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lunes, 19 de noviembre de 2012

Lyerka Bonanno: Me contagio...


Lyerka Bonanno (Valencia, Carabobo, 1981)

El poeta Iván Cruz (Ciudad de México, 1980) nos presenta una muy valiosa selección de poetas venezolanos de las últimas promociones, la poesía que se ha escrito durante el gobierno de Hugo Chávez. Asimismo nos ofrece una nota introductoria para acercarnos a esta importante tradición lírica.


Me contagio con tus enfermedades

escucho entre quejas

deseos de mejor vida

tus palabras que se clavan en la culpa

de los errores típicos de mis años



pido colar el café para que descanses

mientras busco en el agua caliente

alguna palabra de consuelo

viernes, 22 de agosto de 2008

El soneto al volapie, de Horacio Álvarez Fernández (*)

El diestro que toca la muleta
según la condición del adversario,
en los pases avanza el pie contrario;
se ciñe los pitones y se aprieta.

Logrará una ovación justa y completa
si demuestra un valor extraordinario
y cruza los pitones temerarios
al matar, con lo cual, llega a la meta.

Debe arrancar en corto y por derecho,
clavar todo el estoque en el morrillo
y por la cola ha de salir con fé

después de que el pitón le roce el pecho;
este uso de matar, que es muy sencillo,
es el que se llama volapié.



(*) Horacio Álvarez Hernández nació en Santa Clara de Avedillo (Zamora) donde pasa buenas temporadas, si bien está afincado en Gijón (Asturias) Es poeta autodidacta. No solo los poetas consagrados han de figurar en estas páginas. También los escritores del pueblo. Si este hombre, de hoz y arado primero y luego obrero en Asturias, hace esto... que no haría si hubiera tenido tiempo para cultivarse convenientemente.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Gabriel Celaya: Lo que faltaba

A Garcilaso de la Vega

Si de mi baja lira prosaista
surgiera, no mi voz, sino mi España
verías como vibras en su entraña
pese a tanto cantor garcilasista.

Estamos con las armas en la mano,
buscando un nuevo ritmo, fiel contraste.
Estamos como tú nos enseñaste,
luchando por lo nuevo y por lo sano.

Por eso te saludo y te prometo
que daré, como tú, cauce a la Historia:
porque eres en mi, vida, no memoria,
e impulso a la aventura, no soneto.

Gabriel Celaya

lunes, 10 de diciembre de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Sobre el influjo de la naturaleza en el libro de Urbano Blanco Cea

Por José Mª Amigo Zamorano

Nos atrevimos a calificar a Urbano Blanco Cea, que acaba de publicar el poemario titulado 'El Alijar jara en flor', como emigrante en Madrid donde trabaja, por lo que trasluce la lectura de su libro.
Ya el sólo título nos orienta para adentrarnos en los recovecos de su almario, compuesto de recuerdos de la tierra que le viera nacer: su pueblo. Y máss que las gentes, la naturaleza y sus habitantes: flores, árboles, pájaros...
Eso ha llenado su ser y lo ha convertido en poesía con su olor a pino, a jara que, antaño, embriagaran a Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso (o eso supone el poeta Urbano) Para los que no estén al tanto de estos pormenores poéticos, sepan que los poetas Dámaso Alonso y sobre todo Vicente Aleixandre, se iniciaron a la poesía por estos lugares allá por el año 1917.
Una parte, un fragmento del libro de Urbano (porque toca temas muy diversos) está colmado de referencias a ese mundo que nos rodea (la naturaleza) que nos marca de niños y que luego, ya adultos,, cuando nuestro espíritu se llena de otras imábenes, vamos arrumbándolo, e incluso nos distanciamos de él, sin darnos cuenta que somos naturaleza y sigue influyéndonos fundamentalmente, aunque parezca que está en segundo plano. .
Pero en esa niñez que hemos citado se va moldeando nustra escultura poética: árboles nevados, vuelo de golondrinas y vencejos, besos de lluvia, piedras convertidas en oro por el sol... Es el tiempo en que el murmullo del agua al caminar por el cauce del riachuelo nos hace escucharlo con arrebatada pasión (o eso creemos cuando somos maduros) que no se nos va del todo. El poeta navero ama todo eso y lo dice en un poema de dos versos: "más que quienes nos suponen/somos lo que amamos".
Por supuesto, lo que ama no está en las calles de Madrid abarrotada de coches, de luces, de ruidos, de trajines, de humos... está al amanecer "cuando nacen los colores", cuando el alba toca con su varita de mágica luz y resucita todo ese mundo que recordábamos antes: escarchas, rocíos, trinos, pinos, jaras... Colores que Madrid no guarda. El poeta, en la urbe, se convierte en avecilla: "se me ha escapado un pájaro del nido de los anhelos olvidados". Y vuela al campo a recobrar esos anhelos. No es que Urbano lo escriba así. Es una licencia que nosotros nos tomamos.
Desde que nosotros saludamos su primer libro, el poeta ha madurado adquiriendo un estilo propio. Sin embargo, el poso machadiano sigue y, suponemos, seguirá siempre en su almario urbaniano, dado que sus amores hacia el campo castellano, hacia Las Navas, hacia su pueblo, lo une a la concepción de Castilla que Machado tenía y se refleja en uno de los poemas más largos dedicado a ella. Esa Castilla que se va muriendo abandonada por sus hijos y los que se quedan "dormitan al calor de la lumbre", recordando tiempos jóvenes, recordando la faz pedregosa, las espigas, la primavera que anuncian los amendros en flor...
Son, como dice el poeta "El beso de lluvia que cava/en el fondo de mi pozo seco".
Mas con toda esa muerte anunciada, presentida, o quizás por eso, el poeta que es Urbano Blanco Cea declara como una condición testamentaria: "Llevadme al campo cuando ya no vea/cuando esté cansado y no pueda andar".
Castilla, escribe en el poema que le dedica, "te amo con la misma mansedumbre", lo que nos hace recordar el poema ya mencionado: "Mas que quienes nos suponen / somos lo que amamos". Amén.