lunes, 15 de enero de 2007

ARCONADA y LOS CRITERIOS LITERARIOS



ARCONADA Y LOS CRITERIOS LITERARIOS

Por José Mª Amigo Zamorano

Hay escritores que se expresan con una especie de latiguillo: “hay que regirse por criterios literarios”, “en literatura actuemos con criterios literarios”, “solo los criterios literarios deben llevarnos a…”. Y lo dicen como si tales criterios estuviesen tallados en roca viva desde siglos por mano divina.
Pero, ¿qué son criterios literarios?, les preguntamos; y, como tienen verbo fácil, nos ponen su disco, cada uno con su música, que no entendemos porque no concuerda con la práctica, con la vida que observamos; y con lo que advertimos en ellos mismos.
¿Qué es lo que vemos?: por todas partes grupos, sectas, capillas… que simpatizan o están enemistados a muerte; lo que para unos está muy bien escrito, para otros ‘vale menos que el pedo de una hiena vieja’; esto es fácilmente explicable; lo decía muy bien el autor del Lazarillo de Tormes: “Mayormente que los gustos no son todos unos; mas lo que uno no come otro se pierde por ello”; y siendo así, entonces… ¿dónde están los famosos criterios?... ¿se los sacan de la manga?...
En realidad, sean ellos conscientes o no, es la vieja posición de la torre de marfil: el intento, baldío, de hacer una literatura químicamente pura, sin mezcla… de la vida: ni amistad, ni política, ni gusto, ni moda… ‘littera’ pura: una entelequia.
Pero una entelequia un tanto hipócrita pues, por todas partes, amigos, grupos, capillas… se lanzan piropos; o se degüella a los contrarios; sin que, por eso, unos sean buenos o malos a rabiar.
Un ejemplo: una vez le pregunté al escritor D. Eusebio García Luengo (cercano al centenar de años y retirado hace años del brillo literario) por una poetisa. Me habló de ella, desde cuando la conocía, de su padre editor, y de paso me dijo que era muy amiga (incluso más que amiga) de otra poetisa, extremeña ésta, como él. Y continuamos la charla reconociendo, de ambas, su buen hacer poético. El año pasado, cogiendo al azar una revista de literatura (creo que fue ‘Letra Internacional’), leí una crítica muy elogiosa del poemario de de una de ellas recién publicado; cosa nada particular siendo, como lo son, ambas, muy celebradas; empero… ¡qué casualidad!... las flores provenían de una sobre la otra poetisa amiga de las hablábamos Eusebio y yo.
La amistad no es un criterio literario: eso está claro; sí, claro… para la Historia. Convendría saber entonces cuáles son los criterios de la Historia, pues se da tanto trajín en eso de la memoria de los pueblos: unos escritores, olvidados hasta hace poco, vuelven triunfantes desde el pozo oscuro de la nada… otros, que estaban en la gloria, se hunden en los negros abismos del olvido… Y es que los gustos, modas, política… ¡qué sé yo!... cambian…
¿Qué es lo que nos ha movido a dedicarle tantas páginas al escritor palentino César M. Arconada?... A lo mejor la memoria de su nacimiento; o que nos haya hablado tanto, de él, D. Eusebio; o por haber nacido, como nosotros, en un pueblo castellano; sin duda por haberse comprometido con la libertad, ahora que se habla tanto de ella; o el hecho, misterioso para nosotros, de que algunos digan que es un escritor inmenso y otros, los más, no tengan ni idea de él; o porque hubiera sido celebrado poeta y novelista y autor de teatro; o… fuera redactor jefe de la más importante revista intelectual de su tiempo…
Estas razones, ¿son criterios literarios? Depende, para unos si y para otros no. Nosotros creemos que si. Lo que está claro es que los otros, los puros, los criterios puros, no mueven a nadie. Si acaso a profesores para escribir algún tratado. Pero eso… ¿es capaz de levantársela a alguien?...

*José María Amigo Zamorano es director de la revista

miércoles, 10 de enero de 2007

SUMARIO y STAF

SUMARIO:
Colaboradores y sumario, pag. 2

Staff y editorial, pag. 3

Vida secreta de las navas del marqués, pag. 4

Rubayatas de Salah Gahin y Rumí, pag. 6

Sobre Arconada:
Santonja, 9; paz Díez-Taboada 13; Eusebio García Luengo, 15 y 18; Jacinto Barrio, 16; Jesús Marie Boves, 22; Daniel Fernández de Miguel, 24; Andrés Linares, 25

La fontana sonora:
Pequeño pez negro, de Samad Behrangui: un cuento para niños

Poesía, pag 34:
Carlos Aganzo, Violeta Rangel, Matilde Gini de Barnatán, Pilar Adón, Eliseo González, Harcaitz Cano, Maximiliano Hernández Marcos, Karmelo Iribarren, Michel Gaztambide, Uberto Stabile, Roberto Campo, Jorge Villalmanzo, Enrique Redel, Ovidio Pérez Martín, David González, Paz Díez-Taboada, A. Zamorano, Mario Pérez Antolín, Isabel Escudero

VII Concurso de Poesía “Caminar conociendo”

Humor, pag. 38

Narrativa:Iswe Letu, Juan Gonper, Antonio Escudero y Joaquín Lledó

Reseña de libros, 44:

Ensayo, pag. 48:
Mestizaje y discriminación racial en Colombia, por Germán Mora Ayala

Para la Mesa Redonda sobre ABOLICIÓN / DEUDA EXTERNA en Zamora, 12 de febrero de 2001: Agustín García Calvo

ADVERTENCIA:
La Junta de la Biblioteca, entidad editora de la revista, no se hace responsable de las opiniones vertidas en los artículos u otros escritos que aparecen en la revista por parte de los autores, respeta la Libertad de Opinión y Expresión sin más consideraciones.
STAF:
Dirección y coordinaciónJosé Mª Amigo Zamorano
MaquetaciónRoberto Campo Porto
A. Zamorano


IlustracionesAragonés
María Mateos


Junta de la Biblioteca:
Secretario:
José María AmigoEncargada:
Candelas Santamaría
VOCALES
Consuelo Barbero, Esther Cubero, María Jesús González y Ana María Sanz
Caminar conociendo 9
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Revista de la Biblioteca Pública Municipal. Fundada en el año de 1992 por D. José María Amigo Zamorano
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Número 9, año 2.001
Título: Caminar conociendo; Título abreviado: Caminar conoc.; ISSN: 1576 – 821X
DL: AV-176-94
Tirada: 1.500 ejemplares

C/ Francisco Segovia, 3; 05230 Las Navas del Marqués (Ávila)
Teléfono: 91-897.13.36
Imprime:
Grafi-3. Ávila

COLABORADORES

Pilar Adón (novelista y poeta), Carlos Aganzo (periodista, subdirector de El Diario de Ávila y poeta), Jacinto Barrio (periodista y estadístico), Roberto Campo (funcionario y poeta), Harkaitz Cano (poeta, novelista, guionista), Paz Díez-Taboada (profesora en la Universidad de San Carlos y poeta), Antonio Escudero (investigador), Isabel Escudero (profesora de la UNED y poetisa), Daniel Fernández de Miguel (politólogo), Agustín García Calvo (profesor emérito de la Universidad de Madrid), Eusebio García Luengo (escritor), Tomás García Yebra (periodista y novelista), Michel Gaztambide (guionista de cine y televisión), Matilde Gini de Barnatán (escritora dirige el programa Shefarad de RNE), Juan Gonper (médico, coordinador del centro de arte y literatura de Castilla y León), David González (poeta, director de la colección poesía del Ateneo Obrero de Gijón) Eliseo González (poeta, escribe en el Diario de Burgos), Maximiliano Hernández Marcos (profesor de literatura de la Universidad de Salamanca), Saed Hoosangui (licenciado en filología persa y master postgraduado por la Universidad de Teherán), Iswe Letu (exiliado), Andrés Linares (director de cine), Karmelo Iribarren (poeta), Joaquín Lledó (periodista, redactor jefe de la revista Álbum Letras-Artes), Jesús Marie Boves (profesor de literatura), Germán Mora Ayala (emigrante, trabaja donde puede), José Luis Morante (profesor de literatura y poeta), Mario Pérez Antolín (profesor, sindicalista y político), Ovidio Pérez Martín (profesor y poeta), Violeta C. Rangel (ha publicado La posesión del humo y colabora con la revista Sin Embargo de Huelva), Enrique Redel (escritor, director de la asociación Scene, y de la revista L’Infame Turba), Gonzalo Santonja (profesor de literatura de la Universidad Complutense, premio de las Letras de Castilla y León), Uberto Stabile (editor y poeta, dirige la revista Aullidos), Jorge Villalmanzo (fundador del grupo literario Atlantes y de sociedad cultural Instantia, redactor de la revista En plural, colabora con sus artículos en ABC y Diario de Burgos), Ahmed Zacarías Ahmed (fue enseñante en la universidad egipcia de Ain Chams, ahora empresario madrileño), A. Zamorano (maestro de niños)

lunes, 8 de enero de 2007

YALAL UD-DIN RUMÍ


RUBAYATA DE YALAL ud-DIN RUMÍ (INÉDITA)



HEMOS QUEMADO TODOS LOS ESFUERZOS TERRENALES,
HEMOS APRENDIDO POEMAS Y CUARTETOS DE AMOR:
EL AMOR ES NUESTRA VIDA, NUESTRO CORAZÓN Y NUESTRO OJO,
AUNQUE TAMBIÉN LOS HEMOS QUEMADO PARA EL AMOR.

BUSCA QUE LO IMPOSIBLE QUEPA DENTRO DE LO POSIBLE,
BUSCA ESA CIENCIA QUE NO ESTÁ ESCRITA EN LOS LIBROS,
AQUEL SECRETO QUE SE HALLA EN EL CORAZÓN DE LOS HOMBRES,
Y QUE NI EL ANGEL DEL SEÑOR CONOCE.

ERES LA LUZ DE MI CORAZÓN Y LA TRANQUILIDAD DE MI VIDA;
SIEMBRAS LA DISCORDIA Y LUEGO LA CALMA,
ME PREGUNTAS, CUÁLES SON SUS SIGNOS:
SU ÚNICA SEÑAL ES QUE NO TIENE SEÑAL.

EN NUESTRA MENTE ESTÁ LA INTENCIÓN DE HACER COSAS;
NUESTRA AMANTE ES AÚN MÁS BELLA.
JURO POR DIOS QUE EL AMOR YA NO NOS SATISFACE,
AUNQUE DESPUÉS DE ESTE OTOÑO NACERÁ UNA NUEVA PRIMAVERA.

¡VIVA TRISTEZA Y LUTO EN EL CORAZÓN DEL INFIEL
Y SEA ARROJADO DEL MUNDO QUIEN NO TENGA FIDELIDAD!
¿VSITE QUE NADIE SE ACORDÓ DE MI SALVO LA TRISTEZA?
SEA ELOGIADA POR ELLO, MIL VECES.

(TRADUCIDO POR SAED HOOSANGUI, LICENCIADO EN FILOLOGÍA PERSA Y MASTER POSTGRADUADO POR LA UNIVERSIDAD DE TEHERAN, AMIGO Y COLABORADOR DE ‘CAMINAR CONOCIENDO’)

'Caminar Conociendo' pag. 8

EL TEJAR

EL TEJAR.*

por Tomás García Yebra

Uno de los paseos más bonitos que se pueden hacer desde la Estación (1*) es el que conduce al Tejar, un ca­mino entre jaras y pinos que tiene su primera parada en la ermita de San Mi­guel. El pequeño templo está si­tuado en una pradera, junto al arroyo del Corcho, y allí, todos los veranos -el 15 de agosto-, se celebra una rome­ría cuyos orígenes se remontan a los años cincuenta.

A las seis de la tarde, la Virgen sale en andas desde la iglesia de la Asunción y es transportada, en­tre flo­res y una banda de música, hasta la er­mita del santo. Detrás, en disciplinada marcha, se agrupan los fe­ligreses. Nada más llegar a ese precioso paraje, el cura párroco oficia una misa y a con­tinuación se merienda.

La gente desea que ese día haga buen tiempo, pero la romería adquiere toda su fuerza telúrica cuando hay tor­menta. Una de esas tormentas de nubes negras que comienza a espesarse a las tres de la tarde y que, hacia las seis y media, desata su ira a base de rayos, truenos y una fortísima lluvia. Ver a la Virgen con su manto azul, la banda de música compitiendo con el aparato eléctrico y la gente calándose hasta los huesos sin rechistar es un espectáculo realmente grandioso.

En la pradera, el centenar de per­sonas que se reúne merienda a dos carrillos. Se charla, se intercam­bian palabras y fiambres, y, hacia las ocho o las nueve, una berlina o un todoterreno los transporta muellemente hasta sus casas.

No siempre fue así.

Enfrente de la ermita, a tiro de ballesta, se encuentra el Tejar. Varias chozas de ladrillo medio de­rruidas, res­tos de hornos y una valla protegiendo el recinto invitan a pensar que allí tuvo que haber vida. Y la hubo. Y todavía la hay, puesto que un hombre de 64 años, Perfecto Santos, baja a diario desde el pueblo para dar de comer a los caballos y cuidar de su huerto. No quiere perder sus raíces. Ni su memoria.

Perfecto no nació en el Tejar, pero su hermano mayor, Sotero, abrió por primera vez los ojos un poco más abajo, en la Casa de los Cacharros. Eran cinco hermanos: Sotero, María, Francisca, Josefa y Perfecto, y todos se criaron entre pinares. En la Casa de los Cacharros -apenas quedan en pie las cuatro paredes-, la fa­milia Santos -el padre, la madre y los hijos- fabri­caba tejas, ladrillos, botijos, cazuelas, potes para la resina y unas lecheritas que, convenientemente rellenas de le­che, se vendían en el andén de la esta­ción de ferrocarril. Los viajeros descen­dían de los vagones para com­prarlas, o bien las pedían desde las ven­tanillas.

En los años cuarenta la familia consideró que vivía demasiado lejos y se trasladó desde la Casa de los Cacha­rros al Tejar.

Perfecto, con siete años, ayu­daba en el huerto y llevaba las cabras a triscar por el monte. "En in­vierno baja­ban los lobos, pero les tirabas un canto y se iban; un día me descuidé y me ro­baron una cabriti­lla".

Por el Tejar merodeaban los lo­bos y también los maquis. "Uno iba muy bien vestido -recuerda Perfecto-, llevaba un sombrero negro y no sé qué hablaría con mi padre; se ponían a hablar pero no sé qué se dirían".

Una noche, con 16 años, se sin­tió morir. "Me entraron unos retortijo­nes que no me tenía. A la ma­ñana si­guiente cogí el borrico y subí al pue­blo. Me vio el médico, don Mario, y me dijo que había que ope­rar con ur­gencia. Era apendicitis. Me operó en mi casa, en la casa que teníamos en Las Navas. Mandó traer de una carnicería un tablero de mármol, lo fregaron con estropajo y jabón y allí encima me operó".

Le anestesiaron con un líquido que le echaron por la nariz. A la mitad de la operación, Perfecto se despertó. "Vi unas tripas a mi lado y le pregunté a don Mario de quién eran". 

"Son tu­yas", respondió, "pero no te preocupes que ahora te las coloco".

Uno de los días más felices de su vida ocurrió cuando nació su her­mana pequeña. Su madre dio a luz en la casa del pueblo. Perfecto, al oír el llanto del bebé, bajó dando brincos de alegría hasta el Tejar. "¡Padre, tene­mos una hermanita! ¡Padre, tenemos una hermanita!", le gritó a don Sotero Santos, quien besó emocionado a su hijo.

Otra de las alegrías de su vida sobrevino cuando oyó por primera vez al titiritero. Su hermano y sus herma­nas salieron corriendo, y él, sin saber a dónde iba, fue detrás de ellos. El titiri­tero se ponía enfrente del bar Marti­gón. "Llevaba una cabra y la hacía subir a un poyete, y era lista la jodía porque se ponía de ma­nos y le obede­cía en todo. La primera vez no sabía a dónde iban mis hermanos, pero, a par­tir de ese día, era oír la música y salir corriendo para ver lo que hacía aquel hombre con la cabra"

Don Sotero, en los ratos libres, leía novelas del oeste, de Marcial La­fuente Estefanía, mientras la madre remendaba la ropa del marido y sus cinco hijos.

En los años cincuenta, el padre compró una radio y la radio les cambió la vida. "Mis hermanas se quedaban traspasás con las radionovelas; la oía­mos mucho, hasta por las noches, to­dos juntos alrededor de la lumbre". Para iluminar la casa utilizaban lámpa­ras de carburo y teas de resina que "humedecíamos con agua para que aguantaran".

La madre, Felipa Sánchez, horneaba los sábados varias hogazas de pan que les tenían que durar toda la semana. Al año mataban tres cerdos, y también administraban la carne con cautela para que perdurara varios me­ses. "Hambre nunca hemos pasado. Ni frío. Por Semana Santa comíamos hasta reventar".

Los padres se fueron haciendo mayores y las grandes fábricas comen­zaron a orillar a las chicas. La produc­ción artesanal se convirtió en algo ex­ótico y ya no era rentable.

El Tejar dejó de funcionar a me­diados de los años setenta. Un perro -el perro de Perfecto- es el úl­timo in­quilino de un lugar que, a las nueve de la mañana, con la fresca del verano, se respira la misma paz que en el claustro de un monasterio.

Continuando hacia abajo y, to­mando el camino de la derecha, se llega a la Ciudad Ducal (2*) (por la zona del embalse), pero si uno gira a la izquierda se topa con los prados de Blascoceo, donde el arroyo del Cor­cho nos sorprende con varios restos de molinos, y si continuamos hacia ade­lante entonces emergen los primeros pinos piñoneros, el anuncio de que es­tamos adentrándonos en el término de Hoyo de Pinares.

Es una ruta que se puede hacer andando, en moto, en bicicleta de mon­taña, a caballo o en un todote­rreno. A nadie defraudará.

En la ermita de San Miguel se han casado varias parejas, entre ellas el matrimonio formado por Kiki Landa y Elvira. Precisamente a Kiki Landa, a José Luis Fernández, "Coche", y a la asociación de vecinos San Miguel de la Ermita debemos que la Estación no se muera en el verano y que el Ayunta­miento no nos olvide el resto del año.



(1*) Barrio de Las Na­vas del Marqués que recibe di­cho nombre por estar situado en los alre­dedores de la esta­ción del tren.
(2*) Barrio residencial del término de Las Navas del Marqués.
*Capítulo del libro “Vida secreta de Las Navas del Marqués” de Tomás Gar­cía Yebra. Ediciones Liberta­rias, 2001


TOMADO DE 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº. 9 y PAGINAS 4 y 5
__________
Fotos: Tomás García Yebra

SALAH GAHIN y RUMÍ: RUBAYATAS


Rubayatas de Salah Gahin y Rumí *

1.
A pesar de que todas las criaturas son de barro
y todas ellas nacen con los ojos cerrados,
minutos, meses y años des­pués
encuentras mala y buena gente.
¡Me asombro!
2.
Me asombro... me asom­bro de ti, tiempo,
padre de casos insólitos, haces llorar sangre a mis ojos:
cómo elijo yo para mi alma camino
y yo en la vida entro obli­gado.
¡Me asombro!
3.
Obligado a vivirte, ma­ñana, forzado a ti, noche;
no entré en la vida por mis pies, ni tuve ganas:
me llevaban en brazos cuando entré en la vida
mañana llevado en brazos saldré de ella.
¡Me asombro!
4.
Años pasan años por mí, un grupo tras otro:
uno me tomó por hijo, otro por marido,
y el tercero por padre me tomó, y el cuarto ¿qué,
qué hace quien tira la ola a otra ola?
¡Me asombro!
5.
Sin rayos que desgarren la oscuridad estoy,
con miedo, de pie en mi lu­gar que no abandono,
y cuando llega la luz y veo los caminos,
aún más dudo... ¿Cuál tomo?
¡Me asombro!
6.
Curioseé mucho en el uni­verso y me ocupé
y pregunté por qué y para qué.
Hago preguntas... la res­puesta se vuelve pregunta.
Salgo y mis dudas son más que cuando entré.
¡Me asombro!
7.
De la nada salió el hijo de Adán, y dije: ¡oh!
A la nada volvió el hijo de Adán, y dije: ¡oh!
Tierra que revive... y el vivo se convierte en tierra
¿Es el origen la muerte o la vida?
¡Me asombro!

8.
Enterrado el feliz en un mausoleo de mármol,
Y dentro de un hoyo sin mortaja un desconocido.
Por ellos pasé, y dije: ¡que curioso!
Los dos huelen a la misma podredumbre.
¡Me asombro!
9.
Muchas veces encontré amigos, y no les traté,
Y copas de vino y bebida, y no las bebí;
me arrepiento de las opor­tunidades que dejé
o de las ocasiones que no había dejado.
¡Me asombro!
10.
Este universo cómo existe sin fronteras:
en él hay escorpiones, ser­pientes y gusanos.
Un sabio experto pasó, y dijo: “saludos.
Hay muchas preguntas sin respuesta.”
¡Me asombro!
11.
Corazón, el tiempo engaña a traición,
Llegará el día en que vas a necesitar un grano de fe.
Mi corazón tembló y me preguntó: “En qué creer,
en que creer, dudo hace tiempo.”
¡Me asombro!
12.
Oh puerta cerrada... ¿cuándo se abrirá?
Soporté mucho, y el pa­ciente alcanzará su meta.
Llamé años... y la res­puesta me vuelve: ¿quién?
Si supiera quién soy yo, lo diría,
¡Me asombro!
13.
Soy joven, pero mi edad es de más de mil años;
solo, pero entre mis costi­llas hay mucho gentío.
Tengo miedo, pero me temo a mí mismo.
Mudo, pero mi corazón está lleno de palabras.
¡Me asombro!
14.
Amo la vida, aunque hubiese de vivir en las selvas.
Me levanto como me alum­bró mi madre, y duermo.
Ave, animal, insecto, humano, pero vivo
¡Qué bonita es la vida!, aunque sea en forma de planta.
¡Me asombro!


*Salah Gahin poeta egipcio polifacético: escribió teatro (para el teatro nacional y para el teatro de títe­res), fue pintor, dibujante (autor de la primera película de dibujos ani­mados en 1952), autor de centenares de canciones (muy famosas en Egipto); pero también fue premiado por la ciencia además de por el arte... Murió en 1986. Y esta es la primera vez que se traduce al castellano. Lo hace Ahmed Zacarías Ahmed (Egipto, 1962), doctor en filología hispánica por la Universidad Com­plutense cuya tesis doctoral versó so­bre la investigación y translitera­ción del manuscrito aljamiado nº XXIX del CSIC y que trabajó de profesor en la universidad cairota de Ain Chams hasta 1988. Actualmente es empresario madrileño.

En 'caminar conociendo' solo aparecieron las siete estrofas primeras. En el lugar de las siguientes se colocó unas rubayatas inéditas del gran poeta iraní Yalal ud-Din Rumí en la página 8. Ahora no las tenemos. Pero averiguaremos quién las tenga.

ARCONADA Y EL GATO DE LA EDICIÓN



ARCONADA Y EL GATO DE LA EDICIÓN

Por Gonzalo Santonja

Leí mi tesina sobre César Muñoz Arconada al filo de la muerte de Franco y recientemente, apenas hará dos años, un magnífico alumno de doctorado en la Universidad Complutense presentó, bajo mi dirección, una tesis verdaderamente brillante y exhaustiva sobre los primeros años del escritor en el Diario Palentino, estableciendo una pauta a mi juicio decisiva para entender su posterior proyección, que fue mucha, porque Arconada, se tenga o no presente, sentó plaza de protagonista en las múltiples encrucijadas de la Edad de Plata de nuestra literatura, desempeñando un papel crucial tanto en el episodio de las vanguardias como en el movimiento rehumanizador y en su intensificación hacia la plenitud del compromiso. O sea, que a estas alturas llevo más de cinco lustros de familiaridad con su obra y, paradójicamente, cada año que pasa la veo más cubierta de olvido, antes censurada por el franquismo y hoy víctima –víctima rampante- de la desmemoria, favorecida si acaso por gestos efímeros pero sin calado.
Al respecto, ni siquiera sirvió la gran ocasión del centenario de su nacimiento (le tocó venir al mundo por Astudillo, en Palencia, que no está nada mal, el 5 de diciembre del señaladísimo año de 1898), que pasó de largo con pena y sin gloria. Que yo sepa, media docena de conferencias aisladas, el frustrado proyecto de alguna publicación y un ciclo en Palencia, al amparo de la Universidad de Verano “Casado del Alisal”, tan interesante (y logrado, porque los ponentes se emplearon a fondo) como inadvertido, nada tumultuoso de asistencia y, para mí, incomprensiblemente desasistido por los medios de comunicación de cuya más noble historia nuestro personaje formaría parte.
Poeta ultraista, y de los buenos, que en el ultraismo no fueron tantos, (Ge­rardo Diego, Pedro Garfías y muy poco más) impulsor con un breve puñado de ani­mosos amigos de un precoz suplemento lite­rario en el ya citado Diario Palentino, biógrafo brillante de míticas estrellas de la pantalla (su aproximación a Greta Garbo, publicada en 1929, daría, sin exageraciones, la vuelta al mundo, traducida por doquier, con frecuencia en la subvariante pirata), na­rrador y dramaturgo “comprometido”, con el vuelo de su imaginación –debe recono­cerse; en literatura de nada sirven las medias verdades- contenido por los limitadores su­puestos del socialrealismo (en su caso, y también debe anotarse, atemperados por la rica lección de la vanguardia, germen de un lirismo al que jamás renunció), y luego, ya en el exilio, divulgador fecundo en los paí­ses de la órbita soviética de nuestra litera­tura mayor, la de los Siglos de Oro (su adaptación de La Gitanilla cervantina cono­ció el éxito de los escenarios hasta el fi­nal de la URSS, anualmente aupada a las carteleras del Teatro Gitano de Moscú), siempre con sus lejanos paisajes de la Palen­cia profunda pegados a las puntas de la pluma, irrenunciablemente fiel al caste­llano preciso de las gentes austeras de Tie­rra de Campos, con la mirada –así lo refle­jan las fotografías- sembrada de nostalgias y, en las últimas imágenes, evidentemente volcada hacia los adentros, como buscán­dose en los débiles reflejos del sol del ocaso, de los ocasos.
De Arconada quedan libros inéditos. Libros, reitero, que no cuadernos de apun­tes. Libros extensos; años llevo recordán­dolo. En mi biblioteca guardo copia de dos: una biografía de José Díaz, de la que di am­plia noticia en el congreso sobre el exilio que en 1999 se celebró en Salamanca (a punto de salir estarán las Actas correspon­dientes); y un denso reportaje sobre la China de Mao Tsé Tung, donde tuvo la fortuna de que unos impresionantes desbor­damientos le dejasen aislado de los burocráti­cos guías que las autoridades le habían asignado. ¿Cuándo saldrán? Ya me gustaría saberlo. Si alguien pone el cascabel a ese gato, buen cascabeleador será.


Gonzalo Santonja es profesor de Literatura y escritor


EN 'CAMINAR CONOCIENDO' Nº. 9 PÁGINA 10