lunes, 15 de enero de 2007

ARCONADA y LOS CRITERIOS LITERARIOS



ARCONADA Y LOS CRITERIOS LITERARIOS

Por José Mª Amigo Zamorano

Hay escritores que se expresan con una especie de latiguillo: “hay que regirse por criterios literarios”, “en literatura actuemos con criterios literarios”, “solo los criterios literarios deben llevarnos a…”. Y lo dicen como si tales criterios estuviesen tallados en roca viva desde siglos por mano divina.
Pero, ¿qué son criterios literarios?, les preguntamos; y, como tienen verbo fácil, nos ponen su disco, cada uno con su música, que no entendemos porque no concuerda con la práctica, con la vida que observamos; y con lo que advertimos en ellos mismos.
¿Qué es lo que vemos?: por todas partes grupos, sectas, capillas… que simpatizan o están enemistados a muerte; lo que para unos está muy bien escrito, para otros ‘vale menos que el pedo de una hiena vieja’; esto es fácilmente explicable; lo decía muy bien el autor del Lazarillo de Tormes: “Mayormente que los gustos no son todos unos; mas lo que uno no come otro se pierde por ello”; y siendo así, entonces… ¿dónde están los famosos criterios?... ¿se los sacan de la manga?...
En realidad, sean ellos conscientes o no, es la vieja posición de la torre de marfil: el intento, baldío, de hacer una literatura químicamente pura, sin mezcla… de la vida: ni amistad, ni política, ni gusto, ni moda… ‘littera’ pura: una entelequia.
Pero una entelequia un tanto hipócrita pues, por todas partes, amigos, grupos, capillas… se lanzan piropos; o se degüella a los contrarios; sin que, por eso, unos sean buenos o malos a rabiar.
Un ejemplo: una vez le pregunté al escritor D. Eusebio García Luengo (cercano al centenar de años y retirado hace años del brillo literario) por una poetisa. Me habló de ella, desde cuando la conocía, de su padre editor, y de paso me dijo que era muy amiga (incluso más que amiga) de otra poetisa, extremeña ésta, como él. Y continuamos la charla reconociendo, de ambas, su buen hacer poético. El año pasado, cogiendo al azar una revista de literatura (creo que fue ‘Letra Internacional’), leí una crítica muy elogiosa del poemario de de una de ellas recién publicado; cosa nada particular siendo, como lo son, ambas, muy celebradas; empero… ¡qué casualidad!... las flores provenían de una sobre la otra poetisa amiga de las hablábamos Eusebio y yo.
La amistad no es un criterio literario: eso está claro; sí, claro… para la Historia. Convendría saber entonces cuáles son los criterios de la Historia, pues se da tanto trajín en eso de la memoria de los pueblos: unos escritores, olvidados hasta hace poco, vuelven triunfantes desde el pozo oscuro de la nada… otros, que estaban en la gloria, se hunden en los negros abismos del olvido… Y es que los gustos, modas, política… ¡qué sé yo!... cambian…
¿Qué es lo que nos ha movido a dedicarle tantas páginas al escritor palentino César M. Arconada?... A lo mejor la memoria de su nacimiento; o que nos haya hablado tanto, de él, D. Eusebio; o por haber nacido, como nosotros, en un pueblo castellano; sin duda por haberse comprometido con la libertad, ahora que se habla tanto de ella; o el hecho, misterioso para nosotros, de que algunos digan que es un escritor inmenso y otros, los más, no tengan ni idea de él; o porque hubiera sido celebrado poeta y novelista y autor de teatro; o… fuera redactor jefe de la más importante revista intelectual de su tiempo…
Estas razones, ¿son criterios literarios? Depende, para unos si y para otros no. Nosotros creemos que si. Lo que está claro es que los otros, los puros, los criterios puros, no mueven a nadie. Si acaso a profesores para escribir algún tratado. Pero eso… ¿es capaz de levantársela a alguien?...

*José María Amigo Zamorano es director de la revista

miércoles, 10 de enero de 2007

SUMARIO y STAF

SUMARIO:
Colaboradores y sumario, pag. 2

Staff y editorial, pag. 3

Vida secreta de las navas del marqués, pag. 4

Rubayatas de Salah Gahin y Rumí, pag. 6

Sobre Arconada:
Santonja, 9; paz Díez-Taboada 13; Eusebio García Luengo, 15 y 18; Jacinto Barrio, 16; Jesús Marie Boves, 22; Daniel Fernández de Miguel, 24; Andrés Linares, 25

La fontana sonora:
Pequeño pez negro, de Samad Behrangui: un cuento para niños

Poesía, pag 34:
Carlos Aganzo, Violeta Rangel, Matilde Gini de Barnatán, Pilar Adón, Eliseo González, Harcaitz Cano, Maximiliano Hernández Marcos, Karmelo Iribarren, Michel Gaztambide, Uberto Stabile, Roberto Campo, Jorge Villalmanzo, Enrique Redel, Ovidio Pérez Martín, David González, Paz Díez-Taboada, A. Zamorano, Mario Pérez Antolín, Isabel Escudero

VII Concurso de Poesía “Caminar conociendo

Humor, pag. 38

Narrativa:Iswe Letu, Juan Gonper, Antonio Escudero y Joaquín Lledó

Reseña de libros, 44:

Ensayo, pag. 48:
Mestizaje y discriminación racial en Colombia, por Germán Mora Ayala

Para la Mesa Redonda sobre ABOLICIÓN / DEUDA EXTERNA en Zamora, 12 de febrero de 2001: Agustín García Calvo

ADVERTENCIA:
La Junta de la Biblioteca, entidad editora de la revista, no se hace responsable de las opiniones vertidas en los artículos u otros escritos que aparecen en la revista por parte de los autores, respeta la Libertad de Opinión y Expresión sin más consideraciones.
STAF:
Dirección y coordinaciónJosé Mª Amigo Zamorano
MaquetaciónRoberto Campo Porto
A. Zamorano


IlustracionesAragonés
María Mateos


Junta de la Biblioteca:
Secretario:
José María AmigoEncargada:
Candelas Santamaría
VOCALES
Consuelo Barbero, Esther Cubero, María Jesús González y Ana María Sanz
Caminar conociendo 9
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Revista de la Biblioteca Pública Municipal. Fundada en el año de 1992 por D. José María Amigo Zamorano
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Número 9, año 2.001
Título: Caminar conociendo; Título abreviado: Caminar conoc.; ISSN: 1576 – 821X
DL: AV-176-94
Tirada: 1.500 ejemplares

C/ Francisco Segovia, 3; 05230 Las Navas del Marqués (Ávila)
Teléfono: 91-897.13.36
Imprime:
Grafi-3. Ávila

COLABORADORES

Pilar Adón (novelista y poeta), Carlos Aganzo (periodista, subdirector de El Diario de Ávila y poeta), Jacinto Barrio (periodista y estadístico), Roberto Campo (funcionario y poeta), Harkaitz Cano (poeta, novelista, guionista), Paz Díez-Taboada (profesora en la Universidad de San Carlos y poeta), Antonio Escudero (investigador), Isabel Escudero (profesora de la UNED y poetisa), Daniel Fernández de Miguel (politólogo), Agustín García Calvo (profesor emérito de la Universidad de Madrid), Eusebio García Luengo (escritor), Tomás García Yebra (periodista y novelista), Michel Gaztambide (guionista de cine y televisión), Matilde Gini de Barnatán (escritora dirige el programa Shefarad de RNE), Juan Gonper (médico, coordinador del centro de arte y literatura de Castilla y León), David González (poeta, director de la colección poesía del Ateneo Obrero de Gijón) Eliseo González (poeta, escribe en el Diario de Burgos), Maximiliano Hernández Marcos (profesor de literatura de la Universidad de Salamanca), Saed Hoosangui (licenciado en filología persa y master postgraduado por la Universidad de Teherán), Iswe Letu (exiliado), Andrés Linares (director de cine), Karmelo Iribarren (poeta), Joaquín Lledó (periodista, redactor jefe de la revista Álbum Letras-Artes), Jesús Marie Boves (profesor de literatura), Germán Mora Ayala (emigrante, trabaja donde puede), José Luis Morante (profesor de literatura y poeta), Mario Pérez Antolín (profesor, sindicalista y político), Ovidio Pérez Martín (profesor y poeta), Violeta C. Rangel (ha publicado La posesión del humo y colabora con la revista Sin Embargo de Huelva), Enrique Redel (escritor, director de la asociación Scene, y de la revista L’Infame Turba), Gonzalo Santonja (profesor de literatura de la Universidad Complutense, premio de las Letras de Castilla y León), Uberto Stabile (editor y poeta, dirige la revista Aullidos), Jorge Villalmanzo (fundador del grupo literario Atlantes y de sociedad cultural Instantia, redactor de la revista En plural, colabora con sus artículos en ABC y Diario de Burgos), Ahmed Zacarías Ahmed (fue enseñante en la universidad egipcia de Ain Chams, ahora empresario madrileño), A. Zamorano (maestro de niños)

lunes, 8 de enero de 2007

YALAL UD-DIN RUMÍ


RUBAYATA DE YALAL ud-DIN RUMÍ (INÉDITA)



HEMOS QUEMADO TODOS LOS ESFUERZOS TERRENALES,
HEMOS APRENDIDO POEMAS Y CUARTETOS DE AMOR:
EL AMOR ES NUESTRA VIDA, NUESTRO CORAZÓN Y NUESTRO OJO,
AUNQUE TAMBIÉN LOS HEMOS QUEMADO PARA EL AMOR.

BUSCA QUE LO IMPOSIBLE QUEPA DENTRO DE LO POSIBLE,
BUSCA ESA CIENCIA QUE NO ESTÁ ESCRITA EN LOS LIBROS,
AQUEL SECRETO QUE SE HALLA EN EL CORAZÓN DE LOS HOMBRES,
Y QUE NI EL ANGEL DEL SEÑOR CONOCE.

ERES LA LUZ DE MI CORAZÓN Y LA TRANQUILIDAD DE MI VIDA;
SIEMBRAS LA DISCORDIA Y LUEGO LA CALMA,
ME PREGUNTAS, CUÁLES SON SUS SIGNOS:
SU ÚNICA SEÑAL ES QUE NO TIENE SEÑAL.

EN NUESTRA MENTE ESTÁ LA INTENCIÓN DE HACER COSAS;
NUESTRA AMANTE ES AÚN MÁS BELLA.
JURO POR DIOS QUE EL AMOR YA NO NOS SATISFACE,
AUNQUE DESPUÉS DE ESTE OTOÑO NACERÁ UNA NUEVA PRIMAVERA.

¡VIVA TRISTEZA Y LUTO EN EL CORAZÓN DEL INFIEL
Y SEA ARROJADO DEL MUNDO QUIEN NO TENGA FIDELIDAD!
¿VSITE QUE NADIE SE ACORDÓ DE MI SALVO LA TRISTEZA?
SEA ELOGIADA POR ELLO, MIL VECES.

(TRADUCIDO POR SAED HOOSANGUI, LICENCIADO EN FILOLOGÍA PERSA Y MASTER POSTGRADUADO POR LA UNIVERSIDAD DE TEHERAN, AMIGO Y COLABORADOR DE ‘CAMINAR CONOCIENDO’)

'Caminar Conociendo' pag. 8

EL TEJAR

EL TEJAR.*

por Tomás García Yebra

Uno de los paseos más bonitos que se pueden hacer desde la Estación (1*) es el que conduce al Tejar, un ca­mino entre jaras y pinos que tiene su primera parada en la ermita de San Mi­guel. El pequeño templo está si­tuado en una pradera, junto al arroyo del Corcho, y allí, todos los veranos -el 15 de agosto-, se celebra una rome­ría cuyos orígenes se remontan a los años cincuenta.

A las seis de la tarde, la Virgen sale en andas desde la iglesia de la Asunción y es transportada, en­tre flo­res y una banda de música, hasta la er­mita del santo. Detrás, en disciplinada marcha, se agrupan los fe­ligreses. Nada más llegar a ese precioso paraje, el cura párroco oficia una misa y a con­tinuación se merienda.

La gente desea que ese día haga buen tiempo, pero la romería adquiere toda su fuerza telúrica cuando hay tor­menta. Una de esas tormentas de nubes negras que comienza a espesarse a las tres de la tarde y que, hacia las seis y media, desata su ira a base de rayos, truenos y una fortísima lluvia. Ver a la Virgen con su manto azul, la banda de música compitiendo con el aparato eléctrico y la gente calándose hasta los huesos sin rechistar es un espectáculo realmente grandioso.

En la pradera, el centenar de per­sonas que se reúne merienda a dos carrillos. Se charla, se intercam­bian palabras y fiambres, y, hacia las ocho o las nueve, una berlina o un todoterreno los transporta muellemente hasta sus casas.

No siempre fue así.

Enfrente de la ermita, a tiro de ballesta, se encuentra el Tejar. Varias chozas de ladrillo medio de­rruidas, res­tos de hornos y una valla protegiendo el recinto invitan a pensar que allí tuvo que haber vida. Y la hubo. Y todavía la hay, puesto que un hombre de 64 años, Perfecto Santos, baja a diario desde el pueblo para dar de comer a los caballos y cuidar de su huerto. No quiere perder sus raíces. Ni su memoria.

Perfecto no nació en el Tejar, pero su hermano mayor, Sotero, abrió por primera vez los ojos un poco más abajo, en la Casa de los Cacharros. Eran cinco hermanos: Sotero, María, Francisca, Josefa y Perfecto, y todos se criaron entre pinares. En la Casa de los Cacharros -apenas quedan en pie las cuatro paredes-, la fa­milia Santos -el padre, la madre y los hijos- fabri­caba tejas, ladrillos, botijos, cazuelas, potes para la resina y unas lecheritas que, convenientemente rellenas de le­che, se vendían en el andén de la esta­ción de ferrocarril. Los viajeros descen­dían de los vagones para com­prarlas, o bien las pedían desde las ven­tanillas.

En los años cuarenta la familia consideró que vivía demasiado lejos y se trasladó desde la Casa de los Cacha­rros al Tejar.

Perfecto, con siete años, ayu­daba en el huerto y llevaba las cabras a triscar por el monte. "En in­vierno baja­ban los lobos, pero les tirabas un canto y se iban; un día me descuidé y me ro­baron una cabriti­lla".

Por el Tejar merodeaban los lo­bos y también los maquis. "Uno iba muy bien vestido -recuerda Perfecto-, llevaba un sombrero negro y no sé qué hablaría con mi padre; se ponían a hablar pero no sé qué se dirían".

Una noche, con 16 años, se sin­tió morir. "Me entraron unos retortijo­nes que no me tenía. A la ma­ñana si­guiente cogí el borrico y subí al pue­blo. Me vio el médico, don Mario, y me dijo que había que ope­rar con ur­gencia. Era apendicitis. Me operó en mi casa, en la casa que teníamos en Las Navas. Mandó traer de una carnicería un tablero de mármol, lo fregaron con estropajo y jabón y allí encima me operó".

Le anestesiaron con un líquido que le echaron por la nariz. A la mitad de la operación, Perfecto se despertó. "Vi unas tripas a mi lado y le pregunté a don Mario de quién eran". 

"Son tu­yas", respondió, "pero no te preocupes que ahora te las coloco".

Uno de los días más felices de su vida ocurrió cuando nació su her­mana pequeña. Su madre dio a luz en la casa del pueblo. Perfecto, al oír el llanto del bebé, bajó dando brincos de alegría hasta el Tejar. "¡Padre, tene­mos una hermanita! ¡Padre, tenemos una hermanita!", le gritó a don Sotero Santos, quien besó emocionado a su hijo.

Otra de las alegrías de su vida sobrevino cuando oyó por primera vez al titiritero. Su hermano y sus herma­nas salieron corriendo, y él, sin saber a dónde iba, fue detrás de ellos. El titiri­tero se ponía enfrente del bar Marti­gón. "Llevaba una cabra y la hacía subir a un poyete, y era lista la jodía porque se ponía de ma­nos y le obede­cía en todo. La primera vez no sabía a dónde iban mis hermanos, pero, a par­tir de ese día, era oír la música y salir corriendo para ver lo que hacía aquel hombre con la cabra"

Don Sotero, en los ratos libres, leía novelas del oeste, de Marcial La­fuente Estefanía, mientras la madre remendaba la ropa del marido y sus cinco hijos.

En los años cincuenta, el padre compró una radio y la radio les cambió la vida. "Mis hermanas se quedaban traspasás con las radionovelas; la oía­mos mucho, hasta por las noches, to­dos juntos alrededor de la lumbre". Para iluminar la casa utilizaban lámpa­ras de carburo y teas de resina que "humedecíamos con agua para que aguantaran".

La madre, Felipa Sánchez, horneaba los sábados varias hogazas de pan que les tenían que durar toda la semana. Al año mataban tres cerdos, y también administraban la carne con cautela para que perdurara varios me­ses. "Hambre nunca hemos pasado. Ni frío. Por Semana Santa comíamos hasta reventar".

Los padres se fueron haciendo mayores y las grandes fábricas comen­zaron a orillar a las chicas. La produc­ción artesanal se convirtió en algo ex­ótico y ya no era rentable.

El Tejar dejó de funcionar a me­diados de los años setenta. Un perro -el perro de Perfecto- es el úl­timo in­quilino de un lugar que, a las nueve de la mañana, con la fresca del verano, se respira la misma paz que en el claustro de un monasterio.

Continuando hacia abajo y, to­mando el camino de la derecha, se llega a la Ciudad Ducal (2*) (por la zona del embalse), pero si uno gira a la izquierda se topa con los prados de Blascoceo, donde el arroyo del Cor­cho nos sorprende con varios restos de molinos, y si continuamos hacia ade­lante entonces emergen los primeros pinos piñoneros, el anuncio de que es­tamos adentrándonos en el término de Hoyo de Pinares.

Es una ruta que se puede hacer andando, en moto, en bicicleta de mon­taña, a caballo o en un todote­rreno. A nadie defraudará.

En la ermita de San Miguel se han casado varias parejas, entre ellas el matrimonio formado por Kiki Landa y Elvira. Precisamente a Kiki Landa, a José Luis Fernández, "Coche", y a la asociación de vecinos San Miguel de la Ermita debemos que la Estación no se muera en el verano y que el Ayunta­miento no nos olvide el resto del año.



(1*) Barrio de Las Na­vas del Marqués que recibe di­cho nombre por estar situado en los alre­dedores de la esta­ción del tren.
(2*) Barrio residencial del término de Las Navas del Marqués.
*Capítulo del libro “Vida secreta de Las Navas del Marqués” de Tomás Gar­cía Yebra. Ediciones Liberta­rias, 2001


TOMADO DE 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº. 9 y PAGINAS 4 y 5
__________
Fotos: Tomás García Yebra

SALAH GAHIN y RUMÍ: RUBAYATAS


Rubayatas de Salah Gahin y Rumí *

1.
A pesar de que todas las criaturas son de barro
y todas ellas nacen con los ojos cerrados,
minutos, meses y años des­pués
encuentras mala y buena gente.
¡Me asombro!
2.
Me asombro... me asom­bro de ti, tiempo,
padre de casos insólitos, haces llorar sangre a mis ojos:
cómo elijo yo para mi alma camino
y yo en la vida entro obli­gado.
¡Me asombro!
3.
Obligado a vivirte, ma­ñana, forzado a ti, noche;
no entré en la vida por mis pies, ni tuve ganas:
me llevaban en brazos cuando entré en la vida
mañana llevado en brazos saldré de ella.
¡Me asombro!
4.
Años pasan años por mí, un grupo tras otro:
uno me tomó por hijo, otro por marido,
y el tercero por padre me tomó, y el cuarto ¿qué,
qué hace quien tira la ola a otra ola?
¡Me asombro!
5.
Sin rayos que desgarren la oscuridad estoy,
con miedo, de pie en mi lu­gar que no abandono,
y cuando llega la luz y veo los caminos,
aún más dudo... ¿Cuál tomo?
¡Me asombro!
6.
Curioseé mucho en el uni­verso y me ocupé
y pregunté por qué y para qué.
Hago preguntas... la res­puesta se vuelve pregunta.
Salgo y mis dudas son más que cuando entré.
¡Me asombro!
7.
De la nada salió el hijo de Adán, y dije: ¡oh!
A la nada volvió el hijo de Adán, y dije: ¡oh!
Tierra que revive... y el vivo se convierte en tierra
¿Es el origen la muerte o la vida?
¡Me asombro!

8.
Enterrado el feliz en un mausoleo de mármol,
Y dentro de un hoyo sin mortaja un desconocido.
Por ellos pasé, y dije: ¡que curioso!
Los dos huelen a la misma podredumbre.
¡Me asombro!
9.
Muchas veces encontré amigos, y no les traté,
Y copas de vino y bebida, y no las bebí;
me arrepiento de las opor­tunidades que dejé
o de las ocasiones que no había dejado.
¡Me asombro!
10.
Este universo cómo existe sin fronteras:
en él hay escorpiones, ser­pientes y gusanos.
Un sabio experto pasó, y dijo: “saludos.
Hay muchas preguntas sin respuesta.”
¡Me asombro!
11.
Corazón, el tiempo engaña a traición,
Llegará el día en que vas a necesitar un grano de fe.
Mi corazón tembló y me preguntó: “En qué creer,
en que creer, dudo hace tiempo.”
¡Me asombro!
12.
Oh puerta cerrada... ¿cuándo se abrirá?
Soporté mucho, y el pa­ciente alcanzará su meta.
Llamé años... y la res­puesta me vuelve: ¿quién?
Si supiera quién soy yo, lo diría,
¡Me asombro!
13.
Soy joven, pero mi edad es de más de mil años;
solo, pero entre mis costi­llas hay mucho gentío.
Tengo miedo, pero me temo a mí mismo.
Mudo, pero mi corazón está lleno de palabras.
¡Me asombro!
14.
Amo la vida, aunque hubiese de vivir en las selvas.
Me levanto como me alum­bró mi madre, y duermo.
Ave, animal, insecto, humano, pero vivo
¡Qué bonita es la vida!, aunque sea en forma de planta.
¡Me asombro!


*Salah Gahin poeta egipcio polifacético: escribió teatro (para el teatro nacional y para el teatro de títe­res), fue pintor, dibujante (autor de la primera película de dibujos ani­mados en 1952), autor de centenares de canciones (muy famosas en Egipto); pero también fue premiado por la ciencia además de por el arte... Murió en 1986. Y esta es la primera vez que se traduce al castellano. Lo hace Ahmed Zacarías Ahmed (Egipto, 1962), doctor en filología hispánica por la Universidad Com­plutense cuya tesis doctoral versó so­bre la investigación y translitera­ción del manuscrito aljamiado nº XXIX del CSIC y que trabajó de profesor en la universidad cairota de Ain Chams hasta 1988. Actualmente es empresario madrileño.

En 'caminar conociendo' solo aparecieron las siete estrofas primeras. En el lugar de las siguientes se colocó unas rubayatas inéditas del gran poeta iraní Yalal ud-Din Rumí en la página 8. Ahora no las tenemos. Pero averiguaremos quién las tenga.

ARCONADA Y EL GATO DE LA EDICIÓN



ARCONADA Y EL GATO DE LA EDICIÓN

Por Gonzalo Santonja

Leí mi tesina sobre César Muñoz Arconada al filo de la muerte de Franco y recientemente, apenas hará dos años, un magnífico alumno de doctorado en la Universidad Complutense presentó, bajo mi dirección, una tesis verdaderamente brillante y exhaustiva sobre los primeros años del escritor en el Diario Palentino, estableciendo una pauta a mi juicio decisiva para entender su posterior proyección, que fue mucha, porque Arconada, se tenga o no presente, sentó plaza de protagonista en las múltiples encrucijadas de la Edad de Plata de nuestra literatura, desempeñando un papel crucial tanto en el episodio de las vanguardias como en el movimiento rehumanizador y en su intensificación hacia la plenitud del compromiso. O sea, que a estas alturas llevo más de cinco lustros de familiaridad con su obra y, paradójicamente, cada año que pasa la veo más cubierta de olvido, antes censurada por el franquismo y hoy víctima –víctima rampante- de la desmemoria, favorecida si acaso por gestos efímeros pero sin calado.
Al respecto, ni siquiera sirvió la gran ocasión del centenario de su nacimiento (le tocó venir al mundo por Astudillo, en Palencia, que no está nada mal, el 5 de diciembre del señaladísimo año de 1898), que pasó de largo con pena y sin gloria. Que yo sepa, media docena de conferencias aisladas, el frustrado proyecto de alguna publicación y un ciclo en Palencia, al amparo de la Universidad de Verano “Casado del Alisal”, tan interesante (y logrado, porque los ponentes se emplearon a fondo) como inadvertido, nada tumultuoso de asistencia y, para mí, incomprensiblemente desasistido por los medios de comunicación de cuya más noble historia nuestro personaje formaría parte.
Poeta ultraista, y de los buenos, que en el ultraismo no fueron tantos, (Ge­rardo Diego, Pedro Garfías y muy poco más) impulsor con un breve puñado de ani­mosos amigos de un precoz suplemento lite­rario en el ya citado Diario Palentino, biógrafo brillante de míticas estrellas de la pantalla (su aproximación a Greta Garbo, publicada en 1929, daría, sin exageraciones, la vuelta al mundo, traducida por doquier, con frecuencia en la subvariante pirata), na­rrador y dramaturgo “comprometido”, con el vuelo de su imaginación –debe recono­cerse; en literatura de nada sirven las medias verdades- contenido por los limitadores su­puestos del socialrealismo (en su caso, y también debe anotarse, atemperados por la rica lección de la vanguardia, germen de un lirismo al que jamás renunció), y luego, ya en el exilio, divulgador fecundo en los paí­ses de la órbita soviética de nuestra litera­tura mayor, la de los Siglos de Oro (su adaptación de La Gitanilla cervantina cono­ció el éxito de los escenarios hasta el fi­nal de la URSS, anualmente aupada a las carteleras del Teatro Gitano de Moscú), siempre con sus lejanos paisajes de la Palen­cia profunda pegados a las puntas de la pluma, irrenunciablemente fiel al caste­llano preciso de las gentes austeras de Tie­rra de Campos, con la mirada –así lo refle­jan las fotografías- sembrada de nostalgias y, en las últimas imágenes, evidentemente volcada hacia los adentros, como buscán­dose en los débiles reflejos del sol del ocaso, de los ocasos.
De Arconada quedan libros inéditos. Libros, reitero, que no cuadernos de apun­tes. Libros extensos; años llevo recordán­dolo. En mi biblioteca guardo copia de dos: una biografía de José Díaz, de la que di am­plia noticia en el congreso sobre el exilio que en 1999 se celebró en Salamanca (a punto de salir estarán las Actas correspon­dientes); y un denso reportaje sobre la China de Mao Tsé Tung, donde tuvo la fortuna de que unos impresionantes desbor­damientos le dejasen aislado de los burocráti­cos guías que las autoridades le habían asignado. ¿Cuándo saldrán? Ya me gustaría saberlo. Si alguien pone el cascabel a ese gato, buen cascabeleador será.


Gonzalo Santonja es profesor de Literatura y escritor


EN 'CAMINAR CONOCIENDO' Nº. 9 PÁGINA 10

CÉSAR M. ARCONADA: OBRAS Y BIBLIOGRAFÍA




César M. ARCONADA: OBRAS y bibliografía:

· En torno a Debussy (1926) Autor: César M. Arconada
· Urbe. Poemas. Imprenta Sur, Málaga (1928) Autor: César M. Arconada
· Vida de Greta Garbo (1929) Autor: César M. Arconada
· La turbina. Novela (1930) Autor: César M. Arconada
· Cuentos de amor para tardes de lluvia (1930) Autor: César M. Arconada
· El viento del Este, (novela) de S. Zeromski; Madrid: ediciones Ulises, 1931 (Traducción directa del polaco por Mauricio Amster y C.M. Arconada.
· Tres cómicos del cine: [Charlot, Clara Bow, Harold Lloid]. Madrid / Galo Sáez, Madrid; 284 pag. + 1 hoja. Autor: César M. Arconada
· Tres cómicos del cine. Madrid / Ediciones Ulises, 1931; 288 pag. + 2 hojas. Autor: César M. Arconada
· [Vida de Greta Garbo. Portugués] Lisboa / Tip. de Emprêsa Nacional de Publicidade, 1932. Autor: César M. Arconada
· Los pobres contra los ricos. Paris / Publicaciones de Izquierda, 1933 Autor: César M. Arconada
· Reparto de tierras. París / Publicaciones de Izquierda, 1934. Autor: César M. Arconada
· Vivimos en una noche oscura. Poemas. (1936) Autor: César M. Arconada
· Tres farsas para títeres. Teatro (1936) Autor: César M. Arconada
· Romances de guerra (1937) Autor: César M. Arconada
· La conquista de Madrid (farsa dramática) 1937 Autor: César M. Arconada
· España invencible (relatos). Autor: César M. Arconada
· Manuela Sánchez. Drama teatral. Autor: César M. Arconada
· Cuentos de Madrid (1942) Autor: César M. Arconada
· Biografía de José Díaz. Autor: César M. Arconada
· ¡Vive Dolores! (1949) Poema. Autor: César M. Arconada
· El 40 paralelo. De Pekín a Madrid (1956). Poema. Autor: César M. Arconada
· Reportaje sobre China (¿1956?) Autor: César M. Arconada
· Canción a las huestes de Igor. Serie de poemas de escritores rusos Pushkin, Lérmontov, Nekrasov, traducidos al castellano por Arconada y Kostantin Khedin. Según Soledad Sancha no le quisieron publicar estos poemas a Arconada “porque no había escrito nada sobre la Unión Soviética”.
· Reka Tajo. Praha / Státní Nakladatelsví Krasné Literatury a Umeni, 1964 Autor: César M. Arconada
· Naranja de Gandía (1964). Poema dedicado al escritor valenciano José Santacreux y a su mujer Pepita que lo visitaron poco antes de morir en el sanatorio moscovita. Posiblemente el último escrito que saliera de su pluma. Autor: César M. Arconada
· Obras escogidas: Los pobres contra los ricos, Reparto de tierras, Río Tajo. Moscú / Progreso, 1970. 2 tomos. Autor: César M. Arconada
· Los pobres contra los ricos. La Habana / Editorial Arte y Literatura, 1977 Autor: César M. Arconada
· La Guerra de Asturias: (crónicas y romances) Edición a cargo de Gonzalo Santonja Madrid / Ayuso 1979; 127 páginas.
· Reparto de tierras. Badajoz / Diputación Provincial; Palencia / Diputación Provincial, 1988. Autor: César M. Arconada
· Río Tajo. Madrid / Akal, 1978. C. M. Arconada; prólogo de J.A. Hormigón, 335 páginas.
· De Astudillo a Moscú. obra periodística. Autor: Muñoz Arconada, César. Introducción de Christopher H. Cobb. Editor: Valladolid: Ámbito, 1986, 359 p.

Título: EL EXILIO CULTURAL DE LA GUERRA CIVIL (1936-1939) SEPARATA: Biografía apagada de José Díaz (Una obra inédita de César Muñoz Arconada); Autor: Gonzalo Santonja (Profesor de la Universidad Complutense de Madrid). AQUÍLAFUENTE. Ediciones Universidad (Salamanca)
*La obra de C. Arconada: de la “deshumanización al compromiso” B. Magnien, en Sociedad, política y cultura en la España de los siglos XIX y XX, ed. De M. Tuñón de Lara (Madrid, 1973)
*El ultraismo asimilado: valoración de Urbe de C. M. Arconada C. Le Bigot, en Canente, número 8 (1990)
C. M. Arconada: una recuperación (estudio, bibliografía y antología) José A. Guerrero Villalba. Granada: Servicio de publicaciones, Universidad de Granada, 1990.
El movimiento V. P.: novela; de Rafael Cansinos-Assens; prólogo de Juan Manuel Bonet y epílogo: entrevistas con Cansinos-Assens por Cesar M. Arconada.
Título: La novela social española en los años 1928-1931; autor: Victor Fuentes; Fuente: Insula, nº 278, año XXV, enero 1970.
Título: La novela social española (1931-1936): temas y significación ideológica; autor: Victor Fuentes; Fuente: Insula, nº 288, año XXV, noviembre 1970.
Título: César M. Arconada y el cine. Autor: Luis García Jambrina. Fuente: Clarín: Revista de Nueva Cultura, 1999 nov-dic; IV (24)
Autor: Ramos Castañar, Fulgencio. Título: ‘Reparto de Tierras’, de César M. Arconada; Pie de imprenta: (Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, 1990, p. 247-253;Año de publicación: 1990;Clasificación: Siglo XX: Autores y obras: Arconada, César M.
Autor: Guerrero Villalba, José Antonio. Título: La poesía de César M. Arconada. Pie de imprenta: (En homenaje a A. Gallego Morell. Granada. Universidad. 1989, II 1989, p. 109-117). Año de publicación: 1989. Clasificación: Siglo XX: Autores y obras: Arconada, César M.
Autor: Cobb, Christopher H.. Título: César M. Arconada, síntesis de la vida intelectual española, 1920-1939. Pie de imprenta: (Grandes periodistas olvidados. Madrid. Banco Exterior, 1987, p. 121-151). Año de publicación: 1987. Clasificación: Siglo XX: Autores y obras: Arconada, César M.
Autor: Santonja Gómez, Gonzalo. Título: César M. Arconada. Bio-Bibliografía. Pie de imprenta: (Publicaciones de la Institución ‘Tello Téllez Meneses’, Palencia, 1982, núm. 47, p. 5-57). Año de publicación: 1982. Clasificación: Siglo XX: Autores y obras: Arconada, César M.
Documento: 269672. Título: Recuperación de una revista literaria de la II República Española: “Sur” (Málaga, 1935-1936). Autores: Gutiérrez Navas, María Dolores. Revista: Javega. Datos-Fuente: 1990, (68): 68-74,90 ref. Issn: 0210-8496. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 600108. Notas: sumarios de los números 1 y 2 de la revista “Sur”. Descriptores: revistas literarias, antifascismo, literatura comprometida. Identificadores: Sur (revista), Adolfo Sánchez Vázquez, César M. Arconada, José Luis Cano, Manuel Altolaguirre, Eusebio García Luengo, Pablo Antonio Cuadra, Arturo Serrano Plaja, Emilio Prados. Topónimos: Málaga. Periodo-Histórico: 1935.
DE CESAR M. ARCONADA (1898-1964)
Documento: 269585. Título: “Reparto de tierras” de César Arconada. Autores: Ramos Castañar, Fulgencio. Revista: Revista de Estudios Extremeños. Datos-Fuente: 1990, 46(1): 247-253,11 ref. Issn: 0210-2854. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 601604. Descriptores: reforma agraria, novela social, literatura comprometida. Identificadores: Arconada, César M. Siglo: 20.
Documento:247314. Título: ¿Avanzada o “avanzadilla”?: la España irredenta y la “Turbina” de César Muñoz Arconada. Autores: Ara Torralba, Juan. Lugar-Trabajo: Universidad de Zaragoza, España.
1. Revista: Cuadernos de Investigación Filológica. Datos-Fuente: 1991, 17(1-2): 141-155, 22 ref. Issn: 0211-0547. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 601604. Descriptores: novela, temática, campo, ciudades, regeneracionismo. Identificadores: César M. Arconada, La Turbina, José Ortega y Gasset, La redención de las provincias, Editorial Ulises, Luis Bello, Viaje por las escuelas de España. Topónimos: Astudillo, Palencia, España. Siglo: 20.
2. Documento: 222962. Título: Reseñas. Rótulo-Inglés: Review. Autores: Crespo, Ángel. Descriptores: Poesía comprometida, preguerra, guerra civil, postguerra, revistas literarias, literatura española, poesía. Identificadores: J. Lechner, compromiso en la poesía española del siglo XX: de la generación de 1898 a 1936, Mauricio Bacarisse, José María Morón, Ramón de Basterra, José María Pemán, Arturo Serrano Plaja, Cesar M. Arconada, José María Pla Quiroga, Juan Gil-Albert, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Ernestina de Champourcin, Ramón de Garciasol, Leopoldo de Luis, José Agustín Goytisolo, Gabino-Alejandro Carriedo, Revista Octubre, Revista La Poesía, Revista Caballo Verde para la Poesía, Revista Espadaña, Revista Gracilazo, Revista Poesía de España. Revista: Revista Hispánica Moderna. Datos-Fuente: 1976-1977, 39(1-2): 36-38. Issn: 0034-9593. Idioma: inglés. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 601602. Topónimos: España. Siglo: 20.
3. Documento: 201403. Título: Alberti y las publicaciones periódicas “comprometidas” durante los años treinta. Autores: Gonzalo Santonja Gómez. Revista: Cuadernos Hispanoamericanos. Descriptores: prensa política, antifascismo, literatura comprometida. Identificadores: María Teresa León, Rafael Alberti, Revista Octubre, Revista Fray Lazo, Revista el tiempo presente, César M. Arconada, Arturo Serrano Plaja,
Emilio Delgado, Revista Ayuda, Revista Nueva Cultura, Joseph Renau Berenguer. Datos-Fuente: 1993, (514-515): 352-360, 4 ref. Issn: 0011-250x. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 600603, 600108.
Documento: 201367. Título: La generación del 27 y el cine. Autores: Agustín Sánchez Vidal. Revista: Cuadernos Hispanoamericanos. Localización: isoc. Clasificación: 600408, 851140. Descriptores: cine, guión cinematográfico, crítica de cine. Identificadores: Generación del 27, Cesar M. Arconada, Francisco Ayala, Antonio Espina, Andrés Carranque de Ríos, Guillermo Díaz-Plaja, Vicente Huidobro, Guillermo de la Torre, Benjamín Jarnés, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Luis Buñuel, Ricardo Urgoiti, Juan Larrea, Ramón Gómez de la Serna, Manuel Altolaguirre, Misiones Pedagógicas. Datos-Fuente: 1993, (514-515): 125-142, 37 ref. Issn: 0011-250x. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada.
Documento: 201363. Título: La narrativa de la generación del 27. Autores: José Esteban. Revista: Cuadernos Hispanoamericanos. Datos-Fuente: 1993, (514-515): 125-142, 37 ref. Issn: 0011-250x. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 601604. Descriptores: narrativa, experimentalismo, vanguardismo. Identificadores: José Ortega y Gasset, deshumanización del ARTE, nova novarum, Mauricio Bacarisse, Antonio Espina, Juan Chabas, Antonio Porras, Claudio de la Torre, Mario Verdaguer, Ángel Valbuena Prat, Pedro Salinas, Ernesto Jiménez Caballero, José Bergamín, Manuel Benavides, Cesar M. Arconada, Joaquín Arderíus, Generación del 27. Siglo: 20.
Documento: 183211. Título: La novela corta revolucionaria. Autores: Gonzalo Santonja Gómez. Publicación: Cuadernos Hispanoamericanos. Datos-Fuente: 1987, (449): 87-102,27 ref. Issn: 0011-250x. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 601604. Topónimos: España. Descriptores: novela corta, colecciones semanales, novela de propaganda, prensa literaria. Identificadores: Eduardo Zamacois, Augusto Vivero, Joaquín Arderíus, Victorio Macho, César M. Arconada, Alicio Garcitoral, Rafael Jiménez Siles, Graco Marsa, La novela roja, la novela proletaria, la novela ideal, el cuento semanal, Ediciones Libertad, Editorial Cenit, La II República. Periodo-Histórico: 1910: 1939.
Documento: 175116. Título: Narrativa española del exilio. Revista: Anthropos. Issn: 0211-5611. Datos-Fuente: 1987, (73): 76-80. Idioma: español. Topónimos: España. Siglo: 20. Tipo-Documento: Arconada. Modo-Documento: re. Localización: isoc. Clasificación: 601604. Descriptores: narrativa, guerra civil, bibliografía. Identificadores: Paulino Masip, Ángel Samblancat, Segundo Serrano Poncela, Max Aub, Ramón J. Sender, Virgilio Botella Pastor, César M. Arconada, José Ramón Arana.
Documento:152923. Título: Notas sobre la introducción del surrealismo en España. Autores: Julia Neira. Publicación: Boletín de la Real Academia Española. Localización: isoc. Codificación: 600602. Descriptores: surrealismo, bibliografía. Identificadores: José María Hinojosa, Juan Larrea, Guillermo de la Torre, César M. Arconada, Pierre Picón, José Bergamín, José Moreno Villa, Generación del 27. Issn: 0210-4822. Datos-Fuente: 1983, 63(228): 117-141, 21 ref. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Topónimos: España.
Documento: 117738. Título: La poesía de los años 30, en la línea del hombre: el caso de la revista “Octubre” (1933-1934). Autores: Antonio Sánchez Zamarreño. Publicación: Studia Zamorensia. Datos-Fuente: 1986, (7): 281-290,10 ref. Issn: 0211-1837. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Codificación: 601602. Descriptores: poesía, tendencias, rehumanización, revistas literarias, literatura comprometida, literatura española, poesía. Identificadores: Rafael Alberti, Maria Teresa León, César M. Arconada, Emilio Prados, Luis Cernuda, Arturo Serrano Plaja. Siglo: 20.
Documento:53846. Rótulo: El compromiso en la literatura: la narrativa de los escritores de la generación del nuevo romanticismo (1926-1936). Escritores: María Francisca Vilches de Frutos. Datos-Fuente: 1982, 7(1): 31-58, 31 ref. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Situación: isoc. Codificación: 601604. Detalladadores: nuevo romanticismo, novela, literatura comprometida. Emparejadores: Isidoro Acevedo, César M. Arconada, Joaquín Arderíus, Manuel D. Benavides, Andrés Carranque de Ríos, José Corrales Egea, José Díaz Fernández, Alicio Garcitoral, José Mas, Ramón J. Sender, Julián Zugazagoitia, Rosa Arciniega, Matilde de la Torre, Graco Marsa, Ángel Gómez Gorkin, Luisa Carnes, Juan Antonio Cabezas, José Antonio Balbontín, Ángel Samblacat. Periodo-Histórico: 1926: 1936.
Documento: 43164. Título: Juan Antonio Ballesta: “literatura y tecnología. Las letras españolas ante la revolución industrial (1900-1933). Autores: Gemma Roberts. Lugar-Trabajo: Miami Univ. (Estados Unidos). Revista: Anales de la literatura española contemporánea . Datos-Fuente: 1981, 6: 300-302. Issn: 0272-1635. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Modo-Documento: re. Localización: isoc. Clasificación: 600404; 601600. Descriptores: vanguardismos, tecnología, revolución industrial, poesía, narrativa. Identificadores: Juan Cano Ballesta, literatura y tecnología, César M. Arconada, Francisco Ayala, Antonio de Obregón. Topónimos: España. Periodo-Histórico: 1900: 1933.
Documento: 37799. Título: Greguería y poema en prosa en tres novelas sociales de la generación del 27. Autores: Juan Manuel Rozas López. Revista: Anuario de Estudios filológicos . Datos-Fuente: 1979, (2): 251-269, 12 ref. Issn: 0210-8178. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Localización: isoc. Clasificación: 601602; 601604. Descriptores: greguería, poemas en prosa, novela social, literatura española, poesía, narrativa. Identificadores: Ramón Gómez de la Serna, José Díaz Fernández, La Venus Mecánica, La Turbina, César M. Arconada, Pero sin Hijos, Esteban Salazar Chapela, Generación del 27.
Documento: 6643. Título: Mito y Sociedad: Ramiro Pinilla-Carranque de Ríos-Arconada. Autores: Rafael Conte. Revista: Insula. Datos-Fuente: 1975, (348): 5-5. Issn: 0020-4536. Idioma: español. Tipo-Documento: Arconada. Modo-Documento: re. Localización: isoc. Clasificación: 601604; 600502. Descriptores: novela social. Identificadores: Ramiro Pinilla, El Salto, Andrés Carranque de Ríos, La vida difícil, César M. Arconada, La turbina. Topónimos: España.


TOMADO DE LAS PÁGINAS 11 y 12 'CAMINAR CONOCIENDO' Nº 9

César M. Arconada: DANCING

Dancing

por César M. Arconada
(Parábola, número 6, mayo 1928)


Y la tarde estará turbia de ojos negros.
Y el frío desbandará los brotes primaverales de los árboles.
Y los autos abrirán espesuras de distancia por el bosque de las
[sombras nocturnas.
Y la gente traficará. Vivirá. Llenará de minutos sus bolsillos.
[Sembrará pasos y elevará sonrisas.
Y todas las máquinas estarán dormidas en su domingo de anclaje.
Pero nosotros estamos ahora desvividos en fanales de música.
(Dancing. Farolillos de corazones. Ajedrez de amor en los
[manteles.
Frisos de ruidos. Risas. Oleajes. Pupilas de té.
Cabelleras rubia oxigenadas de melodías.
-Y la bella: bella. Y el bailarín: bailarín. Y mañana,
las mecanógrafas tendrán tinta de ojeras para las cintas de sus
[máquinas-.)

Mi frente en tu frente. Tu cuerpo en mi cuerpo. Uno en otro
Dentro de la concavidad de los ritmos.
El baile nos centra en su eje de aguas azules.
Flexiones y vuelos. Redondo periplo al margen de mesas
Habitadas por tribus de cristalería.
En tu frente noto el calor de las estrellas –altas- de tus sueños.
Y en las manos –Mecanógrafa mía- las pulsaciones de la máquina
[de escribir.
Llueven fusas de tango y desmayos de luces veladas.
-Y la rubia: rubia. Y el amante: amante. Y luego,
las costureras tendrán hilos de amor para coser sus sueños-.
Arriban a la comba de mis brazos –bahía en angostura-
Palpitantes perfiles, truncos de ritmos ágiles.
Los pies devanan música. Cantan fuego los corazones.
Años tiernos en tumulto. Agitación. Saltos. Alegría.
Todos tenemos en acción los émbolos del baile.
Apóyate en mis ojos. Los dos hemos andado kilómetros de abismos
Entre vientos de música y tráfico de apretadas parejas:
No sabemos si fuera bullirá igual el mundo,
Ni si se habrán borrado nuestros propios caminos...
-Y la joven: joven. Y el burgués: burgués. Y esta noche
todo dormirá –por fin- su ritmo de orden-.

CAMINAR CONOCIENDO, PÁGINA 13, Nº 9

BAILANDO CON LA VANGUARDIA


BAILANDO CON LA VANGUARDIA

Por Paz Díez-Taboada

Hace algún tiempo que, en el mundillo literario, hay un cierto afán por recuperar la memoria de algunas figuras literarias a las que la Guerra Civil u otras tristes vicisitudes apartaron de nosotros, para que no caigan en el negro olvido, al que tan proclives somos por estos pagos. Así, y no hace muchos años, la vallisoletana Ámbito editó una selección de la obra periodística del escritor Cesar M[uñoz] Arconada (Astudillo, Palencia, 1898; Moscú, 1964) (*), edición en que también se incluyen algunas de sus primeras muestras poéticas, publicadas en Diario Palentino, o “Dancing”, interesantísimo poema que vio la luz en Parábola, revista vanguardista castellana; y todos ellos anteriores a Urbe (Málaga, Sur, 1928), su primer poemario, próximo al surrealismo, al que siguieron Vivimos en una noche oscura (1936), Romances de la guerra (1937) y Dolores (1945), escrito ya en su exilio moscovita.
En el citado periódico de Palencia, el 16 de octubre de 1920, y bajo el epígrafe “Poesías de amor”, aparecieron “Contrastes”, “Y te quiero olvidar...” y “Su paso”. El primer poema –tres serventesios endecasilábicos asonantados en los pares y los dos primeros rematados en un heptasílabo posee un inconfundible tono becqueriano, pues el yo poético, dirigiéndose a una amada esquiva, rememora su petición de amor y la respuesta negativa y sonriente de ella, en contraste con el sí que, posteriormente, otorga llorosa a un mentiroso arlequín; y, a manera de epifonema, remata con una sentencia en la que equipara mujer y misterio. El segundo poema, también de estructura tripartita y métrica semejante –aunque aquí el quiebro del heptasílabo se encuentra en el tercer verso-, presenta la imposibilidad del olvido tras un pasado de amor, en el presente del desamor y aun ante el sueño de un ya imposible futuro amoroso; y si en el “cuando” que abre cada estrofa nos parece oír el eco de algunas rimas becquerianas –la XXV (“Cuando en la noche te envuelven...”) o la XXVIII (“Cuando entre la sombra oscura...”)-, es, sobre todo, en el “¡pero no puedo!”, ritornelo con que remata las tres estrofas, en donde creemos estar ante una paráfrasis del “¡No pudo ser!” de la rotunda rima XLI.
El tercer poema, en cuartetas consonánticas octosilábicas, es ya “otra cosa”. Tras los cristales de su hogar, el yo poético contempla un melancólico paisaje urbano, otoñal y crepuscular, y se muestra atento a la presencia de la mujer. Tanto por el asunto de la “proximidad de la amada” y, sobre todo, por el final en que ELLA –con mayúsculas- se hace presente, este “Su paso” de Arconada recuerda aquel poema del intimista Eusebio Blasco, fechado en París, en enero de 1870, que comienzo: “Son las tres; va a venir; me ha prometido // pasar toda una tarde junto a mí...; // todo la espera..., el cuarto perfumado...” y remata: “Me late el corazón; ¿será que llega?... // La seda oigo crujir... // Ya resuenan sus pasos temerosos... // Se acerca... ¡Ya está aquí!”.
Cuatro meses después de estos poemas intimistas de tono postbecqueriano, publica Arconada un primer artículo sobre “El Ultraismo” (5-II-1921) –única tendencia vanguardista genuinamente española, promovida por Ramón Gómez de la Serna, Rafael Cansinos-Assens y Guillermo de la Torre-. En él confiesa paladinamente: “estoy de todo punto conforme con la esencia del credo ultraísta, aunque yo no me clasifico así porque no me gustan los determinativos ni encasillados. Es preciso convencer a la gente [de] que la mayor parte de todos los versos que hasta aquí se han escrito no son nada más que un revoltijo de tópicos y de lugares comunes muy sonorizados, pero con un sonido muy de hojarasca”; y, en consecuencia, promete a sus lectores que en la próxima colaboración publicará unos poemas de corte ultraísta.
En efecto, el 9 de febrero y dedicadas a sus amigos poetas palentinos, ven la luz “tres composiciones ultraístas, entresacadas de un libro de poemas que preparo”, no obstante lo cual, no fueron recogidas en Urbe ni en poemarios posteriores. En “Desencanto”, “Amplitud” y “Dos palabras”, Arconada quiebra y disloca versos y ritmo, y trata de alejarse de manidas expresiones amorosas; pero se le escapan, por aquí y por allá, rimas descontroladas y el léxico y las imágenes siguen siendo tópicas y convencionales. Todavía el 6 de octubre y bajo el epígrafe “Sed”, publica otros dos poemas de intención semejante, “Triunfo” y “Voluntad”, que adolecen de lo mismo y, a mi entender, aún con menor acierto poético.
Sin embargo, tras estos intentos vanguardistas, el 3 de noviembre del mismo año y con el título “Tres fases”, aparece un poema, en serventesios decasilábicos,’ ’inconfundiblemente modernista; pero no a la luminosa manera rubendariana, sino próximo al blando “neorromanticismo” de Villaespesa o de ciertos poemas de Benavente. A la hora del crepúsculo y en un jardín con sus inevitables fuentes y frondas de Watteau, una pareja de amantes se dicen frases musicales, cantinela y madrigales: es el amor; luego, marchan unidos y encendidos por el deseo: un Orfeo que ¡ay! “canta canciones de podredumbre”; así que ya no hay “encuentro en la tercera fase”, porque roto el “epitalamio breve y risueño”, se ha producido el definitivo alejamiento. El “romántico vergel florido” es ahora un solitario jardín umbrío valleinclaniano: ha triunfado el Hastío.
Habrá que esperar algún tiempo hasta que la voz de Arconada se muestre madura y en línea con tonos y asuntos de las “vanguardias poéticas”, que cantaron elementos y actividades inconfundiblemente modernos como, por ejemplo, las máquinas y las fábricas, el telégrafo y el teléfono, el automóvil y el aeroplano, la fotografía y el cine, el deporte o el baile “siglo XX” –así, José Moreno Villa, en “Bailaré con Jacinta la Pelirroja” (1929), o Vicente Aleixandre, en “El vals” (1930)-. En “Dancing”, que desde el anglicismo del título anuncia su afinidad con el vanguardismo, exalta Arconada la alegría ruidosa y frenética de una sala de baile popular y multitudinaria en una fría tarde de domingo: “Y todas las máquinas estarán dormidas en su domingo de anclaje. // Pero nosotros estamos ahora desvividos en fanales de música”. El ambiente es un pandemonium de ruido y bullicio, de risas y música, de movilidad tumultuosa –“Agitación. Saltos. Alegría. // Flexiones y vuelos”- en que se agitan, pululan y palpitan “cabelleras rubias oxigenadas de melodías”, y la bella y el bailarín, la rubia y el amante, la joven y el burgués, mecanógrafas y costureras y el propio yo poético, en torno de “mesas habitadas por tribus de cristalería”, bajo la lluvia del tango y las “luces veladas”...

El “dancing” resulta ser, pues, un nuevo “locus amoenus”, un moderno paisaje idílico o un frenético paraíso artificial en que los amantes se encuentran y chocan arrebatados por los ritmos obsesivos y excitantes de la música moderna: “Mi frente en tu frente. Tu cuerpo en mi cuerpo. Uno en otro // dentro de la concavidad de los ritmos. // El baile nos centra en su eje de alas azules”. Sin embargo, la tarde de domingo es sólo un “impasse” reglamentado, porque el trabajo espera, agazapado, concediendo apenas una breve tregua... Aunque ahora tiene todos “en acción los émbolos del baile”, “mañana // las mecanógrafas tendrán tinta de ojeras para las cintas de sus máquinas... // Y luego, // las costureras tendrán hilos de amor para coser sus sueños. // Y esta noche // todo dormirá –por fin- su ritmo de orden.”

(*) De Astudillo a Moscú. Obra periodística. Estudio preliminar de Christopher H. Cobb. Valladolid, Ámbito, 1986. Ya en 1978, Akal, de Madrid, reeditó la novela Río Tajo (1938) que fue Premio Nacional de Literatura. La obra de Arconada ha sido el objeto de la tesis de doctorado de José A. Guerrero (Universidad de Málaga)


EN 'CAMINAR CONOCIENDO' PÁGINAS 14 y 15

Eusebio García Luengo: 3 FARSAS PARA TÍTERES

“TRES FARSAS PARA TÍTERES”

Madrid: Ediciones Izquierda, 1936

(Nueva Cultura, número 13, julio de 1936)

Hay escritores que van a redropelo de la historia. Otros que la siguen o acompañan. También quien la alumbra. De los últimos es Arconada, al que habrá que recurrir cuando de estudiar nuestro tiempo se trate, pues lo va historiando literariamente.
Ya se sabe que la viabilidad de la obra, su dinámica, se da proporcional a lo que refleje y transforme la vida de su tiempo. En este sentido funcional la literatura de Arconada es de las de más claro impulso.
Las últimas obras de Arconada componen en verdad un ciclo que, por gala de variedad en el autor, toca distintos géneros. También podría decirse que es una única gran obra, primero hecha novela, después poesía, más tarde teatro...
O sea, Arconada va alumbrando la historia y la literatura –tanto vale- de su época en el doble aspecto: en cuanto a tema y en cuanto a género.
En efecto, llega la revolución republicana y su fracaso revolucionario, y Arconada escribe “Los pobres contra los ricos”. Replica también a los que andaban enredados en buscar “lo nuevo”. Continúa con “Reparto de tierras”, cuando la historia madura de modo que el tema, que se ve que Arconada no es sino ese cosechero literario que siembra su mirada y su sensibilidad en su tiempo y en su tierra y recoge lo más ingente, lo más granado y fecundo...
Del mismo modo comienza la poesía revolucionaria a dar quehacer a poetas y críticos. Y Arconada publica “Vivimos en una noche oscura”, que, por una parte, trasplanta un enorme motivo cernido sobre nuestras vidas y, por la otra, muestra una manera poética revolucionaria. Por último, cuando a todos nos hostiga la urgencia de un teatro revolucionario, Arconada nos da “Tres farsas para títeres” que, como él dice, puede ser también para hombres.
¿Son obras distintas –imposible averiguar hasta cuando una obra contiene esencia independiente- o pertenece al mismo cielo interpretado de todos los modos para completarle? Ambas cosas. Son distintas caras de la misma gran obra de su tiempo. Distintas expresiones de la misma gran expresión del primer estado social. Distintas voces del mismo gran cuerpo popular.
De su último angustioso esfuerzo para reivindicar al subhombre, Arconada parece querer descansar y hacer unas desaforadas volteretas con sus criaturas. Ya es hora que riamos un poco, parece decir. Que si hay mucho triste, también hay mucho grotesco. Lo grotesco candoroso, llamaríamos a esas farsas. Arconada hace siempre el gran arte simple. Puede contraponerse acaso –no creo que esté en la preceptiva- con otro gran arte complejo, Dostoievski, por ejemplo. Valle-Inclán puede ejemplarizar el simple, el más español y más apto, claro, para expresar el primer estrato rural y los grandes movimientos históricos, y más si éstos son revolucionarios, como en Arconada...


Eusebio García Luengo

APARECIDO EN 'CAMINAR CONOCIENDO' PÁGINA 16, Nº 9

Jacinto Barrio: ROJOS ATARDECERES TRAS LAS MONTAÑAS DEL OESTE


ROJOS ATARDECERES

Por Jacinto Barrio

A pesar de los muchos años transcurridos tengo vivo aún el recuerdo de Arconada y conservo una fotografía(1): estamos el arquitecto Luis La­casa, Soledad Sancha, su esposa; el matrimonio chileno Venturelli, César M. Arconada y un ser­vidor.
Llegó a Pekín en 1956 por un periodo de cua­tro meses. Fue el primero de los invitados por Luis Lacasa a visitar la capital china. Supongo que la invitación fue cursada por la Asociación de escrito­res de la URSS. Lacasa, que fue el arquitecto que construyó la Ciudad Universitaria, conocía a fondo a Arconada con anterioridad a la Guerra Ci­vil. Eran amigos y compañeros de brega en las con­tiendas en pro de la República. Tanto el uno como el otro tenían de común su valía y su modestia. La­casa era el máximo representante del Partido Co­munista de España en la República Popular China, y como tal muy bien considerado en los me­dios del Partido Comunista de China. Más ade­lante serían invitados María Teresa León y Rafael Alberti y otros exiliados españoles.
Había nacido en 1898 en Astudillo –Palen­cia- villa en la que la historia dejó huella. En ella re­cibió María Pacheco de Padilla la noticia de la de­rrota de su marido Juan Padilla, al que degollarían el 23 de abril 1521 en Villalar. Ella se hizo fuerte en Toledo.
Con el tiempo, César Arconada se converti­ría en la figura más destacada de la intelectualidad li­teraria española en los años treinta: fue crítico musi­cal y cinematográfico; autor de uno de los prime­ros análisis del compositor Debussy; escribió novelas como “La turbina” (1930), “Los pobres co­ntra los ricos” (1933), “Reparto de tierras” (1934), en las cuales queda reflejada la aldea espa­ñola en el periodo de auge revolucionario del campe­sinado español; autor teatral; militante revolu­cionario desde 1931; durante la revolución de octu­bre de 1934, corresponsal en Asturias; y en 1938 re­cibió el Premio Nacional de Literatura por la no­vela Río Tajo.
En 1939 se exilió a la Unión Soviética. Fue di­rector de la edición española de “Literatura Sovié­tica” en la que publicaba numerosos artículos y poesías y estaba vinculado también a la Editorial “Progress” de Lenguas Extranjeras. Eran las fuentes de sus emolumentos, que le permitían vivir con cierta holgura, dentro de las limitaciones existen­tes en aquel país. Escribió un drama teatral de poco relieve “Manuela Sánchez” (que se puso en escena en algún teatro y trasmitida en fragmentos por Radio Moscú y por la emisora Radio España Independiente, en el periodo moscovita de la misma) y “España invencible”; pero paulatina­mente su actividad creadora casi se extingue.
Me pregunta el director de Caminar cono­ciendo si esta casi extinción se debió al desaliento o a divergencias ideológicas. No lo sé... Puedo imagi­narme que, como a la gran mayoría de emigrados en la Unión Soviética, al primer periodo de entu­siasmo, seguiría, en su interior, una etapa de desen­canto del socialismo en construcción, lejano de la idea que nos habíamos hecho de la propaganda de la revista “La URSS en Construcción”, pero no lo sé, no lo conocía tanto... Aunque yo me inclino a que el desánimo de César M. Arconada pudo obe­decer más a causas físicas, al cansancio por un tra­bajo agotador, su poco contacto con la naturaleza y falta de ejercicio físico, más que ha discrepancias ideológicas. Era lo suficientemente inteligente como para comprender las nefastas consecuencias que ello podía acarrearle. Y en cuanto a los desacuerdos inter­nos con la política del P.C. de España... no le conocí, como tal, en el seno de las divisiones que se produjeron en la emigración.
La Enciclopedia Soviética recoge una nota­ble reseña de la actividad y la vida del escritor. Se­ñala que en la creación de Arconada ejercieron gran influencia los escritores soviéticos Máximo Gorki, Kostantin Fedin, y otros. Tradujo, junto con F. Khelin al español la obra “Canción a las huestes de Igor”, una serie de poemas de Pushkin, Lérmontov, Nekrasov. También lo hizo con mu­chos poemas de soviéticos contemporáneos(2).
Casó con la exiliada balear María Cánovas, que era bastante más joven él. María, cuando llega­mos a la Unión Soviética en 1939, era casi una niña, de extraordinaria belleza, natural de Baleares, y de habla bilingüe; estuvo casada con un español y tenía un hijo del que no tuve más referencia; domi­naba el ruso y era aficionada a la poesía; pintiparada para un hombre como César y en la que tuvo una in­teligente colaboradora. Renacen en él facetas de su actividad artística creadora de otros tiempos; vuelve a escribir críticas de teatro; y pone en escena, en el teatro “Romen”, “La Gitanilla” de Cervantes, “La zapatera prodigiosa” de Federico García Lorca.
Tuve la satisfacción de acompañar a César Ar­conada, en visita a lugares notables de la capital china. Y le llamó poderosamente la atención, al atar­decer, las puestas de sol tras las montañas del oeste (3). Y ese sol rojo, incandescente, nos hizo recordar a ambos las puestas de sol tras las monta­ñas de Gredos. Y le recordé que eran las famosas puestas de sol del paralelo 40; paralelo que pasa por Pekín (3), y también muy cerca Madrid, al sur, por Aranjuez. Surgió de su mente un hermoso poema: “El 40 Paralelo, de Pekín a Madrid”. Siento no haberlo encontrado en esta ocasión.
El poema fue transmitido desde Radio Pekín en numerosas ocasiones. Años después, a nuestro re­greso a Moscú, llevé un regalo de artesanía china para el autor del “40 Paralelo”. Era un escritorio de la llamada “piedra jabonosa” china, para que si­guiera escribiendo, y mojando en él su pluma, a modo de pincel. Era mi ofrenda en acción de gracias por su mensaje de amor a Madrid.
Fue muy de su agrado y lo demostró con cáli­das palabras.
Recuerdo que estaba presente una de las mejo­res colaboradoras de Muñoz Arconada, Pe­pita Ganivet..., ¡ah, qué recuerdos!... Era sobrina carnal del escritor y diplomático granadino Ángel Ganivet, de la generación del 98. Se llamaba Josefa López Ganivet, pero el apellido “López” fue desca­balgado por el empuje del otro ilustre apellido “Gani­vet”. Era hermana, por tanto, de Isabel y de Francisco Ganivet, este último, uno de los jefes mi­litares que tuvo el 5º Regimiento. Maestra Na­cional, gran conocedora del castellano, redactora de la Editorial “Progress”... Bueno, pues a Pepita Ganivet -como la conocíamos en Moscú- le pareció regalo excesivo por mi parte.
--“No tienes razón –objeté- Arconada es ad­mirado por toda la emigración española en la U.R.S.S. No sólo por su talento literario y artístico, sino por su modestia y sencillez, por su grandeza humana”.
Murió en Moscú, en la primavera de 1964.
Fue un pedazo de España que se nos fue.

En 1949 Arconada pulsó la cuerda de sus versos, con motivo de una enfermedad muy grave de Pasionaria, saturados de nostalgia pa­tria, de los que extraigo algunos versos:

¡Vive Dolores!


¡Qué dolor, aquel día, camaradas,


qué sobresalto ahogaba los latidos,

qué nube empañó las alegrías cuando dijeron:

está nuestra Dolores en peligro!

.......................................

... a la orilla del Tajo, un ruiseñor

expresaba su pena en dulces trinos

y en Aragón, bajo la mirada,

por no mirar, un viejo campesino,

y en Bilbao, un obrero junto al yunque,

su angustia repicaba en el martillo,

y en cualquier fría sierra de Castilla,

en el regazo de la madre, un niño,

pedía que le hablaran de Dolores,

porque ella era canción en sus oídos...”

¡Qué dolor por los valles y los montes,

qué dolor por valles y caminos

qué dolor por los viejos olivares

qué trémulo dolor llevan los ríos...!


Todavía recuerda una anciana exiliada, Pe­pita, viuda del escritor valenciano exiliado, José Santacreux, la visita que hicieron a César Arconada enfermo en un sanatorio de Moscú. Sabedor de que ellos eran de aquella tierra, tuvo la gentileza de dedicarles un verso que llevaba por título: “Naranja de Gandía” que posiblemente fuera el último que salió de su pluma.

NOTAS: (1) La fotografía muestra la visita a una exposición en Pekín de Luis Lacasa, Soledad Sancha, el matrimonio Venture­lli, César Muñoz Arconada y Jacinto Barrio.
(2) Según una fuente muy autorizada, como Soledad Sancha, “a Arconada no le quisieron publicar su volumen de poe­sías porque no había escrito nada sobre la Unión Soviética.”
(3) Puesta de sol en el Paralelo 40 pekinés. Vista tomada desde el hogar, en Pekín, de Luis Lacasa.



TOMADO DE LAS PÁGINAS 17 y 18 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº 9

Eusebio García Luengo: César M. Arconada, UN NOVELISTA SOCIAL



UN NOVELISTA SOCIAL

Por Eusebio García Luengo*

La gente no se ha enterado de que se ha escrito “Los pobres contra los ricos”. Hablo del “vulgo docto”, que administra las reputaciones. Amén de los amigos literarios, quienes conocen la novela de Arconada, son algunos obreros anónimos, que han ido tragándose, royendo, alimentándose de las raíces españolas que se entrelazan en el re­cio lienzo novelesco. Hay una critica de lote­ría que siempre toca, de tono periodís­tico, ligero, afable, que no ha rozado si­quiera la medula de la novela. También otra glosa, ya no de mera información y noticia, sino con empaque de ensayo profundo, dis­cernimientos encopetados, eufémicos, de su­marísimas ironías a lo Jarnés o Díez-Ca­nedo, de alusiones y referencias, de “esto nos trae a las mientes”... y de “Aristóteles nos dice a este tenor”... Critica en que los temas se deslizan de uno en otro, y todo queda desvaído.

Cuando se tilda de sectaria a una obra
suele ser porque rompe lo estatuido,
donde todo hombre se siente ya estrecho.

En uno de estos comentarios -de E. Azcoaga-, se ha dicho que “Los pobres co­ntra los ricos” es sectaria. ¿Qué querrá de­cir esto? ¿Qué significa, sobre todo en su tono peyorativo? ¿Es que el crítico que pega desenfadadamente el marbete reprochador es un ente superior a todas las cosas, por en­cima del mal y del bien? ¿Es que él, como cada quisque, puede sustraerse a la secta, al partido en su más amplia acepción, a la clase, al régimen, a la historia?...
Cuando se tilda de sectaria a una obra suele ser porque rompe lo estatuido, donde todo hombre se siente ya estrecho. Porque arremete contra lo establecido con miras a un orden nuevo que irrumpe por los puntos de la pluma. Pero ello no significa que quien esté acomodado y bien hallado en el sistema inerte no sea sectario. ¿Qué hace, pues, sino aceptarle y defenderle, por tanto, sintiéndose holgado y contento, asimilando y reflejando su mundo?...
Abunda un error según el cual se inter­preta la defensa tácita de un sistema como imparcialidad, y, por el contrario, como sectarismo, la manifiesta incorpora­ción a una trayectoria histórica. De suerte que se oye decir a menudo: No quiero polí­tica, sino buen teatro o buen arte. En tal res­pecto, quien asiste a una representación de los Quintero, o de cualquier otro mal­hechor escénico, sale complacido de no ver política, como si toda esa humanidad, ese orbe moral, consuetudinario e ideológico no constituyera la proclamación y exaltación más sectaria de una política, que abarca todo el mundo de la historia, la ley, la economía etc. Pero no es esta coyuntura de tales diluci­daciones. Importa otra aclaración con­cerniente a la adjetivación y encasillamiento de “social” que adquiere, a las veces, carác­ter de remoquete. Se califica de social una novela que recoge, naturalmente, el hecho social, el fenómeno más considerable de cuantos afectan a la vida de los hombres y de las ideas. Mas se quiere distinguir con ello otra clase de novelas de un presunto apartamiento e independencia del acaecer so­cial, como si cada novela, sea cual fuere, no implicara contenido, extracción y conse­cuencia sociales, su “ser”, ni más ni menos. “Los pobres contra los ricos” es una novela. Pura y simplemente. Toda una no­vela y nada menos que una novela. ¿Qué pre­cisa como tal? ¿Lirismo, caracteres, humanidad, tipología, conflictos, pasión, pensamiento, ímpetu y amplitud vitales... ? Todo nos aturdirá en “Los pobres contra los ricos” que es un orbe cerrado, un mundo sistemáticamente novelesco, un or­den de arte, un principio y un fin, el fin y el principio que puede tener la vida acotada en sus más agudas, trágicas y significativas ma­nifestaciones.
¡Qué exacto título “Los pobres co­ntra los ricos” ! Buen pregón, grito de exten­sas resonancias, proclama de esferas cósmicas casi. Realmente, no hay más que pobres
y ricos. No hay ni buenos y malos, ni conservadores y revolucionarios, ni reli­giosos y ateos, ni negros y blancos. Sólo po­bres y ricos. Lo sabemos bien los que hemos mamado jugos y savia de la verdad humana de los campos. En las sociedades primarias de los pueblos se sabe bien. La di­ferencia es trágicamente irremisible. En las ciudades modernas el dinero se mueve y el ritmo de vida da, a veces, una apariencia ni­veladora. En las aldeas los niños de Tena lo aprenden para toda la vida, y la riqueza y la pobreza siguen siendo referencia primor­dial. Arconada lo ha revelado magistral­mente en el área novelesca.


Algún crítico ha encontrado “feo”
el profundo título de Arconada.
Añoraba seguramente los rótulos
metafóricos o de arcanas trasposiciones


Algún crítico ha encontrado “feo” el profundo título de Arconada. Añoraba segu­ramente los rótulos metafóricos o de ar­canas trasposiciones. Otro crítico dice: “Su pauta la forman los días del cambio de régi­men en un pueblecillo cualquiera, con bo­tica, ayuntamiento, soleada plaza mayor... Pero es igual. Lo mismo podía haber ele­gido, cualquier otro hondo motivo. Porque aquí la novela es un pretexto para decir to­das las cosas que el autor lleva dentro... Y siendo así, ¿cómo va a ser un pretexto el nú­cleo de la novela, lo que es en sí, su “hondo motivo?” Fijémonos: motivo hondo, sin el cual no existiría Arconada como tal nove­lista que nos ocupa; hondo motivo que es toda su razón de ser, ser y razón fundamen­tales. Si una época literarias se caracteriza por su unidad de temas, por su espíritu armó­nico de época, por su sistema global de conceptos, por su homogénea voluntad e im­pulsos creadores, no puede ser lo de me­nos el asunto en sí. ¿Es posible un asunto sin que su elección resalte la dirección vital del escritor? Hemos de entender, claro, por asunto, no la sucesión de hechos vacíos, su­cia espuma; no “lo que pasa”, sino el ner­vio y hueso de la obra, su armazón interna y sustancia, su honda causalidad y motiva­ción...
El arte posee –ya se sabe- pocos gran­des asuntos. La novela, menos. Podría decirse, verbigracia: que el asunto de la no­vela es el hombre, la vida. Y dentro de ella cabe todo. Pero si vamos parcelando, redu­ciendo el enfoque, hallamos que una frase del personaje, una sensación, un atisbo, un destello, son tan asunto como el esquema de acontecimientos, anecdótico, de peripecias.
“Los hechos son como sacos. Si es­tán vacíos no se tiene en pie”, dice Pirande­llo. El asunto, naturalmente, no son los sacos, sino el relleno. O sea, partículas vitales que le confieren valor permanente como en “Los pobres contra los ricos”.
Si Arconada escribe “La turbina” o “Reparto de tierras” no es porque el asunto se le haya deparado ahí en cualquier es­quina.
Toda en la vida y en la novela es el asunto del escritor, el que lleva cada escritor dentro, su temperamento, su personalidad, el mundo y el material de cada escritor. Por que todo es asunto y el asunto es el hombre.
Arconada principia sus capítulos con morosa, gustosa delectación de escritor y descriptor. No llama guarro al sargento, pero el lector siente la náusea. En esto es de un realismo implacable que se enraíza con nuestra más pujante tradición literaria. Sigue las andanzas del palillo del sargento, quien no precisa de más para quedar definitiva­mente retratado. Acaso parezca excesivo re­godeo en la inmundicia; es acierto de tono. Ritmo de prosa lento, a compás con las horas desmesuradas del reloj del cuartel. E inmersión de gran pintor naturalista e impre­sionista, al par, en la atmósfera vis­cosa que respira el sargento. Todo el detalle triste, lo que nos liga a la materia diaria de que nos servimos, se transplanta por Arco­nada. Las de pan, las manchas de grasa, los más humildes enseres caseros, los instru­mentos en que fatalmente se apoya la vida del hombre, descuellan en la narración subra­yando su profundo sentido de eternos compañeros del hombre... Es particular el gusto de Arconada por la descripción de los lugares como pajares, doblados, pane­ras, en consonancia, claro, con la humani­dad que puebla su novela. ¡Cómo canta sin embargo en contraste; mejor dicho, como complemento de un novelista que persigue e incorpora un aire de cabal curso, las auro­ras, los días primaverales, los corazones adolescentes, la risa del pobre... ¡


Ser revolucionario, como Arconada,
es manera de ser romántico y místico.
Ama y odia, y hace amar y odiar.


Probablemente Arconada comienza sus capítulos hablando de los pájaros, de la luz de la pantalla, de los gatos. Es una diva­gador, cronista, ensayista. O habla de los ca­minos largos, de los árboles, de los sueños de las Cenicientas, de las “rectas chime­neas, válvulas por donde escapa la pesadez sentimental de los hogares”. Es un poeta. O de la injusticia social, de la política, de la historia. Es un pensador. Y todo lo trata siempre en su nexo con el hombre. Y siem­pre –comentador, pensador, poeta- es un re­volucionario. Qué fácil es ser revoluciona­rio. ¿El joven es entrometido, audaz, pe­dante? Bien, se hace revolucionario. ¿El no tiene más quehacer que asistir al Ateneo y leer los periódicos? Se compra una corbata roja y se hace revolucionario. ¿No siente la pesadumbre de su destino, una ética, la cons­ciencia de una responsabilidad y una doctrina? Se hace revolucionario. Pero, ¡qué difícil es ser revolucionario! Ser sencilla­mente revolucionario, sin pedantería, sin des­dén, por naturaleza como si dijéramos, sin esfuerzo, sin estridencia. En cada capí­tulo, en cada palabra, ser revolucionario hon­damente, íntegramente...
No sólo las partes del libro, sino los párrafos y aún las frases las construye Arco­nada reduciéndolos a unidad y sis­tema. En esto se aprecia que sabe de mú­sica: en la armonía. Compone piezas armó­nicas. Y emplea también el ritornelo musi­cal, poético, dramático. El motivo se inter­cala, une principio y fin. Esto es de poeta. Se repite el pensamiento central en cuyo de­rredor giran las estrofas, los cantos de la prosa de Arconada. Una prosa poemática, transida de lirismo, con cadencia interna me­dida como un romance, exaltada y recia como un romance...


Todo lo construye Arconada
reduciéndolo a unidad y sistema.
En esto se aprecia que sabe
de música: en la armonía


También es de poeta la pintura del ambiente y del mundo total que se respira. La creación del poeta abarca un completo orbe novelesco. Hay novelistas psicólogos que atienden al curso de la peripecia inter­ior. Y hay novelistas poetas que en el contar integran un sentido cósmico preciso a la no­vela. La potencia lírica de Arconada está siempre presente en “Los pobres contra los ricos”. La naturaleza, el paisaje enmarcan justamente la vida de los hombres.
Arconada aprovecha con mesura ejemplar los adelantos estilísticos, formales. Abunda en imágenes tan insólitas como exactas: “Gritaban los chicos como bece­rros antes de salir al campo”. “Años hermo­sos como un prado”. “Las calles esta­ban blancas como si por la noche hubiera pasado el carro del molino con los costales rotos”. “La murmuración es siem­pre redonda como una camilla de brasero. Todos gustan de sentarse alrededor”. “Un alba suave, salida de los regazos de cristal de esos arroyos donde nunca muere la luz, asomaba su pechuga de cisne”.
En cuanto a afinidades literarias, Ar­conada se nos muestra de difícil entronque. Tres sombras lejanas de influencias y próxi­mas de contemporaneidad se proyectan acaso: Baroja, Azorín, Cansinos-Assen. Bien entendido que él mismo declara: “Me creo próximo a esos nuevos escritores que hay en todo el mundo que, frente al intelec­tualismo especulativo e inútil, ponen su inte­ligencia en las nobles causas de la humanidad. Frente a la torre de marfil, la calle. Frente a lo libresco, lo humano. Na­die debe vivir en las nubes y mucho menos el escritor que tiene una misión colectiva y educadora”.


En cuanto a afinidades literarias,
Arconada se muestra de difícil entron­que.
Acaso tres sombras lejanas de influencias
y próximas de contemporaneidad:
Baroja, Azorín, Cansinos-Assens.


Acomete las escenas con el brío y la violencia de Baroja; únicamente esto, y que Baroja es, en la novelística actual, antece­dente de lo que sea acritud y desgarro. Pero Baroja es deshilachado, caótico. El suyo es un arte de desfile, de pasaje, de esquina con vientos. Una tolvanera de tipos. Mientras que Arconada no abandona sus personajes, no los hace aparecer y desaparecer, sino que los sigue y recoge su último aliento. Remata la concepción novelesca que es un círculo y no una línea sin fin.
Mentamos a Azorín como semejante a Arconada en lentitud descriptiva y amor a las cosas. Empero, no liga nada al escritor convulso y tormentoso –con claridad clá­sica- al otro frío y pequeño filósofo. Arco­nada podría decir “hermana cosa” francis­canamente, como gran amador que es. Quizá el espíritu franciscano sea compatible con el marxismo. Pero esto es resbaladizo...
Arconada no segrega humor como los escritores catalogados y aferrados a la forzosa pirueta, paradoja o caricatura. Es humorista cuando sobriamente lo exige el tema, cuando surge del propio tipo que iro­niza. Sus invectivas son tan certeras como fe­roces. Adecuado ’sarcasmo cuando dice: “Hacen abriguitos de punto para los niños pobres. Piadosos corazones de señoras cris­tianas”.
No podría omitirse alguna considera­ción sobre el genuino léxico de Arconada. No solo su manera de relacionar elementos literarios, sino el desnudo vocablo, su valora­ción de novelista. Escoge las palabras más plásticas. Todos los giros, refranes, ex­presiones típicas rurales de Extremadura y Castilla suenan en su prosa. Sonoridad ro­tunda, sabrosa, de palabra añeja. Es un len­guaje expresivo, clásico y moderno, siem­pre vivo y profundo, con sabor castizo a ga­ñanía, a labranza, a era, con olor a mies y a pan caliente. Argot moderno también de es­quina madrileña.
Hay novelas que necesitan terminar porque se ha cerrado el ciclo novelesco. Hay noveles que pueden continuar. “Los po­bres contra los ricos” ha de acabar forzo­samente agotada la significación exacta y su­ficiente. Pero puede recomenzar cualquier día como la vida misma, como la misma re­volución. Es tan finita como el hombre y su lucha, y tan eterna como el hombre y su lu­cha. Aquí estriba su mérito. Si hay una épica moderna es la de Arconada, y si hay una epopeya moderna es la de “Reparto de tierras”. Los homeros glorificadores de ges­tas se encarnan ahora en los defensores de lo pobre. No hay otra gesta que la diaria, menuda e ingente del pobre contra el rico.
Excelsa propaganda de los pobres. Los clásicos del XVII hacían propaganda de la monarquía y la religión, y “Fuente Ove­juna”, por ejemplo, drama social revolucio­nario, termina sometiéndose al fallo de rey, porque el rey representaba entonces la satis­facción de los anhelos justicieros del pue­blo. O sea, no hemos sido nunca literaria­mente clásicos, fríos y equilibrados, sino ro­mánticos. Ser revolucionario, como Arco­nada, es otra manera de ser romántico y mís­tico. Ama y odia, y hace amar y odiar. Y no importa que topemos con el materia­lismo histórico.
“Los pobres contra los ricos” resalta las sarcásticas contradicciones de los tiem­pos. La República española –historia de las monsergas políticas- es elocuentísima en tales contrasentidos y mudanzas. En cierta clase de política, la menos conforme a la condición del hombre, el tópico arraiga como el terreno propio. Nada supera en efecto cómico a la lectura de un periódico panegirista del rey con motivo de su cum­pleaños, por ejemplo. En este aspecto, mo­narquía y república son valores equivalen­tes.
La última escamoteó por arte de birlibir­loque una revolución, etc. Sin más di­vagaciones nos importa apuntar que el curso del “cambiazo” dado al pueblo –lleno de martingalas y engañifas políticas, que se­rían graciosas si no fuera trágicas- forman la clara y tirante urdimbre de “Los pobres co­ntra los ricos”, que tendrá durante muchos años vigencia de estallante verdad.
Quisiéramos en un rasgo presentar la humanidad de Arconada, su censo nove­lesco. Pero lo que precisa de 286 páginas no cabe aquí. Amancia, Fidel Arroyo, el sar­
gento, su mujer, Cristina; la hija, el guardia Oliveros, Lillo, López, don Nazario, tipo de cristiano que reza a Dios mientras de verdad se encomienda a los fusiles de la guardia civil; Don Policarpo, el boticario (sátira de la vieja literatura; vieja por vacía, inconsistente y caduca, porque lo viejo no define biológicamente, éticamente); Guillermito, mariconcito al servicio de los jesuitas; Pili y el tío Ayuca como una isla, y sus hijos que van sintiendo en su carne, a balazos, la mentira de la democracia republicana y la necesidad de salir a una verdad inmediata y firme sin posible retroceso.
El final es tenso y abarca el redondel de la tierra. Ya el autor había dicho : “La muerte es triste; pero los geranios crecen sobre las panzas, y la juventud mantiene ilusiones. ¡A vivir!” Rotundo punto final de la muerte. Final y recomienzo. Se ha cerrado un ciclo siempre en principio. Murieron. Siempre mueren los hombres. A los muertos se les tapa con cemento de olvido. Son, sin embargo, muertes fecundas. No hay que olvidar a los muertos, lo que más fácilmente se olvida...

(*)El escritor Eusebio García Luengo
fue amigo de Arconada
Valencia: Nueva Cultura 6, agosto/septiembre, 1935
(Las cursivas y negritas las hemos puesto nosotros)


NO HEMOS GUARDADO LAS CURSIVAS NI LAS NIGRITAS SOLO HEMOS MANTENIDO LOS SUMARIOS

TOMADO DE 'CAMINAR COMNOCIENDO' Nº 9 PAGINAS 19, 20, 21 y 22

LAS CRONICAS DE LA GUERRA EN ASTURIAS, DE CÉSAR M. ARCONADA




LAS CRÓNICAS DE LA GUERRA EN ASTURIAS



Por Jesús Marie Boves



Cuando empezó la Guerra Civil, César M. Arconada (1898-1964) era un escritor de reconocido prestigio pues había sido redactor-jefe de La Gaceta Literaria, había colaborado en revistas de renombre y había publicado novelas tan interesantes como 'La turbina' (1930), 'Los pobres contra los ricos' (1933) y 'Reparto de tierras' (1934). Arconada, que se encontraba en Irún -a donde había ido por la razón de su trabajo de oficial de correos-, se dirigió a Oviedo puesto que Mundo Obrero lo había nombrado corresponsal en el frente de Asturias, y desde allí envío sus crónicas de guerra (*1). A continuación, examinaremos algunos de los rasgos más destacados de dichos textos: animosas proclamas (*2), datos sobre los contendientes, informes del asedio, etc.
En la primer crónica –fechada a primeros de septiembre de 1936-, el diputado Manso explica al autor cómo se fraguó la traición del general Aranda (*3). El lenguaje que emplea Arconada responde al tono ardiente que debía conmover y animar a los lectores y combatientes. Así, Sama era “la capital de Asturias, la ciudad de la movilización y la guerra, la ciudad liberal, espiritual, la Covadonga de nuestros días y nuestro movimiento liberador”(23). Brotan una y otra vez las frases cargadas de ilusión y de entusiasmo por la conquista de una ciudad que se antojaba clave en el transcurrir de la guerra: “Todos los indicios hacen creer que la toma de Oviedo va a ser un capítulo de epopeya. Los mineros, como en el octubre glorioso, arrollarán con todos sus ímpetus de dinamita y rabia y asco a los militares traidores” (27). Obviamente, los enemigos parecían personas odiosas: “[...] miles de muñecos traidores, de bichos repugnantes, de sombras siniestras, que presididos por Aranda, el más refinado de los traidores, se apoderaron de Oviedo durante los primeros días de la sublevación”(27). Este lenguaje beligerante se repite de modo reiterado: ¡Ay, Aranda, traidor cobarde! ¿No ves que los bravos asturianos, expertos en hacer revoluciones y conquistar ciudades con dinamita, asoman ya a las lomas, a los barrios, a los arrabales de tu madriguera?” (28).
En las primeras crónicas, sobresalía el optimismo: “Hablamos de ir a tomar café al centro de Oviedo, a la Escandelera (sic, por Escandalera). Aplazamos el viaje. Antes será necesario hacer una pequeña operación de limpieza” (28). Arconada titula de este modo una de sus crónicas: “Asturias está en nuestro poder. Oviedo será la tumba de Aranda” (30-31). Inicia otro artículo así: “Aranda se siente morir en el recinto de Oviedo. Su situación es desesperada, es angustiosa. Sabe que no tiene salvación” (30). Al mismo tiempo, el escritor descalifica la columna gallega que se acercaba a Oviedo para romper el cerco, señalando que se hallaba perdida y paralizada: “Lógicamente, esta columna debe encontrar sepulcro entre las altas montañas de Asturias” (30).
Como los fugados de Oviedo descubrían en sus relatos el modo en que se vivía en la ciudad sitiada, Arconada ofrecía en sus artículos datos interesantes que sirven para comprender cómo eran los combatientes, de qué manera vivían y cuál era su procedencia. Así mismo, señalaba la desigualdad que existía entre la amargura que debían soportar unos y la alegría que invadía a los otros: “La situación de la ciudad debe ser pavorosa. No se advierte ningún signo de vida. Las calles están sin gentes”(29). Por el contrario, los sitiadores disfrutaban de mejores condiciones de vida: “Es la hora de la cena, y los milicianos nos enseñan sus platos, llenos de buena carne. Hay sidra. Hay buen humor, y se canta, y suena una armónica en labios de un mozo músico. Esla guerra” (2). En la ciudad, por el contrario, escaseaban los alimentos, la población civil vivía en sótanos, las calles estaban desiertas, no había gasolina, los transportes debían hacerse con carros, se producían fusilamientos de izquierdistas.
El estilo y el vigor narrativo de Arconada marchan parejos con la situación de la contienda. Así, cuando, comienza el ataque a la capital asturiana, su verbo se inflama para aumentar el espíritu revolucionario: “Cuando oímos los primeros cañonazos, la más intensa emoción nos sobrecoge a todos. Vamos a conquistar Oviedo”(41). Sin embargo la resistencia impide la toma inmediata. Los milicianos se ven obligados a retirarse al primer día y este revés obliga al escritor a tratar de ocultar el fiasco: “Nosotros hemos cogido al enemigo cuatro ametralladoras y bastantes fusiles y municiones. Le hemos dado un duro castigo. Le hemos demostrado que el avance es incontenible y que, victoria adelante, Oviedo caerá en nuestro poder dentro de unos días [...] Mañana seguirá la lucha, y nuestras fuerzas avanzarán más y más por este sector y tal vez por otro, hasta llegar a las calles” (43). Con todo, Arconada trata de infundir ánimos a sus lectores: “[...] si no se ha avanzado más, ha sido porque el día ha llovido bastante, y en muchos momentos las operaciones han tenido que suspenderse” (47).
Para justificar las dificultades de la toma inmediata de Oviedo, Arconada explica: “Hay quien confunde la guerra con la magia [...] Sin embargo, la guerra es otra cosa”(48). Culpa al cine del vano optimismo que se había adueñado de la población y cita algunas fantasías que el propio Arconada había tenido: “Quien más o quien menos se prometía el día primero de la lucha ir a tomar café en Peñalba –el café donde se reunían los fascistas- y pasear por la Escandelera o calle Uría”(48). Reconoce Arconada que, para conquistar Oviedo, hacía falta avanzar, luchar y morir. El enemigo no está formado por “un ejército de soldados de plomo”, sino que sabía atrincherarse y pelear: “Hemos visto las primeras trincheras que se les ha conquistado. Son perfectas. Tienen subterráneos y en ellos habían metido somiers para dormir” (49). El cronista calculaba que defendían la ciudad cuatro mil hombres y que éstos disponían de muchas armas y municiones. No obstante, Arconada no quería ser pesimista: “Tal vez para el domingo –sin responder del cálculo, porque la guerra no es una matemática- los impacientes camaradas de la retaguardia puedan llegarse a la Escandelera” (50).
Una de las razones que explicaba la paralización de la ofensiva sobre la capital asturiana radicaba en la columna gallega, la cual, con el fin de ayudar a los sitiados, estaba sacrificando “hombres sin reparo hasta el fin de quedar las unidades diezmadas”(60). Las tropas de Alonso, apoyadas por la aviación y reforzadas por nuevos hombres y armamento, aumentaron la presión sobre las líneas de los sitiadores. Explica el autor: “Es este hecho el que produce un lógico paréntesis en la acción sobre Oviedo” (69).
En efecto, en octubre de 1936, la columna gallega rompió el cerco y abrió un pasillo por el que seestableció comunicación con la parte occidental de Asturias. Arconada informa de dicho revés y, aunque pretende restarle importancia al asunto, se nota su pesimismo en las crónicas sucesivas. En realidad, la marcha de la guerra lo desalentó y, aunque permaneció en Asturias hasta la toma de la región por las fuerzas rebeldes, perdió su habitual optimismo y dedicó sus energías a la redacción de la novela Río Tajo (4).
Para terminar esta sucinta y rápida aproximación a las crónicas de la guerra en Asturias, de César Muñoz Arconada, las cuales sintetizan la pasión y la fuerza literarias de un narrador tan estimable como desconocido, citamos algunos versos del romance El cerco de Oviedo, en el cual el escritor palentino refleja la marcha de los mineros asturianos a Madrid:

Y cuando las verdes cumbres

despunta la madrugada,

tres mil mineros están

preparados a la marcha.

Dinamita en la cintura;

en las manos, viejas armas

de Octubre para esta lucha

de nuevo desenterradas.

Un coraje de victoria

en cada pecho se ensancha,

y los sueños que murieron

en Octubre bajo lágrimas,

se remontan otra vez

gozosos de nuevas alas (11)”.
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NOTAS:
(*1) Véase G. Santonja, "Introducción" a César M. Arconada, La guerra en Asturias (crónicas y romances), Madrid, Ayuso, 1979, pp. 9-20. Citaremos por esta edición, indicando entre paréntesis el número de página; centraremos nuestro análisis en la misma edición aunque, como el propio Santonja reconoce, es posible que pudieran existir otras crónicas de este autor sobre la gue­rra en Asturias. Para la obra de Arconada, véase Eusebio G. Luengo, "Un novelista social: César M. Arconada", Nueva Cultura, 6 (agosto-septiembre 1935), pp. 12-14; P. Gil Casado, La novela social española, Barcelona, Seix-Barral, 1973, pp. 36-40 y pas­sim; M.ª F. Vilches de Frutos, "El compromiso en la literatura: la narrativa de los escritores de la generación del Nuevo Romanti­cismo (1926-1936)", Anales de la Literatura Española Contemporánea, 7 (1982), pp. 31-58; Idem, La generación del Nuevo Ro­manticismo. Estudio bibliográfico y crítico (1924-1939), tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense, 1984, pp. 203-225; G. Torres Nebrera, "Introducción" a César M. Arconada, Reparto de tierras, Badajoz-Palencia, Diputación Provincial, 1988, pp. 7-63, y F. Castañar, El compromiso en la novela en la II República, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1992, pp. 192-195 y passim. El novelista ofreció datos de su vida en "Autobiografía", Nueva Cultura, 11 (marzo-abril 1936), p. 11.
(*2) Las crónicas de guerra servían tanto para animar a los integrantes del bando propio como para desacreditar y desanimar a los enemigos, pero Arconada reflexiona sobre la verosimilitud que debía exigírsele tanto a él como a otros escritores o periodistas que informaban de la marcha del conflicto: "La guerra impone una medida en la veracidad. Pasarse de ella en el tono y en el relato es perjudicial y peligroso. Debiera haber censura para las imaginaciones desatadas de muchos periodistas" *64. Al mismo tiempo, el escritor reflexionaba sobre las diferentes actitudes que mostraban los dos bandos contendientes. Así, afirma que el Partido Comu­nista se había incautado del Palacio de Revillagigedo (Gijón) y de la casa Iniesta, pero no había destruido sus tesoros artísti­cos -como hacían los fascistas-, sino que los respetaban y cuidaban: "Cuadros, esculturas, mobiliario, todo está en orden, intacto. La cultura de los trabajadores es superior y magnífica" *32. En ocasiones, Arconada proporciona datos sobre el asedio: la artillería es­taba colocada en el monte Naranco, desde donde se divisa y domina la capital asturiana a la perfección. La aviación bombardeaba asiduamente y en ciertos días arrojaba más de doscientas bombas *36. Los objetivos de los milicianos eran la calle Uría ("calle de la burguesía de Oviedo"), los cuarteles y algunos edificios religiosos *37. Otros apuntes permiten conocer la profesión de los jefes mi­litares: mineros, guardias municipales, maestros. El novelista utilizaba los descansos en los combates para visitar distintos fren­tes; reflexionar sobre la situación de los pescadores cántabros o describir con gran lirismo el hermoso paisaje asturiano: "Aquí es­tán los arrabales de la ciudad en verdes lomas empapadas en lluvia. Los merenderos, las casas aldeanas, los corrales, los hórreos, al­gún chalet modesto. Pero sobre este paisaje, dulce y verde, de canción y lluvia, antes tranquilo como una soledad remansada, algo ha pasado [...] Ha pasado la guerra" *58.

(*3) Según Manso, Aranda se adhirió de palabra a la causa del legítimo gobierno republicano, pero, al mismo tiempo, facilitó la salida de Oviedo de una columna de obreros que se dirigía a Castilla (aunque no quiso darles armamento) y se apoderó del Go­bierno civil y de la plaza de Oviedo; además, concentró "en la capital a todos los fascistas y a todos los guardias civiles de la provin­cia" *24. Aquellos mineros asturianos originaron la famosa Columna Mangada. Véase Caminar conociendo, 8 (julio de 2000), pp. VI-VII. Juan José Manso del Abad fue diputado asturiano. Después de la guerra, se exilió a Cuba y a México, en donde mu­rió en 1972. El general Antonio Aranda era jefe de las fuerzas militares de Oviedo; mantuvo el asedio desde el mes de julio de 1936 hasta el mes de octubre del mismo año, en que fue socorrido por las tropas del general Alonso, las cuales rompieron el cerco repu­blicano.

El autor del artículo es profesor

'CAMINAR CONOCIENDO' Nº 9, PAGS. 23 y 24