PUES BIEN, A MI PARECER -DICE CIRIACO MORON ARROYO- EL ESTUDIO DEL PROFESOR RUIZ DE PABLOS NOS BRINDA ESA APORTACIÓN".
Pues, lo dicho por el Sectario: felicidades, amigo Francisco, esperamos nos mandes algún día EL LIBRO.


DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA MISMA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO'

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'DESDE MI CELDA'

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DESDE MI CELDA

Todo el mundo sabe que el poeta, el gran poeta, G. A. Bécquer, escribió una serie de cartas, desde el Monasterio de Veruela en Burgos, rotuladas “Desde mi celda” en 1864. El Secta­rio también lo sabe. De modo que, novedad lo que se dice novedad, este libro no es. Pero que se reedite con una introducción de la profesora Mª Paz Díez-Taboada, amiga del Sectario y co­laboradora de “Caminar conociendo”, eso si que es novedad.

La editorial Espasa Calpe pone en la portada “Nueva edición. Lectura recomendada”. Y dejando aparte el reclamo publici­tario, efectivamente es nueva: del 2.000; y, sí, puede recomendarse muy merecida­mente, sobre otras ediciones de Bécquer, por el excelente estudio de la amiga del servidor que es­cribe estas reseñas; estudio que contiene un perfil biográfico haciendo hincapié en la pe­renne juventud del poeta romántico y su trabajo como periodista; esto le permite adentrarse en la unidad y variedad de sus cartas, en los rasgos costumbrista...

Ya acercándose al final la profe­sora incluye un apéndice: cuadro cronológico, documentación complementaria donde se re­coge el juicio de diversos autores sobre Bécquer y terminando con un taller de lectura carta por carta. Volver a leer a un clásico siempre es recomendable. Leer estas cartas es, además, do­blemente enriquecedor.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'Casi sueños' y ''Traducido de la noche'

CASI SUEÑOS. TRADUCIDO DE LA NOCHE

Recuerda el Sectario que en 1947 Rabemananjara, poeta malgache, escribió desde la pri­sión, donde estaba condenado a muerte, sin duda pensando en él y en otros, como él, que espera­ban en capilla:

“Las estrellas mueren sin un suspiro.
¡Qué mano elevada al horizonte
llevará a los labios de los héroes
la roja ofrenda de la Aurora!”

Tenía mucha razón para es­tar preocupado: el ejercito colonial francés segaba, sin misericordia, las tiernas gavillas de la in­surrección malgache: cerca de 100.000 murieron en una de las más sangrientas represiones que haya visto la historia contemporánea; el Sectario ha dicho una, no la mayor. El poeta, que luego salvó la vida de milagro, era jovencísimo, tierno, como una cualquiera de aquellas gavi­llas que fueron segadas.
El Sectario es muy sensible -supone que a otros les pasará igual- a las muertes de los valien­tes y humildes cuyo único delito es rebelarse contra la opresión de los colosos. Y sigue pen­sando como Gorki: la locura de los valientes es la única sabiduría. Pero hay también otras muer­tes que le estremecen; por ejemplo: el suicidio de otro poeta malgache que ya adivinara o intuyera las gavillas: Rabearivelo.
Diez años antes de que Rabemananjara escribiera esos versos citados más arriba, Rabeari­velo se daba muerte, ya que nada tenía que hacer en este mundo, en esta vida que “se nos mues­tra demasiado rebelde...” por lo que sólo le quedaba tenderse “bajo la hierba echar una mi­rada tierna sobre aquello que algún día formará gavillas...” Y tomando 10 gramos de clo­ruro potásico, envía un beso a los libros de Baudelaire... mira el retrato de su familia: “... mis úl­timos pensamientos, son para vosotros.” “Ingiero un poco de azúcar. Me ahogo. Voy a tum­barme”
Este relato de su muerte, sacado de una página del diario inédito titulado “Cuadernos azules”, puede leerlo el Sectario porque la editorial Hiperión ha publicado, por primera en castellano, los dos poemarios más famosos del poeta malgache, “Traducido de la noche” y “Casi sue­ños” y lo incluye al final. Es de agradecer que una editorial publique voces, gritos de timbre ajeno al soberbio mundo occidental, glorioso y siniestro mundo occidental, no se olviden los 100.000 muertos, esos tiernos manojos ensangrentados, a los que nadie acercó, entonces, “la roja ofrenda de la Aurora”. Quizá algún día alguna de estas editoriales con sensibilidad traduz­can la obra de Aimé Cesaire “Cuaderno de retorno al país natal”: algunos lo agradecería­mos. El Sectario agradece a su editor el poeta Munárriz el envío del libro; libro mag­nífico, en edición bilingüe con traducción, introducción y notas de Juan Abeleira.

El Secta­rio conoce poco el francés por lo que nada puede decir de la traducción; mas... si tiene que poner alguna pega, sería esta: que en la bibliografía sobre Rabearivelo no se recoge la anto­logía titulada “Diwan Africano” del cubano Rogelio Martínez Fure, editorial Arte y Lite­ratura, 1988. Este olvido (o desconocimiento) puede corregirse en una segunda edición, si la hay.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'ANTOLOGÍA POÉTICA'

“Caminar conociendo” empezó sus reseñas declarando que, principal y casi exclusivamente, las haría de libros escritos por amigos; o de aquellos que, no siendo amigos, la tomaran en serio y se los enviaran. Era un punto de vista radicalmente subjetivo, sectarísimo. Pero ahora, este que escribe, El Sectario, ha tomado por suyo ese punto de vista, recordando que ya Pepe Bergamín –quizás el mayor escritor español contemporáneo- lo justificó diciendo que él no podía ser objetivo porque no era objeto... pues eso.El Sectario anuncia que las reseñas serán –ya lo siente- algo cortas porque no tiene tiempo en detenerse en detalles que, por otra parte, no serían importantes mas que para él.

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ANTOLOGÍA POÉTICA

La “Antología poética” de Eduardo Gómez le vino al Sectario acompañando a la “Noche en Teherán” de la poetisa iraní Forugh Farrojzad, primer libro publicado en España de esta es­critora y que el Sectario le había pedido a la editora Amelia Romero de editorial El Bardo; lo hizo con alegría para tener el libro de una escritora a la que “Caminar Cono­ciendo” se había adelantado tres años en darla a conocer al público lector. Y no sabe él por qué, pero con “Noche en Teherán” vino el de Eduardo Gómez al que, tal vez, le tenga queren­cia la editora. Lo cierto es que lo leyó y quedó muy agradecido ante una poética dura como el mundo, sin florituras y que por estos lares, el sectarísimo reseñador, no la ha leído últi­mamente, excepción hecha de David González y Karmelo Iribarren, pero en otro estilo. La antología recoge textos de los seis libros que anteriormente ha publicado. El Sectario no va a dárselas de descubrir, quizás la luna, a los lectores; es decir, de descubrir a este poeta colom­biano, porque... ¿quién sabe si ya lo han dado a conocer?; él no lo sabe; pero, si lo ha des­cubierto para él...
Le gusta su “depurado y acerado lenguaje”, “el engranaje de patetismo e ironía”... supone que ante un país, como el suyo, Colombia “agotado por el caos, la corrup­ción y la violencia”. El Sectario está seguro que aquí no hay ese caos, está todo ordenado, y bien ordenado, para que nos vayamos muriendo lentamente... de asco. Por lo que piensa, y lo dice, para terminar: que está de acuerdo con el poeta en eso de que
“de palomas en fuga y mar­chitos sueños
está hecha la sustancia del habitante de las calles”.
Está dicho.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'La mirada y las támaras'

“Caminar conociendo” empezó sus reseñas declarando que, principal y casi exclusivamente, las haría de libros escritos por amigos; o de aquellos que, no siendo amigos, la tomaran en serio y se los enviaran. Era un punto de vista radicalmente subjetivo, sectarísimo. Pero, ahora, este que escribe, El Sectario, ha tomado por suyo ese punto de vista, recordando que ya Pepe Bergamín –quizás el mayor escritor español contemporáneo- lo justificó diciendo que él no podía ser objetivo porque no era objeto... pues eso.

El Sectario anuncia que las reseñas serán –ya lo siente- algo cortas porque no tiene tiempo en detenerse en detalles que, por otra parte, no serían importantes mas que para él.

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LA MIRADA Y LAS TÁMARAS

Un día, estando el Sectario en la biblioteca, Urbano Blanco Cea “Tito” –navero que escribe muy bien- le presentó, en verano, a un joven rubio nacido en Canarias; se llamaba Alejandro Krawietz. Estuvo un rato hablando con él. Le pareció un tipo muy interesante. Dijo escribir habitualmente en revistas literarias. Y, para demostrarlo, de un estante de la biblioteca, Pú­blica Municipal por cierto, cogió varios números de la revista Quimera y le mostró tres artículos de él: uno referente al poeta Ángel Crespo; otro sobre el poeta canario Sánchez Robayna -que el Secta­rio confundió con un nicaragüense- y un tercero acerca del escritor brasileño Guima­raes Rosa, del que, el Sectario, había leído hace bastante tiempo una larga entrevista que le hizo Konrad Lorenz. Al día siguiente el Sr. Krawietz le llevó un librito “La mirada y las táma­ras” escrito por él mismo. Reconoce este sectarísimo reseñador que tuvo que consultar al diccionario para averiguar qué era eso de “las támaras”. Cuando leyó que eran racimos de dáti­les, no le extrañó en absoluto. Abierto el libro comenzó a leerlo y se inundó de luz y de ca­lor, de dátiles de su infancia, de miradas al “agua clara de los aljibes”, a “los platanales incen­diados” “bajo los palios de las támaras”... Decimos de “su infancia” porque sintió la luz que emitía el libro de la infancia, el calor que abrasaba sus pies primeros, y se vio “aupado a las falúas”, o “huir del sol asfixiante” para refugiarse “bajo los tarajales”... Aunque, evidente­mente, era la vida de Alejandro Krawietz y no la suya, que él no había estado nunca en Canarias; mas era tal la maestría con que estaba escrito que se sintió secuestrado y trasla­dado al borde del mar y del Teide “cadáver arrasado de rocas, simas, rajas”. Un libro, sin duda, que dará otros racimos tan incendiados como estos poemas. Escritos en prosa pero poe­mas clarísimos; tendría que decir que le suenan un poco americanos, quizá a Neruda... pero esto no se lo preguntó; aunque sabe que Canarias es un poco latinoamericana.

A este servidor le parece que hay que decir, y lo dice, que no es un libro reciente sino de 1996; que está editado en Tenerife por PARADISO / EDICIONES. Y que no tiene tiempo para poner el por qué... pero cree que está ante un gran poeta... si sigue escribiendo, claro.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' NUMERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'El Negro'

“Caminar conociendo” empezó sus reseñas declarando que, principal y casi exclusivamente, las haría de libros escritos por amigos; o de aquellos que, no siendo amigos, la tomaran en serio y se los enviaran. Era un punto de vista radicalmente subjetivo, sectarísimo. Pero, ahora, este que escribe, El Sectario, ha tomado por suyo ese punto de vista, recordando que ya Pepe Bergamín –quizás el mayor escritor español contemporáneo- lo justificó diciendo que él no podía ser objetivo porque no era objeto... pues eso.

El Sectario anuncia que las reseñas serán –ya lo siente- algo cortas porque no tiene tiempo en detenerse en detalles que, por otra parte, no serían importantes mas que para él.

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EL NEGRO


El Ateneo Obrero de Gijón ha publicado hace poco “EL Negro”, primera novela de la “Tetralo­gía de Gijón” que tendrá por escenario a la villa asturiana. Sexto relato de la colec­ción “Zigurat” que dirige el poeta David González y por cuya sugerencia le fue enviado al Sec­tario por el director del ateneo D. Luis Pascual; y relato doble o triplemente negro, o más: por su tema, por su trama, por la postura de los personajes, por la portada, por las ilustracio­nes...

El protagonista de la novela trabaja de negro para el hijo del editor Hueco –nom­bre muy gráfico- y relata en primera persona sus problemas en Gijón pero remitiéndose con­tinuamente a su vida de joven en Canarias, franquista y soplón. Todo lo cual permite al au­tor, Jesús R. Castellano, denunciar la explotación de estos escritores condenados a dar lus­tre a las botas de unos personajes inútiles pero pertenecientes a un estado o clase superior; y, tam­bién, de paso exponer, con cruel desnudez, la servidumbre a que estos ‘negros’ se ven aboca­dos hacia esos editores sin escrúpulos, sinvergüenzas que lo único que quieren es vender más y más ejemplares, aunque no sean mas que basura. Trama alucinante (quizás por el exce­sivo número de ‘rayas’ de coca que se mete el ‘negro’ entre pecho y espalda) y que, cómo no, acaba con un asesinato; personajes marginales, miserables, ajenos a esa “ESPAÑAVABIEN” pue­blan el relato. Que ustedes lo disfruten.


DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', ´NÚMERO 9

lunes, 8 de enero de 2007

EL TEJAR

EL TEJAR.*

por Tomás García Yebra

Uno de los paseos más bonitos que se pueden hacer desde la Estación (1*) es el que conduce al Tejar, un ca­mino entre jaras y pinos que tiene su primera parada en la ermita de San Mi­guel. El pequeño templo está si­tuado en una pradera, junto al arroyo del Corcho, y allí, todos los veranos -el 15 de agosto-, se celebra una rome­ría cuyos orígenes se remontan a los años cincuenta.

A las seis de la tarde, la Virgen sale en andas desde la iglesia de la Asunción y es transportada, en­tre flo­res y una banda de música, hasta la er­mita del santo. Detrás, en disciplinada marcha, se agrupan los fe­ligreses. Nada más llegar a ese precioso paraje, el cura párroco oficia una misa y a con­tinuación se merienda.

La gente desea que ese día haga buen tiempo, pero la romería adquiere toda su fuerza telúrica cuando hay tor­menta. Una de esas tormentas de nubes negras que comienza a espesarse a las tres de la tarde y que, hacia las seis y media, desata su ira a base de rayos, truenos y una fortísima lluvia. Ver a la Virgen con su manto azul, la banda de música compitiendo con el aparato eléctrico y la gente calándose hasta los huesos sin rechistar es un espectáculo realmente grandioso.

En la pradera, el centenar de per­sonas que se reúne merienda a dos carrillos. Se charla, se intercam­bian palabras y fiambres, y, hacia las ocho o las nueve, una berlina o un todoterreno los transporta muellemente hasta sus casas.

No siempre fue así.

Enfrente de la ermita, a tiro de ballesta, se encuentra el Tejar. Varias chozas de ladrillo medio de­rruidas, res­tos de hornos y una valla protegiendo el recinto invitan a pensar que allí tuvo que haber vida. Y la hubo. Y todavía la hay, puesto que un hombre de 64 años, Perfecto Santos, baja a diario desde el pueblo para dar de comer a los caballos y cuidar de su huerto. No quiere perder sus raíces. Ni su memoria.

Perfecto no nació en el Tejar, pero su hermano mayor, Sotero, abrió por primera vez los ojos un poco más abajo, en la Casa de los Cacharros. Eran cinco hermanos: Sotero, María, Francisca, Josefa y Perfecto, y todos se criaron entre pinares. En la Casa de los Cacharros -apenas quedan en pie las cuatro paredes-, la fa­milia Santos -el padre, la madre y los hijos- fabri­caba tejas, ladrillos, botijos, cazuelas, potes para la resina y unas lecheritas que, convenientemente rellenas de le­che, se vendían en el andén de la esta­ción de ferrocarril. Los viajeros descen­dían de los vagones para com­prarlas, o bien las pedían desde las ven­tanillas.

En los años cuarenta la familia consideró que vivía demasiado lejos y se trasladó desde la Casa de los Cacha­rros al Tejar.

Perfecto, con siete años, ayu­daba en el huerto y llevaba las cabras a triscar por el monte. "En in­vierno baja­ban los lobos, pero les tirabas un canto y se iban; un día me descuidé y me ro­baron una cabriti­lla".

Por el Tejar merodeaban los lo­bos y también los maquis. "Uno iba muy bien vestido -recuerda Perfecto-, llevaba un sombrero negro y no sé qué hablaría con mi padre; se ponían a hablar pero no sé qué se dirían".

Una noche, con 16 años, se sin­tió morir. "Me entraron unos retortijo­nes que no me tenía. A la ma­ñana si­guiente cogí el borrico y subí al pue­blo. Me vio el médico, don Mario, y me dijo que había que ope­rar con ur­gencia. Era apendicitis. Me operó en mi casa, en la casa que teníamos en Las Navas. Mandó traer de una carnicería un tablero de mármol, lo fregaron con estropajo y jabón y allí encima me operó".

Le anestesiaron con un líquido que le echaron por la nariz. A la mitad de la operación, Perfecto se despertó. "Vi unas tripas a mi lado y le pregunté a don Mario de quién eran". 

"Son tu­yas", respondió, "pero no te preocupes que ahora te las coloco".

Uno de los días más felices de su vida ocurrió cuando nació su her­mana pequeña. Su madre dio a luz en la casa del pueblo. Perfecto, al oír el llanto del bebé, bajó dando brincos de alegría hasta el Tejar. "¡Padre, tene­mos una hermanita! ¡Padre, tenemos una hermanita!", le gritó a don Sotero Santos, quien besó emocionado a su hijo.

Otra de las alegrías de su vida sobrevino cuando oyó por primera vez al titiritero. Su hermano y sus herma­nas salieron corriendo, y él, sin saber a dónde iba, fue detrás de ellos. El titiri­tero se ponía enfrente del bar Marti­gón. "Llevaba una cabra y la hacía subir a un poyete, y era lista la jodía porque se ponía de ma­nos y le obede­cía en todo. La primera vez no sabía a dónde iban mis hermanos, pero, a par­tir de ese día, era oír la música y salir corriendo para ver lo que hacía aquel hombre con la cabra"

Don Sotero, en los ratos libres, leía novelas del oeste, de Marcial La­fuente Estefanía, mientras la madre remendaba la ropa del marido y sus cinco hijos.

En los años cincuenta, el padre compró una radio y la radio les cambió la vida. "Mis hermanas se quedaban traspasás con las radionovelas; la oía­mos mucho, hasta por las noches, to­dos juntos alrededor de la lumbre". Para iluminar la casa utilizaban lámpa­ras de carburo y teas de resina que "humedecíamos con agua para que aguantaran".

La madre, Felipa Sánchez, horneaba los sábados varias hogazas de pan que les tenían que durar toda la semana. Al año mataban tres cerdos, y también administraban la carne con cautela para que perdurara varios me­ses. "Hambre nunca hemos pasado. Ni frío. Por Semana Santa comíamos hasta reventar".

Los padres se fueron haciendo mayores y las grandes fábricas comen­zaron a orillar a las chicas. La produc­ción artesanal se convirtió en algo ex­ótico y ya no era rentable.

El Tejar dejó de funcionar a me­diados de los años setenta. Un perro -el perro de Perfecto- es el úl­timo in­quilino de un lugar que, a las nueve de la mañana, con la fresca del verano, se respira la misma paz que en el claustro de un monasterio.

Continuando hacia abajo y, to­mando el camino de la derecha, se llega a la Ciudad Ducal (2*) (por la zona del embalse), pero si uno gira a la izquierda se topa con los prados de Blascoceo, donde el arroyo del Cor­cho nos sorprende con varios restos de molinos, y si continuamos hacia ade­lante entonces emergen los primeros pinos piñoneros, el anuncio de que es­tamos adentrándonos en el término de Hoyo de Pinares.

Es una ruta que se puede hacer andando, en moto, en bicicleta de mon­taña, a caballo o en un todote­rreno. A nadie defraudará.

En la ermita de San Miguel se han casado varias parejas, entre ellas el matrimonio formado por Kiki Landa y Elvira. Precisamente a Kiki Landa, a José Luis Fernández, "Coche", y a la asociación de vecinos San Miguel de la Ermita debemos que la Estación no se muera en el verano y que el Ayunta­miento no nos olvide el resto del año.



(1*) Barrio de Las Na­vas del Marqués que recibe di­cho nombre por estar situado en los alre­dedores de la esta­ción del tren.
(2*) Barrio residencial del término de Las Navas del Marqués.
*Capítulo del libro “Vida secreta de Las Navas del Marqués” de Tomás Gar­cía Yebra. Ediciones Liberta­rias, 2001


TOMADO DE 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº. 9 y PAGINAS 4 y 5
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Fotos: Tomás García Yebra

Eusebio García Luengo: 3 FARSAS PARA TÍTERES

“TRES FARSAS PARA TÍTERES”

Madrid: Ediciones Izquierda, 1936

(Nueva Cultura, número 13, julio de 1936)

Hay escritores que van a redropelo de la historia. Otros que la siguen o acompañan. También quien la alumbra. De los últimos es Arconada, al que habrá que recurrir cuando de estudiar nuestro tiempo se trate, pues lo va historiando literariamente.
Ya se sabe que la viabilidad de la obra, su dinámica, se da proporcional a lo que refleje y transforme la vida de su tiempo. En este sentido funcional la literatura de Arconada es de las de más claro impulso.
Las últimas obras de Arconada componen en verdad un ciclo que, por gala de variedad en el autor, toca distintos géneros. También podría decirse que es una única gran obra, primero hecha novela, después poesía, más tarde teatro...
O sea, Arconada va alumbrando la historia y la literatura –tanto vale- de su época en el doble aspecto: en cuanto a tema y en cuanto a género.
En efecto, llega la revolución republicana y su fracaso revolucionario, y Arconada escribe “Los pobres contra los ricos”. Replica también a los que andaban enredados en buscar “lo nuevo”. Continúa con “Reparto de tierras”, cuando la historia madura de modo que el tema, que se ve que Arconada no es sino ese cosechero literario que siembra su mirada y su sensibilidad en su tiempo y en su tierra y recoge lo más ingente, lo más granado y fecundo...
Del mismo modo comienza la poesía revolucionaria a dar quehacer a poetas y críticos. Y Arconada publica “Vivimos en una noche oscura”, que, por una parte, trasplanta un enorme motivo cernido sobre nuestras vidas y, por la otra, muestra una manera poética revolucionaria. Por último, cuando a todos nos hostiga la urgencia de un teatro revolucionario, Arconada nos da “Tres farsas para títeres” que, como él dice, puede ser también para hombres.
¿Son obras distintas –imposible averiguar hasta cuando una obra contiene esencia independiente- o pertenece al mismo cielo interpretado de todos los modos para completarle? Ambas cosas. Son distintas caras de la misma gran obra de su tiempo. Distintas expresiones de la misma gran expresión del primer estado social. Distintas voces del mismo gran cuerpo popular.
De su último angustioso esfuerzo para reivindicar al subhombre, Arconada parece querer descansar y hacer unas desaforadas volteretas con sus criaturas. Ya es hora que riamos un poco, parece decir. Que si hay mucho triste, también hay mucho grotesco. Lo grotesco candoroso, llamaríamos a esas farsas. Arconada hace siempre el gran arte simple. Puede contraponerse acaso –no creo que esté en la preceptiva- con otro gran arte complejo, Dostoievski, por ejemplo. Valle-Inclán puede ejemplarizar el simple, el más español y más apto, claro, para expresar el primer estrato rural y los grandes movimientos históricos, y más si éstos son revolucionarios, como en Arconada...


Eusebio García Luengo

APARECIDO EN 'CAMINAR CONOCIENDO' PÁGINA 16, Nº 9

sábado, 6 de enero de 2007

JOSE LUIS MORANTE: sobre Arturo Ledrado

En la anterior reseña del Sectario desapareció el siguiente texto por ir entre estos signos <<>> con lo cual, no hay mal que por bien no venga, he aprendido que este signo hace desaparecer el texto; es decir: es un signo tragón.

Arturo Ledrado (Madrid, 1959) nos mostró sus poemas iniciales en un libro de título premo­nitorio, Encuentro en Rivas, un trabajo colectivo que aglutinaba firmas conocidas e inédi­tas. Desde entonces ha desarrollado una amplia labor como editor y activista cultural y ha colaborado con frecuencia en medios de comunicación. Hace un lustro creó la Asociación Prima Littera y por eso, con frecuencia, su nombre ha estado más relacionado con la infraes­tructura del libro que con la producción de textos propios. Sin embargo, en él la escri­tura es vocación temprana como lo atestiguan los relatos ahora reunidos en Libro de Inventa­rio (Encuentro en Rivas, Madrid, 1999), carta de presentación en solitario rescatada de carpe­tas sepias y oscuros cajones, una entrega que bien podría titularse Cajas chinas.
Con prólogo de Norberto Romero, el conjunto acoge 22 textos de un amplio escaparate argu­mental y estilístico, como si hubieran sido escritos en tiempos y atmósferas sucesivas. Los hay que imitan la caligrafía solemne y sentenciosa de un informe funcionarial, como el titu­lado “En su defensa expone”; otros recuerdan relatos de tradición oral para alegrar las sobreme­sas del invierno, e incluso alguno corresponde a la percepción esteticista de una anota­ción de dietario –“Sinfonía azul” sería un buen ejemplo-. Otros son palimpsestos de algu­nos autores de culto como Julio Cortazar o Juan Rulfo, dormitan en zonas fronterizas en­tre el artículo periodístico y el relato minimalista.
Entre estos cuentos y su poemario de presentación hay muchos lazos de parentesco y no po­cos caminos de ida y vuelta. El título de su poemario es Arqueología submarina cuyo sentido atestiguan algunos versos de su poema “Bajo llave”. En esta composición leemos: “No vaya a ser que a cada instante // un objeto común y ajado nos recuerde // que ayer pasó, // que una parte significativa de nosotros // es ya materia de arqueólogos”. Por tanto, su poética sugiere que la escritura aborda el rescate de las muertes domésticas que conviven con nosotros, como si fuéramos escombros de una civilización antigua que alguien reconstruye a partir de un le­gado semiderruido.
Abunda en los versos una simbología de la destrucción. Así el diluvio, esa lluvia copiosa que cuando amansa permite a la paloma regresar con una ramita de olivo en el pico; pero que ha libe­rado al basilisco que ha borrado del mapa unicornios y grifos y sirenas, ha marchitado sue­ños y esperanzas y ha dejado el nivel de las aguas en su cota de diario. Ninguna simbolo­gía implícita hay en la muerte, una de las obsesiones redundantes de Arturo Ledrado; la muerte como una puerta a la sombra, según explicita el poema “Fondos de inversión”.
Otro gran filón argumental del libro es la poesía urbana: la ciudad como entorno y latido, una aglomeración de coordenadas geográficas precisas, un Madrid arquetípico que acumula sole­dad y desarraigo, monotonía y horarios laborales, mendigos y rostros que se pierden para siem­pre al doblar una esquina.’’Ambos libros se complementan y nos dejan las primeras fotos de una voz nueva a la que desea­mos los mejores itinerarios. Ilusión y oficio no le faltan