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viernes, 5 de septiembre de 2008

Antonio Fernández, muebles de jara

Fuimos a ver una exposición de muebles. Artesanos.

El que exponía era el artesano Antonio Fernández. Aficionado. Que todo hay que decirlo para que se entienda bien. Aficionado en sus ratos libres. Muchos. Suponemos. Porque está jubilado.


Habrá... no, habrá no, hay muchos aficionados a la artesanía.

Hay que decir que, en Antonio, estos muebles, han brotado de sus manos por desafío. Le decían, todos, que con eso, con la jara, no se hacía nada más que cisco. Era difícil de trabajarla. Dura como la roca. Rompe hasta las herramientas. Pesada...

Pesada si, es cierto, es pesada la jara. Lo pudimos comprobar levantando alguno de los muebles.

Ante ese reto comenzó haciendo una trona. A ver que pasaba. Una trona, ya lo sabéis, seguro, aunque nosotros no lo sabíamos, es una sillita alta de niño. Resultó. ¡Vaya si resultó! Le sirvió a sus nietos. Ahí estaba. Como nueva.

Luego, Antonio Fernández se atrevió a construir una cómoda, un arcón o baúl, una lámpara, una mesilla, un costurero, una mesa de salón, una mesilla, un botellero, marcos para cuadros... una especie de biombo aun sin terminar... no muchos, la verdad, pero exquisitos.

Una muestra de las posibilidades, una sola, que puede dar esa madera llamada de jara la fuimos a ver en Las Navas del Marqués.

Y Las Navas del Marqués es tierra de jarales. Un poeta navero, Urbano Blanco Cea, tituló su último libro de poemas 'El Alijar, jara en flor'.

Y en Las Navas ha expuesto este artista. En Los Toriles. Un espacio de exposiciones del ayuntamiento de esta localidad abulense.

Le preguntamos por el proceso que desemboca en esos hermosos muebles. Nos llevó a un rincón donde tenía, arrimados a la pared, varios palos de jara: un palo con hojas verdes, sin hojas pero verde, uno seco si pulir y otro mondo y lirondo.

El obstáculo principal para trabajar la jara es, que al ser un arbusto, su desarrollo es limitado, tanto en altura como en grosor. No es fácil encontrar palos largos o gruesos. La búsqueda es laboriosa, invirtiendo mucho tiempo y paciencia. El ramaje tampoco es recto generalmente. Y no admite enderezamiento. Vuelve siempre a la curva que tenía.

-De modo que con esas características, inherentes a la madera, tienes que trabajar. No hay más remedio.

Para construir la lámpara de pie, por ejemplo, tuvo que unir varios trozos. Por lo que la exposición tiene un valor adicional innegable.

Ahora, Antonio Fernández quiere dar un salto: las ramas retorcidas de la jara podrían dar muchas posibilidades a la imaginación creadora, a la fantasía. Y teniendo en cuenta esta muestra de muebles se abre un potencial de esperanzas.

Fuimos a ver una exposición de muebles y salimos convencidos de que estábamos ante un artista. El tiempo lo dirá.

De momento, la artesanía es ya un grado. Elevado. Enhorabuena Antonio Fernández.

viernes, 23 de mayo de 2008

José Mª Sánchez Hernández, el ejemplo de un maestro



Dicen en pedagogía que el ejemplo de un maestro para un niño es una lección de primera. Y no lo olvidará jamás. Porque es como la lluvia que lo va empapando. Como hace con la tierra.

Érase una vez un maestro que se llamaba José María Sánchez Hernández. Había nacido en un pueblecito de la provincia de Ávila. Allí, en contacto directo, con la naturaleza, aprendió lo importante que era el agua para las semillas que su padre sembraba todos los años: las hacía crecer y desarrollarse. Veía como caía del cielo y en una muestra suprema de humildad desaparecía entre las tierra. Sin necesidad de proclamar a los cuatro vientos:

-¡Estoy aquí! ¡Soy el agua! ¡Mirad que buena soy!

No, no tenía necesidad de alharacas, ni vocinglerías; no veía preciso llamar la atención para hacerse tierra con la tierra.

Luego, si, flores y flrutos, agradecidos, exhibían sus galas al aire en homenaje a su memoria: a la memoria del agua, rescatándola del olvido; ya se sabe: es de bien nacidos el ser agredecidos.

Pues bien, esa lección de humildad que le proporcionó el agua en la leche de su infancia, no la olvidó nunca, jamás, José Mª Sánchez Hernández.

Luego, más tarde, se hizo maestro de niños; y sindicalista que es una especie de maestro de trabajadores; e internacionalista como consecuencia de lo que le había mostrado el agua, allá, en su pueblo, que era como todos los pueblos del mundo; generalmente pobre; practicó ese internacionalismo solidario dentro de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui.

En todas esas facetas de su vida de hombre predicó el ejemplo de humildad. Con la misma incesante, continua y pertinaz insistencia de lluvia de hechos para que fueran empapando su entorno. Sin necesidad de una palabra más alta que otra, si acaso un breve chaparrón del que casi siempre se arrepentía.

Y llegó el día. Que siempre nos llegará a todos: la hora de desaparecer. Pero su salida del mundo de los vivos fue breve, fugaz. Como la lluvia en penetrar en la tierra hasta empaparla. Volvió, regresó, retornó a su ser de carne y hueso: al hombre, a la Humanidad solidaria, a la humilde generosidad del agua que vuelve para hacerse flor y fruto. Vino para reencarnarse en otros seres. Lo tenía todo previsto: había donado todos sus órganos.

De modo que... a lo mejor, tal vez, quizás... quizás nos sonría desde alguno de los que pasa a nuestro lado.

Posiblemente.

Y es que no podemos olvidarte, José Mª Sánchez Hernández, amigo, compañero, camarada.

Nos empapaste con tu ejemplo.


Dicen en pedagogía que el ejemplo de un maestro es una lección de primera. Para los alumnos. Y no lo olvidará jamás. Porque es como la lluvia que lo empapa. Como hace con la tierra.



viernes, 28 de marzo de 2008

Charles Nokan: 'El tiempo ha arado'

Texto para una antología contra el racismo


*

El tiempo ha arado

de Charles Nokan (Zègua Nokan)



El tiempo ha arado mi frente
y desgastado mi dentadura.
Mis años caen como hojas de otoño.
El olor de su ceniza me invade.
El crepúsculo sombrío amanece
por el horizonte de mi vida.
Pronto llegará acaso noche gris
y ya no existiré, y eso sucederá
como si jamás hubiese vivido.
Mi hondo pensamiento no volará
ya más, nunca más, por encima
de este apagado universo.
¡Ay, no, la nada nunca olvida,
no, nunca olvida tender su velo!



(versión libre del poema de Charles Nokan 'El tiempo ha arado')

lunes, 10 de diciembre de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Sobre el influjo de la naturaleza en el libro de Urbano Blanco Cea

Por José Mª Amigo Zamorano

Nos atrevimos a calificar a Urbano Blanco Cea, que acaba de publicar el poemario titulado 'El Alijar jara en flor', como emigrante en Madrid donde trabaja, por lo que trasluce la lectura de su libro.
Ya el sólo título nos orienta para adentrarnos en los recovecos de su almario, compuesto de recuerdos de la tierra que le viera nacer: su pueblo. Y máss que las gentes, la naturaleza y sus habitantes: flores, árboles, pájaros...
Eso ha llenado su ser y lo ha convertido en poesía con su olor a pino, a jara que, antaño, embriagaran a Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso (o eso supone el poeta Urbano) Para los que no estén al tanto de estos pormenores poéticos, sepan que los poetas Dámaso Alonso y sobre todo Vicente Aleixandre, se iniciaron a la poesía por estos lugares allá por el año 1917.
Una parte, un fragmento del libro de Urbano (porque toca temas muy diversos) está colmado de referencias a ese mundo que nos rodea (la naturaleza) que nos marca de niños y que luego, ya adultos,, cuando nuestro espíritu se llena de otras imábenes, vamos arrumbándolo, e incluso nos distanciamos de él, sin darnos cuenta que somos naturaleza y sigue influyéndonos fundamentalmente, aunque parezca que está en segundo plano. .
Pero en esa niñez que hemos citado se va moldeando nustra escultura poética: árboles nevados, vuelo de golondrinas y vencejos, besos de lluvia, piedras convertidas en oro por el sol... Es el tiempo en que el murmullo del agua al caminar por el cauce del riachuelo nos hace escucharlo con arrebatada pasión (o eso creemos cuando somos maduros) que no se nos va del todo. El poeta navero ama todo eso y lo dice en un poema de dos versos: "más que quienes nos suponen/somos lo que amamos".
Por supuesto, lo que ama no está en las calles de Madrid abarrotada de coches, de luces, de ruidos, de trajines, de humos... está al amanecer "cuando nacen los colores", cuando el alba toca con su varita de mágica luz y resucita todo ese mundo que recordábamos antes: escarchas, rocíos, trinos, pinos, jaras... Colores que Madrid no guarda. El poeta, en la urbe, se convierte en avecilla: "se me ha escapado un pájaro del nido de los anhelos olvidados". Y vuela al campo a recobrar esos anhelos. No es que Urbano lo escriba así. Es una licencia que nosotros nos tomamos.
Desde que nosotros saludamos su primer libro, el poeta ha madurado adquiriendo un estilo propio. Sin embargo, el poso machadiano sigue y, suponemos, seguirá siempre en su almario urbaniano, dado que sus amores hacia el campo castellano, hacia Las Navas, hacia su pueblo, lo une a la concepción de Castilla que Machado tenía y se refleja en uno de los poemas más largos dedicado a ella. Esa Castilla que se va muriendo abandonada por sus hijos y los que se quedan "dormitan al calor de la lumbre", recordando tiempos jóvenes, recordando la faz pedregosa, las espigas, la primavera que anuncian los amendros en flor...
Son, como dice el poeta "El beso de lluvia que cava/en el fondo de mi pozo seco".
Mas con toda esa muerte anunciada, presentida, o quizás por eso, el poeta que es Urbano Blanco Cea declara como una condición testamentaria: "Llevadme al campo cuando ya no vea/cuando esté cansado y no pueda andar".
Castilla, escribe en el poema que le dedica, "te amo con la misma mansedumbre", lo que nos hace recordar el poema ya mencionado: "Mas que quienes nos suponen / somos lo que amamos". Amén.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Amigo Zamorano: Corrida del Gallo, Añacea del Gallo

Corrida del Gallo, Añacea del Gallo en Guarrate (Zamora)
Por José Mª Amigo Zamorano

La así denominada ‘Corrida del Gallo’ o ‘Fiesta del Gallo’ es digna de ser estudiada por esos que indagan en las tradiciones y costumbres de los pueblos, al estilo de antropólogos como el inglés Bronislav Kasper Malinowski o el español o como Julio Caro Baroja y otros. Ahora, más urgente porque está desapareciendo, obligada por la disminución alarmante de comunidades campesinas en el mundo entero.Siempre nos ha obsesionado este festejo de algunos pueblos de la provincia de Zamora (España) que, creemos, es como una preparación o introducción al mundo adulto. Pareciéndonos, quizás nos confundamos, a ceremonias iniciáticas semejantes a las que se celebran en numerosas aldeas africanas rodeándose de ritos secretos, o semisecretos, y algunos dolorosos o sangrientos: recordamos la extirpación del clítoris en las niñas que terminan la pubertad. Aquí ya ha perdido esa aureola secreta, misteriosa, pero guarda un cierto sabor añejo a sangre.

Nosotros, como puede leerse, la hemos rebautizado con una palabra en desuso ‘Añacea’ para darle más antigüedad al asunto: en vez de ‘corrida’ o ‘fiesta’, añacea.Si no nos falla la memoria creemos recordar que se celebra o celebraba en invierno, apellidándola ‘del gallo’ por ser un elemento primordial de la ceremonia al que todos miran, del que todos hablan y al que todos se dirigen, no en vano anuncia el pronto amanecer con su kikirikí, la apertura de un nuevo día y el fin de las tinieblas donde se fraguan las más tremendas canalladas. Lo llevan a las afueras del pueblo. Y, atado por las patas, lo cuelgan de una cuerda que une dos vigas colocadas a ambos lados de un camino cualquiera. Hacia allá se encaminan, a la caída de la tarde invernal, los habitantes de la comunidad. Luego acuden los quintos. Todos los de la quinta de ese año. Lo hacen a caballo, vestidos de militares y con espada al cinto.

La fiesta, en si, comienza cuando el capitán (el mayor de los jóvenes que entran en quinta) presenta, a los espectadores, desde su caballo, al resto de compañeros. Lo hace en verso. A veces son solo ripios. Pero eso, es lo de menos. Luego de terminada la presentación, le pide a la orquesta (la orquesta son unos pocos músicos que se colocan al lado del camino) que interpreten una pieza mientras ellos cabalgan un buen trecho. De regreso de la primera cabalgada, uno tras otro, los componentes de la quintada, todos a caballo y con espada al cinto, van recitando unas composiciones poéticas llamadas ‘Relaciones’.

(Por cierto, así nombra su Martín Fierro el poeta argentino José Hernández: “Y atiendan la relación / que hace un gaucho perseguido, / que padre y marido ha sido / empeñoso y diligente, / y sin embargo la gente / lo tiene por un bandido”)

El último en declamar su ‘relación’ es el capitán.
La forma de estas ‘relaciones’ se ajusta a cánones predeterminados: en primer lugar enumera (hace una relación) la vida del mozo que, este, quiere destacar, reparte el gallo en trozos, simbólicamente, pues sigue vivito y coleando en la cuerda a pesar de los intentos de cortarle el cuello con las espadas que los caballistas no saben manejar. En el reparto, las partes mejores se la llevan la madre, el padre y la novia (si la tiene): el corazón (generalmente para la madre), los muslos (al padre)...; y las partes peores las personas más detestadas: patas, tripas, plumas...

Las composiciones serán mejores o peores dependiendo del bardo que las escriba. Porque hay o había ciertos campesinos a los que se les daba muy bien eso de componer coplas, tanto que muchos acudían, de varios pueblos a la redonda, para solicitar de sus servicios poéticos.

Si a pesar de la escasa natalidad ha pervivido esta tradicional justa poético caballeresca, se debe a la incorporación de la mujer a la Fiesta del Gallo, a la Corrida del Gallo. Y es que, en este terreno como en otros, la mujer ha metido la cabeza para no volverla a sacar. Se venían de los más alejados núcleos de población hasta el pueblo de sus padres para participar en este festejo de origen iniciático. Con todo, hay que decirlo, el creciente abandono del campo es continuo y hay años que no se puede realizar esta celebración porque solo hay uno o nadie... Por eso decimos que es urgente que se recojan en libros estas fiestas... Que se publique en mayor número de ‘relaciones’... Hurgar en la memoria de las gentes... A lo mejor ya se ha hecho... Nosotros lo ignoramos...
En otro post se pondrá una relación hecha por nosotros.
Del texto: José María Amigo Zamorano


Tomado de: http://senocri.blogcindario.com/2007/08/00065-corrida-del-gallo-fiesta-o-anacea-del-gallo.html

martes, 7 de agosto de 2007

José Mª Amigo Zamorano: De Bienestares, Felicidades y Armonías

Tal vez lo que mejor defina el libro que vamos a comentar es que los cambios cuantitativos conducen a transformaciones cualitativas. Al fin y al cabo es lo que nos viene a contar Concha Barbero de Dompablo. La cual, en su libro, Palabras para el Bienestar (Un camino hacia la armonía y la plenitud vital), que así se rotula el viaje emprendido hacia ese estado de felicidad, por la autora. Lo inicia con la pregunta "¿Eres feliz?". Una interrogación necesaria que indica de manera transparente, sin engaños, sin subterfugios, que si la respuesta es afirmativa no es necesario adentrarse en las procelosas aguas de su trayectoria. En cambio, si la respuesta que se da es negativa, adquieren relevancia las Palabras para el Bienestar que han de conducir, irremediablemente, al capítulo último: "Vives el ahora. Te encuentras con tu ser".

Pero, que nadie se llame a engaño con eso de utilizar el vocablo 'Palabra', pues no se trata de un hablar por hablar, pura palabrería, no; es, en realidad, la experiencia de la autora con el fin de llenar de contenido su vacío... aunque 'vacío', para ser exactos, no es la palabra adecuada... mas bien de llenarse de otra manera, porque, en puridad, nadie está vacío absolutamente; nadie, nunca, está en pura cáscara...

En fin, lo que la autora necesita es un cambio, un cambio de personalidad, para una transformación, si cabe, del mundo: un mundo que no le gusta y nos lo repite varias veces. Empero que algun@s no se pongan en guardia, a la defensiva, su experiencia vital no va en la dirección de poner patas arriba la estructura y superestructura de la sociedad en la que viven... tan a gustito, no: en absoluto; aunque, bien mirado, si se consigue acceder a ese estadio, el mundo marcharía mucho mejor.

Para esa transformación de ella, de Concha Barbero, es imprescindible arribar a un conocimiento cabal de ella misma, como recomendaba Sócrates con su imperiosa exclamación "¡Conócete a ti mismo!". Y es aquí donde comienza su viaje, no exento de dificultades, de trampas, de vericuetos que tiene nuestro ser, labrado a lo largo de muchos años, y semejantes, a veces, con callejones sin salida que, solo, la voluntad de la autora consigue traspasar.

Poco a poco va consiguiendo salvar vaches sin cuento, aunque, hay que decirlo todo, no es, en modo alguno, un camino erizado de espinas, ascético, se recomienda no tomárselo a la tremenda; es decir: sin traumas, sin estridencias, sin alaridos... un periplo en derredor de ella misma: limpiando impurezas, arrancando rebabas, desechando vanalidades, apartando lugares comunes, arrinconando contradicciones muy arraigadas en el común de las gentes... Un día, de repente, se notará otra, siendo ella misma. Un paso más allá y las pequeñas estupideces desaparecen, la insustancialidad se volatiliza, la ironía nace, el buen humor se impone. Ella ha cambiado y con ella el entorno, que la envuelve, la arropa, la cubre, la encastilla. Por eso decíamos al principio que la cantidad deviene en cualidad.

Ya ha llegado al 'Vivir el ahora. Se encuentra con su ser'. Entonces grita, grita de alegría, se emociona, salta, ríe y, sin importarle el qué diran, se pone a bailar sin ton ni son, porque le apetece... Ella es feliz. El mundo es feliz: ha llegado a la Armonía y a la Plenitud Vital y colorín colorado...

Pero no, no es un cuento, es camino para librarnos de contradicciones que se nos adhieren pegajosamente al ser como una lapa; camino para adquirir la coherencia precisa para andar por el mundo con dignidad. Tal vez no nos convenza este modo de ver la realidad, pero es indudable que para ser felices, primero y principalmente, hay conocerse a uno mismo. Este libro nos coloca en el buen sendero.

Lean, leanlo, el libro de Concha Barbero. Además está muy bien escrito. Con palabras llanas. "Llaneza muchacho que toda afectación es mala", nos aconsejaba Cervantes. Pues eso, libro llano. Rara avis en uno primerizo como este de Concha Barbero de Dompablo.




jueves, 28 de junio de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Un rabino cabalgando



Fuera por el recordatorio o no, lo cierto que el vino llamó al vino y León se echó un buen lingotazo entre pecho y espalda.

Su salud empeoraba por momentos y solo los recuerdos lo mantenían consciente y lúcido durante unos instantes.

Le dieron arcadas y vomitó.

Se sentó en el único asiento que tenía: una silla con el respaldo cascado que en nada se parecía a aquellas sillas donde se sentaban para la cena de la fiesta de Pascua.

Rememoraban entonces la historia familiar; los Anqaua eran sefarditas, expulsados de España por los tristemente famosos Isabel y Fernando, apellidados Católicos, que, en su forzado desplazamiento, emigraron al norte de África; luego a Turquía; para mas tarde asentarse en Samarcanda y Tashkent; había habido varios rabinos; de todos ellos destacó Efraím Anqaua una mezcla de nostálgica fidelidad a Sefarad y de energía combativa; firmeza de principios por la que fue recordado como el Rabino que Cabalgaba un Toro Embridado de Serpientes, al recomendar a los fieles asistentes a la sinagoga ser indómitos, vigorosos y bizarros como un toro, ante los agresores; y cautelosos y escurridizos, como los culebras, ante los poderosos: "debemos comportarnos como jinetes en toro embridado de serpientes; es decir que la sagacidad y el entendimiento encaucen nuestra voluntad de contrarrestar la poderosa injusticia: así seremos invencibles", se solía recordar el remate de sus sermones con indisimulado orgullo; el rabino Efraím, contaban, había muerto añorando la judería de Hervás, hermosa villa de la provincia de Cáceres, en Sefarad y que, para su desgracia, como para tantos otros, fue enterrado en tierra extraña, en la arábiga Tlemecen.


León, a su antepasado, siempre lo comparó con Carlos -llamaba así al famoso judío alemán Marx como si de un amigo se tratara- "salvando las distancias, claro", por esa postura intransigente y sagaz con los opresores.

Con esa manera de ser a él no le hubiera importado ser rabino; si fuera creyente, que no lo era.


--¡Lamento no poder asirme a nada! ¡ni tan siquiera a la añoranza!

Dolorido, cansadísimo y muy debilitado por la paliza, la pérdida de sangre y los devueltos, se levantó dispuesto a despojarse de sus vestiduras para echarse en la cama y descansar.

Se enredó, medio mareado, con la pata de la silla dándose de bruces con el espejo; este le devolvió el rostro de un borracho ensangrentado tan extraño que visto en una foto se hubiera interrogado acerca de la identidad de sujeto tan mal encarado.

Sacándole la lengua al espejo se dijo que tenía que cuidar de si mismo de lo contrario nadie lo iba a hacer por él.

Mañana mismo liquidaría con su tío Samuel la heredad de Tashkent y se iría lejos, muy lejos; pero ¿donde?... ¡qué mas da!... a USA, por ejemplo; que ¿qué coños se le había perdido allí?: nada; y nada quería encontrar; se le había ocurrido USA por... ¡que leches sabía!, pura casualidad; por continuar la corriente de otros amigos judíos que habían recalado en el "seno del monstruo" para conocerle "las entrañas" aunque su "honda fuera la David".

¡Que perra le había entrado con lo judío! Tenía que hacer algo y pronto si no quería acabar mal, muy mal.

Se le ocurrió, en la nebulosa del mareo, lo de Wole Soyinka, el nigeriano, riéndose en los morros de los defensores de la Negritud:


--"El tigre no proclama su tigritud". Ni el judío su judaísmo, ¡joder!. ¿Por qué tengo que hacerlo? Soy judío por qué si y a mucha hondra.

Inició una especie de corte de mangas que abandonó en mitad de la acción y se cayó de bruces en el suelo.
Luego quedóse como adormecido riéndose de la chanza; últimamente sueña que se extiende, que se estira, que se alarga y se pierde en el infinito como un encefalograma plano.

La sangre, que brota de la comisura de sus morros sonrientes, era una socarrona lengua -sin crestas, ni valles, tal que ese encefalograma plano- dirigida al otro lado del espejo tal como si hubiera algún rapado caminante.

domingo, 6 de mayo de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Encefalograma plano



Encefalograma plano

León Saldaviel Anqaua, El Sefardí, nieto, biznieto y tataranieto de rabinos salió a la calle a pasear sin norte ni rumbo. No podía tenerlo.

La vida le había enseñado que sin una idea a donde ir, no había camino que tomar ni meta donde llegar; luego le inculcaron que "sin ideología revolucionaria no hay movimiento revolucionario"; lo cual le pareció de perlas, en consonancia con lo que la vida diaria le mostró a lo largo de los años. Pero había mas: le afirmaron aquello de que "el que no tiene ideología, es como el que no tiene alma".

Con el paso de los años las ideas comenzaron a tambaleársele; y ahora, prácticamente, no tenía nada de eso: tampoco tenía casi resto de lo otro, ni brizna de lo de mas allá: ergo, no tenía alma. Era un desalmado desarmado. Y de los desalmados se podía esperar cualquier cosa: había que precaverse de ellos.

Desalmados sin la ideología revolucionaria, faro, brújula, quinqué, linterna o candil que les alumbrara el camino: no tenían camino que seguir. De modo que al salir de casa pueden torcer hacia una calle o hacia otra: depende del humor del instante. Ya se comprende perfectamente el por qué caminaba sin norte, ni rumbo: al albur.

Era por lo tanto inútil y peligroso para la sociedad, a pesar del desarme, en razón de que los diseñadores, los encauzadores sociales --arreadores todos-- no podían programar nada con garantía fiable de éxito dadas las singulares reacciones que semejante individuo podía tomar. Así no había diseño posible. Tenían que estar alerta: desposeído, sí; y monstruoso, también.

Él se lo estaba creyendo; bueno, por mejor decir, flotaba en un mar de incertidumbres; mas todavía: en un encrespado piélago: primer paso, pensaba, para su devastación completa.

Ya en la puerta del edificio, se paró un buen rato en el peldaño, mirando la rosa de los vientos, hasta determinar su andariega trayectoria; por fin encaminose a la izquierda; por inercia. Escasos transeúntes se aventuraban, esa noche, con la niebla espesa que se había cernido sobre la metrópoli.

La humedad, la helada humedad que, no obstante, preludiar la primavera, taladraba, como un berbiquí, hundiéndose en los huesos. Y mas a él que, por toda protección, tenía una chaqueta de entretiempo: poca defensa, escaso abrigo, ante tamaña fresquera meteorológica. Se estremeció.

Coches y mas coches surgían de improviso al escenario de su mirada para evaporarse rápidos tras el cortinaje neblinoso; pero no sin antes enviarle una vaharada de humo y niebla helada que le hacía toser provocándole arcadas. Se arrimó a la pared y vomitó la poca comida y el mucho vino que se había echado al coleto.

No podía acusar a los automóviles, ni a los automovilistas, de su estropicio estomacal sin incriminarse a él mismo, máxime teniendo, como tenía ya hace años, un pequeño vehículo. Si no lo usaba se debía simplemente a que el escaso combustible que le quedaba en el depósito lo retenía para casos relevantes.

Si le preguntaran, y alguno podría interrogarle, no sabría determinar, en esos precisos instantes, las características de esos realces; siendo completamente veraz, y lo era, no apreciaba protuberancia, cresta o altibajo por parte alguna; no lo advertía ni en él ni en su entorno: todo era ... ¡eso!, como un encefalograma plano, liso, llano, raso... Palabreja esta, "encefalograma", que aún teniendo concomitancias necrológicas --o por tenerlas precisamente-- le venía ahora a la memoria produciéndole un ligero escalofrío.

Y ese "encefalograma" corroía lo poco que quedaba de sus, ya desgastadísimos, fundamentos ideológicos --ideas que le enseñaron los remendones socialistas con los que hablara, antaño, siendo un adolescente-- que le empujaron a contender sin tregua ni cuartel contra las "ideas generales":

-- "Análisis concreto de la situación concreta, muchacho: nada de ideas generales sustento de la burguesía que quiere hacer el mundo a su imagen y semejanza" --le recomendaban siempre.

¿Qué podía analizar él, aquí y ahora?, ¿dónde encontrar esas concreciones?: no había salientes, relieves, volúmenes... que pudiera columbrar desde diversos ángulos; comparar el juego de iluminaciones y obscuridades para, por ejemplo, sitiar, acosar y, finalmente, marginar demarcaciones tenebrosas: no había nada de nada.

Y lo que hubiera, que él no lo veía por ningún sitio, se le escurría como pez de entre las manos. Lo que se le presentaba a la observación, mecánica tal vez, era esa indefinida realidad; y le indicaba el éxito de todo aquello contra lo que había luchado: la victoria de las ideas, de los conceptos generales; por todas partes y a todas horas; lo concreto estaba oculto, no se veía.

Bueno él era un hecho concreto; pero no contaba para la patraña con mayúscula; era un encefalograma liso, raso; y para mas inri, desalmado y desarmado; es decir: triplemente plano.

Había, eso sí, coches, muchos coches; calles, muchas calles; niebla, mucha niebla; frío, mucho frío... muy común, muy general, todo.

Al separarse del paredón luego del vómito y continuar su desequilibrado callejeo le sale al paso una espantajo, un fantasma: nada específico, solo la voz:

--Una limosna, señorito, ¡por amor de Dios!; tenga compasión de esta madre con cinco hijos y un padre en paro que no puede alimentarlos.

--A bueno has ido a pedir; si yo te contara... -- contesta.

--¡Ojalá te mueras de frío, cabrón!

Prosiguió adentrándose en la niebla.

Cada vez siente mas frío. La chaqueta se le ha humedecido y ya no le sirve para nada.

Le asalta la luz de un bar. El rótulo pregona "Bar Israfel". Enfrente del mismo unos negros bobos de Burkina Fasso han puesto un tenderete de venta ambulante.

Para espantar el frío del cuerpo se dan palmadas a la espalda cruzando los brazos. Se introduce en el bar casi a trompicones y se da de bruce contra el mostrador. Cuando alza la vista queda prendida de un retrato:

-- ¡Coño!, a ese lo conozco yo... ¡claro!, Edgar Poe.

Pide un vaso doble de vino tinto.

--¡A ver, el dinero!; que te conozco como si te hubiera parido -- le espeta el del mostrador.

--Dame el vino, ¡joder!: que tengo dinero.

En un santiamén se bebe dos dobles; su cuerpo se entona al contrarrestar el calor del vino y del local al frío de la calle y de la chaqueta.

En la televisión están debatiendo sobre la juventud: uno de los contertulios generaliza diciendo que ésta, la juventud se entiende, nada en la abundancia; luego interviene otro y otro... están de acuerdo todos en que les han educado mal: viven en la despreocupación y la molicie.

Piensa que no todos los jóvenes son iguales; sin ir más lejos y para muestra, los negros bobos de Burkina Faso que están ahí en la calle; pero inmediatamente se retracta de su consideración diciéndose que es posible que tengan razón; al fin y al cabo su anterior pensamiento ha sido quizás puro reflejo de la ideología que tuvo y que ya no tiene al abandonarla por fracasada, como lo ha sido, en todos los frentes; ahora dominan las ideas generales; los encefalogramas planos.

Y por si le cupiera alguna duda ahí están, sin ir mas lejos, esas eminentísimas estrellas del debate televisivo demostrándoselo con argumentos que, sin convencerlo del todo...

Un movimiento de los parroquianos del establecimiento le hace desviar la vista del púlpito moderno en dirección de las cristaleras que dan a la calle: un grupo de "cabezas rapadas" ha irrumpido a patadas tirando el puesto de venta a los negros que aterrorizados huyen.

¡Pobres negros! piensa con una mezcla de conmiseración y desprecio, contemplando la escena; y, contemplándose a él y a los clientes del bar; convendría ahora, en ese preciso momento, analizar el caso concreto en la situación concreta, pero no puede llegar a ninguna conclusión al ser, a todas luces, el movimiento corporal prácticamente un encefalograma plano: solo se han movido más que los ojos.

Una patada en la puerta que se abre astillada, voces, aullidos -"¡mirones, inútiles, jilipollas!"- unos puntapiés en el culo, "judío de mierda", oye; y casi de inmediato le golpean la cabeza con algo duro, quizás un bate de béisbol y cae al suelo al suelo todo lo largo que es, lo que ha conseguido interrumpir su casi conclusa encefalogramada reflexión.

Con la misma rapidez que entraron los rapados emprenden la huida.

Se apodera el silencio del local tan solo roto por la cháchara de la televisión; uno de los bonzos o sacerdotes de la cultura insistía perorando -- bla, bla, bla-- sobre la despolitizada y apática juventud de hoy en día.

Alguien le ayuda a levantarse. Tiene la cabeza abierta y la cara ensangrentada. Medio grogui pregunta al camarero:

--¿Que te debo?


--Nada: no me debes nada; y vete a curarte pronto; de lo contrario la vas a diñar.

--Gracias -- dice y abandona el local mientras se van animando las opiniones en los corrillos de los clientes: que si "¡qué cabrones!, ¡racistas!", etc --bla, bla, bla-- que si "conmigo iban a dar", que "no hay gobierno", que...

La niebla se ha espesado muchísimo, hasta el extremo de no verse más que algún metro delante del que camina.

Atraviesa la calle y se adentra, con paso vacilante aunque decidido, en la espesura. Un camarero, que sale a la terraza cabreado porque iba a cerrar, tiritando saluda al sol que se ha sentado, tan pancho, a tomar un helado.

Y un estudiante pobre se acerca a la mesa para aprovechar la luz y el calor del astro: lleva esperando horas y la patrona del piso no ha venido aún de gastarse el mes de los pupilos.

En el mismo centro de la calle, una tribu de negros --bobos de Burkina Faso-- ha levantado su fuego ancestral: en plena calle; tocan el tam - tam; bailan; se van a cenar un cabeza rapada que, asándose en las parrillas como un san Lorenzo, llora como una Magdalena ¡él, tan hombre!; había concebido una estratagema: entrar en los estómagos de los africanos para zurrarles la badana a los hígados africanos con un bate de béisbol; pero no se lo han permitido cortándole las manos .

Cansado de andar entre la neblina se para con los negros con ánimo de congraciarse con ellos; dolidos, como están, por su pasividad, no le hacen ni caso.

Ha perdido mucha sangre; y se siente dulcemente extenuado.

Haciendo un esfuerzo regresa al zaquizamí.

jueves, 12 de abril de 2007

Reseñas del 'Sectario': 'Como un botón'

Juan Kruz Igerabide


COMO UN BOTON


El Sectario se lleva una gran alegría cuando su amigo, Juan Kruz Igerabide le envía estas 'palabras con sandalias'. Se trata de un libro de poemas, bilingüe, es decir en euskera y castellano, como debe ser para los que no somos euskaldunes.
Y no es una editorial cualquiera la que se lo9 ha editado, no, sino, nada más y nada menos que la Editorial ANAYA y en su colección LIBURU ZOPA.
Ya en otra ocasión dimos noticia de la publicación de su libro 'Poemas para la pupila' de la que nos había mandado una muestra antes de sacarlo a la luz. Entonces la profesora y poetisa, Isabel Escudero, nos preguntó si eran haikus. No supimos qué contestarle, pero en esta ocasión Juan Kruz reconoce la influencia de esa métrica japonesa. Son, efectivamente, casi todos, poemas de tres versos a los que le ha puesto delicadas ilustraciones Elena Odriozola.
El amigo del Sectario, Igerabide, entró en la literatura de la mano de la poesía. Ahora ya tiene numerosos libros de cuentos para niños, algunos en nuestra biblioteca. El Sectario piensa que es mejor poner algún ejemplo de su poesía y lo hace:
La sonrisa del hombre,
la sonrisa de la mujer,
un beso, y yo.
Que dicho en euskera suena así:
Gizonaren irribarrea,
emakumearen irribarrea,
musu bat, eta ni.
Juan Kruz Igerabide - Juan Cruz Iguerabide

LEÍDO EN LA PÁGINA 46 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 9 DE
JULIO DEL 2.001

Reseñas del 'Sectario': 'UN PROTESTANTE SEVILLANO: FUENTE ESENCIAL DE HAMLET'

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UN PROTESTANTE SEVILLANO: FUENTE ESENCIAL DE “HAMLET”


En el número anterior de Caminar conociendo se daba a conocer el libro de Francisco Ruiz de Pablos mediante parte de un artículo del propio autor; el Sectario dice “parte” puesto que todo el artículo no pudo publicarse al llegar tarde y no haber espacio; el Sectario no podía cali­brar la valía de tal ensayo al no ser especialista en Shakespeare; algunos se admiraron, eso sí, de la valentía del profesor Ruiz de Pablos al atacar otro libro sobre Shakespeare del se­ñor Trillo; y es que estos saben de la larga mano del poder; aunque quizás no se han dado cuenta de que hay libertad de expresión, o... si se han dado cuenta desconfían de ella.

Ahora el Sectario lee un artículo -y se alegra mucho- en la revista Insula, número 649-650 en el que, desde Cornell University, Ciriaco Morón Arroyo dice lo siguiente (y es sólo el co­mienzo del artículo): "EL PROFESOR FRANCISCO RUIZ DE PABLOS ACABA DE PUBLICAR UN LIBRO EN PRINCIPIO SORPRENDENTE, Y, EN ÚLTIMA INSTANCIA, REVOLUCIONARIO. SU TÍTULO: 'UN PROTESTANTE SEVILLANO: FUENTE ESENCIAL DE HAMLET'. DESCUBRIR UNA FUENTE DESCONOCIDA DE HAMLET ES UN LOGRO QUE LOS ESPECIALISTAS RECIBEN, POR DE PRONTO, CON SOSPECHA. PORQUE, ¿SE PUEDE DESCUBRIR ALGO NUEVO SOBRE SHAKESPEARE EN EL PLANO DE LA ERUDICIÓN? SI, ADEMÁS, ESA FUENTE MERECE EL CALIFICATIVO DE 'ESENCIAL', NO HAY TÉRMINO MEDIO: O ES UNA CHALADURA O UNA ENERME APORTACIÓN A LOS ESTUDIOS SOBRE LA OBRA QUIZÁ MÁS FAMOSA DE LAS LITERATURAS MODERNAS. PUES BIEN, A MI PARECER -DICE CIRIACO MORON ARROYO- EL ESTUDIO DEL PROFESOR RUIZ DE PABLOS NOS BRINDA ESA APORTACIÓN".
Pues, lo dicho por el Sectario: felicidades, amigo Francisco, esperamos nos mandes algún día EL LIBRO.


DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA MISMA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO'

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'DESDE MI CELDA'

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DESDE MI CELDA

Todo el mundo sabe que el poeta, el gran poeta, G. A. Bécquer, escribió una serie de cartas, desde el Monasterio de Veruela en Burgos, rotuladas “Desde mi celda” en 1864. El Secta­rio también lo sabe. De modo que, novedad lo que se dice novedad, este libro no es. Pero que se reedite con una introducción de la profesora Mª Paz Díez-Taboada, amiga del Sectario y co­laboradora de “Caminar conociendo”, eso si que es novedad.

La editorial Espasa Calpe pone en la portada “Nueva edición. Lectura recomendada”. Y dejando aparte el reclamo publici­tario, efectivamente es nueva: del 2.000; y, sí, puede recomendarse muy merecida­mente, sobre otras ediciones de Bécquer, por el excelente estudio de la amiga del servidor que es­cribe estas reseñas; estudio que contiene un perfil biográfico haciendo hincapié en la pe­renne juventud del poeta romántico y su trabajo como periodista; esto le permite adentrarse en la unidad y variedad de sus cartas, en los rasgos costumbrista...

Ya acercándose al final la profe­sora incluye un apéndice: cuadro cronológico, documentación complementaria donde se re­coge el juicio de diversos autores sobre Bécquer y terminando con un taller de lectura carta por carta. Volver a leer a un clásico siempre es recomendable. Leer estas cartas es, además, do­blemente enriquecedor.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'Casi sueños' y ''Traducido de la noche'

CASI SUEÑOS. TRADUCIDO DE LA NOCHE

Recuerda el Sectario que en 1947 Rabemananjara, poeta malgache, escribió desde la pri­sión, donde estaba condenado a muerte, sin duda pensando en él y en otros, como él, que espera­ban en capilla:

“Las estrellas mueren sin un suspiro.
¡Qué mano elevada al horizonte
llevará a los labios de los héroes
la roja ofrenda de la Aurora!”

Tenía mucha razón para es­tar preocupado: el ejercito colonial francés segaba, sin misericordia, las tiernas gavillas de la in­surrección malgache: cerca de 100.000 murieron en una de las más sangrientas represiones que haya visto la historia contemporánea; el Sectario ha dicho una, no la mayor. El poeta, que luego salvó la vida de milagro, era jovencísimo, tierno, como una cualquiera de aquellas gavi­llas que fueron segadas.
El Sectario es muy sensible -supone que a otros les pasará igual- a las muertes de los valien­tes y humildes cuyo único delito es rebelarse contra la opresión de los colosos. Y sigue pen­sando como Gorki: la locura de los valientes es la única sabiduría. Pero hay también otras muer­tes que le estremecen; por ejemplo: el suicidio de otro poeta malgache que ya adivinara o intuyera las gavillas: Rabearivelo.
Diez años antes de que Rabemananjara escribiera esos versos citados más arriba, Rabeari­velo se daba muerte, ya que nada tenía que hacer en este mundo, en esta vida que “se nos mues­tra demasiado rebelde...” por lo que sólo le quedaba tenderse “bajo la hierba echar una mi­rada tierna sobre aquello que algún día formará gavillas...” Y tomando 10 gramos de clo­ruro potásico, envía un beso a los libros de Baudelaire... mira el retrato de su familia: “... mis úl­timos pensamientos, son para vosotros.” “Ingiero un poco de azúcar. Me ahogo. Voy a tum­barme”
Este relato de su muerte, sacado de una página del diario inédito titulado “Cuadernos azules”, puede leerlo el Sectario porque la editorial Hiperión ha publicado, por primera en castellano, los dos poemarios más famosos del poeta malgache, “Traducido de la noche” y “Casi sue­ños” y lo incluye al final. Es de agradecer que una editorial publique voces, gritos de timbre ajeno al soberbio mundo occidental, glorioso y siniestro mundo occidental, no se olviden los 100.000 muertos, esos tiernos manojos ensangrentados, a los que nadie acercó, entonces, “la roja ofrenda de la Aurora”. Quizá algún día alguna de estas editoriales con sensibilidad traduz­can la obra de Aimé Cesaire “Cuaderno de retorno al país natal”: algunos lo agradecería­mos. El Sectario agradece a su editor el poeta Munárriz el envío del libro; libro mag­nífico, en edición bilingüe con traducción, introducción y notas de Juan Abeleira.

El Secta­rio conoce poco el francés por lo que nada puede decir de la traducción; mas... si tiene que poner alguna pega, sería esta: que en la bibliografía sobre Rabearivelo no se recoge la anto­logía titulada “Diwan Africano” del cubano Rogelio Martínez Fure, editorial Arte y Lite­ratura, 1988. Este olvido (o desconocimiento) puede corregirse en una segunda edición, si la hay.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'ANTOLOGÍA POÉTICA'

“Caminar conociendo” empezó sus reseñas declarando que, principal y casi exclusivamente, las haría de libros escritos por amigos; o de aquellos que, no siendo amigos, la tomaran en serio y se los enviaran. Era un punto de vista radicalmente subjetivo, sectarísimo. Pero ahora, este que escribe, El Sectario, ha tomado por suyo ese punto de vista, recordando que ya Pepe Bergamín –quizás el mayor escritor español contemporáneo- lo justificó diciendo que él no podía ser objetivo porque no era objeto... pues eso.El Sectario anuncia que las reseñas serán –ya lo siente- algo cortas porque no tiene tiempo en detenerse en detalles que, por otra parte, no serían importantes mas que para él.

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ANTOLOGÍA POÉTICA

La “Antología poética” de Eduardo Gómez le vino al Sectario acompañando a la “Noche en Teherán” de la poetisa iraní Forugh Farrojzad, primer libro publicado en España de esta es­critora y que el Sectario le había pedido a la editora Amelia Romero de editorial El Bardo; lo hizo con alegría para tener el libro de una escritora a la que “Caminar Cono­ciendo” se había adelantado tres años en darla a conocer al público lector. Y no sabe él por qué, pero con “Noche en Teherán” vino el de Eduardo Gómez al que, tal vez, le tenga queren­cia la editora. Lo cierto es que lo leyó y quedó muy agradecido ante una poética dura como el mundo, sin florituras y que por estos lares, el sectarísimo reseñador, no la ha leído últi­mamente, excepción hecha de David González y Karmelo Iribarren, pero en otro estilo. La antología recoge textos de los seis libros que anteriormente ha publicado. El Sectario no va a dárselas de descubrir, quizás la luna, a los lectores; es decir, de descubrir a este poeta colom­biano, porque... ¿quién sabe si ya lo han dado a conocer?; él no lo sabe; pero, si lo ha des­cubierto para él...
Le gusta su “depurado y acerado lenguaje”, “el engranaje de patetismo e ironía”... supone que ante un país, como el suyo, Colombia “agotado por el caos, la corrup­ción y la violencia”. El Sectario está seguro que aquí no hay ese caos, está todo ordenado, y bien ordenado, para que nos vayamos muriendo lentamente... de asco. Por lo que piensa, y lo dice, para terminar: que está de acuerdo con el poeta en eso de que
“de palomas en fuga y mar­chitos sueños
está hecha la sustancia del habitante de las calles”.
Está dicho.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'La mirada y las támaras'

“Caminar conociendo” empezó sus reseñas declarando que, principal y casi exclusivamente, las haría de libros escritos por amigos; o de aquellos que, no siendo amigos, la tomaran en serio y se los enviaran. Era un punto de vista radicalmente subjetivo, sectarísimo. Pero, ahora, este que escribe, El Sectario, ha tomado por suyo ese punto de vista, recordando que ya Pepe Bergamín –quizás el mayor escritor español contemporáneo- lo justificó diciendo que él no podía ser objetivo porque no era objeto... pues eso.

El Sectario anuncia que las reseñas serán –ya lo siente- algo cortas porque no tiene tiempo en detenerse en detalles que, por otra parte, no serían importantes mas que para él.

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LA MIRADA Y LAS TÁMARAS

Un día, estando el Sectario en la biblioteca, Urbano Blanco Cea “Tito” –navero que escribe muy bien- le presentó, en verano, a un joven rubio nacido en Canarias; se llamaba Alejandro Krawietz. Estuvo un rato hablando con él. Le pareció un tipo muy interesante. Dijo escribir habitualmente en revistas literarias. Y, para demostrarlo, de un estante de la biblioteca, Pú­blica Municipal por cierto, cogió varios números de la revista Quimera y le mostró tres artículos de él: uno referente al poeta Ángel Crespo; otro sobre el poeta canario Sánchez Robayna -que el Secta­rio confundió con un nicaragüense- y un tercero acerca del escritor brasileño Guima­raes Rosa, del que, el Sectario, había leído hace bastante tiempo una larga entrevista que le hizo Konrad Lorenz. Al día siguiente el Sr. Krawietz le llevó un librito “La mirada y las táma­ras” escrito por él mismo. Reconoce este sectarísimo reseñador que tuvo que consultar al diccionario para averiguar qué era eso de “las támaras”. Cuando leyó que eran racimos de dáti­les, no le extrañó en absoluto. Abierto el libro comenzó a leerlo y se inundó de luz y de ca­lor, de dátiles de su infancia, de miradas al “agua clara de los aljibes”, a “los platanales incen­diados” “bajo los palios de las támaras”... Decimos de “su infancia” porque sintió la luz que emitía el libro de la infancia, el calor que abrasaba sus pies primeros, y se vio “aupado a las falúas”, o “huir del sol asfixiante” para refugiarse “bajo los tarajales”... Aunque, evidente­mente, era la vida de Alejandro Krawietz y no la suya, que él no había estado nunca en Canarias; mas era tal la maestría con que estaba escrito que se sintió secuestrado y trasla­dado al borde del mar y del Teide “cadáver arrasado de rocas, simas, rajas”. Un libro, sin duda, que dará otros racimos tan incendiados como estos poemas. Escritos en prosa pero poe­mas clarísimos; tendría que decir que le suenan un poco americanos, quizá a Neruda... pero esto no se lo preguntó; aunque sabe que Canarias es un poco latinoamericana.

A este servidor le parece que hay que decir, y lo dice, que no es un libro reciente sino de 1996; que está editado en Tenerife por PARADISO / EDICIONES. Y que no tiene tiempo para poner el por qué... pero cree que está ante un gran poeta... si sigue escribiendo, claro.

DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' NUMERO 9

Reseñas del 'Sectario' y sus amigos: 'El Negro'

“Caminar conociendo” empezó sus reseñas declarando que, principal y casi exclusivamente, las haría de libros escritos por amigos; o de aquellos que, no siendo amigos, la tomaran en serio y se los enviaran. Era un punto de vista radicalmente subjetivo, sectarísimo. Pero, ahora, este que escribe, El Sectario, ha tomado por suyo ese punto de vista, recordando que ya Pepe Bergamín –quizás el mayor escritor español contemporáneo- lo justificó diciendo que él no podía ser objetivo porque no era objeto... pues eso.

El Sectario anuncia que las reseñas serán –ya lo siente- algo cortas porque no tiene tiempo en detenerse en detalles que, por otra parte, no serían importantes mas que para él.

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EL NEGRO


El Ateneo Obrero de Gijón ha publicado hace poco “EL Negro”, primera novela de la “Tetralo­gía de Gijón” que tendrá por escenario a la villa asturiana. Sexto relato de la colec­ción “Zigurat” que dirige el poeta David González y por cuya sugerencia le fue enviado al Sec­tario por el director del ateneo D. Luis Pascual; y relato doble o triplemente negro, o más: por su tema, por su trama, por la postura de los personajes, por la portada, por las ilustracio­nes...

El protagonista de la novela trabaja de negro para el hijo del editor Hueco –nom­bre muy gráfico- y relata en primera persona sus problemas en Gijón pero remitiéndose con­tinuamente a su vida de joven en Canarias, franquista y soplón. Todo lo cual permite al au­tor, Jesús R. Castellano, denunciar la explotación de estos escritores condenados a dar lus­tre a las botas de unos personajes inútiles pero pertenecientes a un estado o clase superior; y, tam­bién, de paso exponer, con cruel desnudez, la servidumbre a que estos ‘negros’ se ven aboca­dos hacia esos editores sin escrúpulos, sinvergüenzas que lo único que quieren es vender más y más ejemplares, aunque no sean mas que basura. Trama alucinante (quizás por el exce­sivo número de ‘rayas’ de coca que se mete el ‘negro’ entre pecho y espalda) y que, cómo no, acaba con un asesinato; personajes marginales, miserables, ajenos a esa “ESPAÑAVABIEN” pue­blan el relato. Que ustedes lo disfruten.


DE LAS PAGINAS 45, 46, y 47 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', ´NÚMERO 9

lunes, 15 de enero de 2007

ARCONADA y LOS CRITERIOS LITERARIOS



ARCONADA Y LOS CRITERIOS LITERARIOS

Por José Mª Amigo Zamorano

Hay escritores que se expresan con una especie de latiguillo: “hay que regirse por criterios literarios”, “en literatura actuemos con criterios literarios”, “solo los criterios literarios deben llevarnos a…”. Y lo dicen como si tales criterios estuviesen tallados en roca viva desde siglos por mano divina.
Pero, ¿qué son criterios literarios?, les preguntamos; y, como tienen verbo fácil, nos ponen su disco, cada uno con su música, que no entendemos porque no concuerda con la práctica, con la vida que observamos; y con lo que advertimos en ellos mismos.
¿Qué es lo que vemos?: por todas partes grupos, sectas, capillas… que simpatizan o están enemistados a muerte; lo que para unos está muy bien escrito, para otros ‘vale menos que el pedo de una hiena vieja’; esto es fácilmente explicable; lo decía muy bien el autor del Lazarillo de Tormes: “Mayormente que los gustos no son todos unos; mas lo que uno no come otro se pierde por ello”; y siendo así, entonces… ¿dónde están los famosos criterios?... ¿se los sacan de la manga?...
En realidad, sean ellos conscientes o no, es la vieja posición de la torre de marfil: el intento, baldío, de hacer una literatura químicamente pura, sin mezcla… de la vida: ni amistad, ni política, ni gusto, ni moda… ‘littera’ pura: una entelequia.
Pero una entelequia un tanto hipócrita pues, por todas partes, amigos, grupos, capillas… se lanzan piropos; o se degüella a los contrarios; sin que, por eso, unos sean buenos o malos a rabiar.
Un ejemplo: una vez le pregunté al escritor D. Eusebio García Luengo (cercano al centenar de años y retirado hace años del brillo literario) por una poetisa. Me habló de ella, desde cuando la conocía, de su padre editor, y de paso me dijo que era muy amiga (incluso más que amiga) de otra poetisa, extremeña ésta, como él. Y continuamos la charla reconociendo, de ambas, su buen hacer poético. El año pasado, cogiendo al azar una revista de literatura (creo que fue ‘Letra Internacional’), leí una crítica muy elogiosa del poemario de de una de ellas recién publicado; cosa nada particular siendo, como lo son, ambas, muy celebradas; empero… ¡qué casualidad!... las flores provenían de una sobre la otra poetisa amiga de las hablábamos Eusebio y yo.
La amistad no es un criterio literario: eso está claro; sí, claro… para la Historia. Convendría saber entonces cuáles son los criterios de la Historia, pues se da tanto trajín en eso de la memoria de los pueblos: unos escritores, olvidados hasta hace poco, vuelven triunfantes desde el pozo oscuro de la nada… otros, que estaban en la gloria, se hunden en los negros abismos del olvido… Y es que los gustos, modas, política… ¡qué sé yo!... cambian…
¿Qué es lo que nos ha movido a dedicarle tantas páginas al escritor palentino César M. Arconada?... A lo mejor la memoria de su nacimiento; o que nos haya hablado tanto, de él, D. Eusebio; o por haber nacido, como nosotros, en un pueblo castellano; sin duda por haberse comprometido con la libertad, ahora que se habla tanto de ella; o el hecho, misterioso para nosotros, de que algunos digan que es un escritor inmenso y otros, los más, no tengan ni idea de él; o porque hubiera sido celebrado poeta y novelista y autor de teatro; o… fuera redactor jefe de la más importante revista intelectual de su tiempo…
Estas razones, ¿son criterios literarios? Depende, para unos si y para otros no. Nosotros creemos que si. Lo que está claro es que los otros, los puros, los criterios puros, no mueven a nadie. Si acaso a profesores para escribir algún tratado. Pero eso… ¿es capaz de levantársela a alguien?...

*José María Amigo Zamorano es director de la revista

lunes, 8 de enero de 2007

A. Zamorano: OSCURA MELANCOLÍA


Oscura melancolía

Por A. Zamorano


¡Espíritu que arremolinas las hojas arrugadas del otoño, fugaces
resplandor en el ala del crepúsculo, que el castigo por el error me
perdones!: Pues antaño yo fui el hombre de la danza inocente y
rebelde y ahora tan sólo me sustento en la oscura melancolía del
futuro...

Y, ¿no estaré quizás –yo me pregunto- cerrando y sellando, para
siempre, el pórtico de mi propia bancarrota?... Pronto llegará la
hora de emprender el último viaje; aunque no iré sólo, no, sino
rodeado y perseguido por un aciago, vivo y voraz, vuelo de
mosquitos.

Detrás quedará, perpetuamente, lluvia de escorpiones miserables,
atado manojo pocho de sarmientos por lianas más venenosas que las
víboras, el paisaje ya casi de ultramar de mis ayeres, a ratos
falsamente luminosos, en el rescoldo rajado y ceniciento de mis
párpados

Y cuando llegue el encuentro irremediable no me conocerán ni mis
propios progenitores cargado como voy con esta variopinta
propiedad: Una sucia, gastada y rota estera de dormir y, como ya he
mentado, un enjambre hambriento, alegre, vivo y feroz, de moscas
cojoneras.


A. Zamorano (Zamora)
'CAMINAR CONOCIENDO', Nº 9, PAG. 35