jueves, 3 de febrero de 2011

Michael Simic: Senos (*)



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Me gustan los senos prietos
los pechos rebosantes
protegidos por un capullo.
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Surgen tentadores en la noche.
Los bestiarios de los antiguos
que incorporan al unicornio
los han querido dejado fuera.
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Espermático, como el levante
hora antes de que se alce el sol,
dos asadores para la magnífica
piedra filosofal
por lo que vale la pena enojarse.
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Sobrellevan en sus pezones
notas de jadeos inaudibles,
vocales de gozosa claridad
para el corto colegio rojo de nuestras bocas.
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En otro ámbito, la soledad
hace otra entrada siniestra
en su libro mayor, la miseria
pide fiada otra taza de arroz.
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Se acercan: presencia
animal. En el granero
la leche tiembla en el cubo.
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Me deleita encaminarme a ellos
desde abajo, como un rapaz
que se encarama a una silla
para lograr el fruto prohibido del recipiente.
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Suavemente, con mi boca,
ir soltando la botonadura.
Hacer que se escurran en mis manos
como dos vasos de cerveza recién vertida.
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Escupo sobre los cretinos que no han metido 
los senos en su metafísica,
sobre los astrónomos que no los han contado
entre las lunas de la tierra...
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Proporcionan a cada dedo
su real forma, su alegría:
jabón angelical, espuma
en que nuestras manos se lavan.
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Y cómo dignifica la lengua
a estos dos panecillos agrios,
pues la lengua es una pluma
sumergida en yema de huevo.
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Yo insisto en que una doncella
desnuda hasta la cintura
es el primero y último prodigio,
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que el antiguo portero en su lecho de muerte
que solicitó ver los senos de su desposada
para una ultima ocasión
es el más grande poeta que ha existido.
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Oh, mis queridas, mis pensativas gaitas.
Fíjense, todas dormitan en el universo.
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Ahora, en la inmovilidad absoluta
del tiempo, aproximando la cintura
de mi amada hacia la de un servidor
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derramaré cada seno
como una torpe y negra uva
adentro del panal
de mis adormecidos labios.


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(*) Versión libre del poema: Iswe Letu

jueves, 30 de diciembre de 2010

Kenneth M. Stampp: Impugnando una leyenda del Viejo Sur de USA (*)


A finales de cada década, los encargados del censo federal reunían una serie de hechos y ejemplos que venían a impugnar la leyenda de las plantaciones del Viejo Sur. Los datos recogidos mostraban que el Sur no era simplemente -ni siquiera de modo fundamental- una tierra de plantadores, esclavos y 'blancos pobres' rebajados. Juntos, estos tres grupos sumaban menos de la mitad de la población total del Sur. La mayor parte de los restantes sureños (y el mayor grupo aislado) eran modestos granjeros independientes de distinto grado de fortuna. Si hubo algo así como un arquetipo de sureño antes del conflicto (1), este pertenecía a la clase de pequeños hacendados que cultivaban sus propias tierras, generalmente sin otra ayuda que la de sus mujeres e hijos. Podía haber dedicado unos pocos acres a cualquiera de los productos básicos que le hubiera reportado una ganancia efectiva,  pero prefería, no obstante, consagrar la mayor parte de su tierra y de su tiempo  a producir medios de subsistencia para su propia familia. Otros grupos menos destacados de sureños eran los que incluían hombres de negocios, profesionales (profesiones liberales), artesanos especializados, administradores, colonos y trabajadores no especializados del campo y de la ciudad.

El Sur de 1860 era aun abrumadoramente agrícola. Cinco de los estados sureños -Carolina del Norte, Florida, Mississippi, Arkansas y Texas- no tenían una sola población que alcanzara los 10.000 habitantes. Nueva Orleans era la única urbe norteamericana verdaderamente sureña. La institución peculiar(2) era así parte de una civilización de tipo agrario.

Si el dominio directo sobre la propiedad de esclavos hubiera sido el único modo de que los sureños hubieran llegado a verse personalmente implicados en el sistema de la esclavitud, un relativamente escaso número de ellos se hubiera interesado por su mantenimiento. En 1860, existían en el Sur 385.000 propietarios  distribuidos entre 1.516.000 familias libres (3).  Casi una tres cuartas partes de los sureños libres no tenían relación alguna con la esclavitud ni por vínculos familiares o dominio directo. El sureño 'típico' no era solo un pequeño granjero sino también un no-propietario (de esclavos).

La proporción de familias poseedoras y no poseedoras de esclavos variaba considerablemente según las distintas regiones del Sur. En Carolina del Sur y en Mississippi, la mitad la formaban las familias de propietarios; en Georgia eran dos quintas partes; en Alabama, Luisiana y Florida, un tercio; en Virginia, Carolina del Norte, Kentucky, Tennessee y Texas un cuarto; en Maryland y Misouri, un octavo; en Arkansas, un quinto y en Delaware, una décimotercera parte. Estas mismas variaciones sorprendentes se daban regionalmente dentro de cada uno de los Estados.

Si para figurar en la clase de los plantadores se exigía al menos ser propietario de veinte esclavos, el propietario 'típico' de 1860 no pertenecía a ella, pues el 88% de los propietarios no llegaba a esa cifra, el 72% no llegaba a los diez y casi el 50% tenía menos de cinco. No solo el propietario de esclavos 'típico' no era plantador, sino que el plantador 'típico'  trabajaba con un reducido grupo de veinte a cincuenta esclavos. La aristocracia de los plantadores la componían tan solo unos diez millares de familias que se sostenían mediante el trabajo de grupos de más de cincuenta esclavos. Las familias extremadamente ricas que poseían más de un centenar de esclavos no llegaban a sumar tres millares, mínima fracción dentro de la población total del Sur.
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(Texto tomado de la obra de Kenneth M. Stampp titulada 'La esclavitud en los Estados Unidos', páginas 40-41; traducción de Nicanor Ancochea Millet; ediciones oikos-tau, 1966)

(*) Tïtulo nuestro

(1) Se refiere a la Guerra de Secesión entre el Norte y los Estados Suristas

(2) Así denomina el autor a la esclavitud

(3) Los estados esclavistas (incluyendo el Distrito de Columbia) contaba con una población total de 12.302.000 h.: 8.098.000 h. eran blancos; 3.954.000 h., esclavos y 250.000 h., negros emancipados.
Dice el autor a pie de página que, de no indicarse otra cosa, éstos y otros datos estadísticos que contiene el libro, los ha tomado de las publicaciones de la Oficina del Censo de los Estados Unidos: 'A Century of Population Growth from the First Census of the United States to the Twelfth, 1790/1900' (Washington, D.C., 1909; 'Negro Population in the United States, 1790/1915 (Washington, D.C., 1918)

viernes, 3 de diciembre de 2010

Mía Couto: Sígase

Sígase el proverbio: das el brazo y luego quieren la mano.

Mía Couto en 'Cronicando'

jueves, 27 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Abandonar Toda Religión (*)

¿?¿?¿?

Colmado de gozo camino sorbiendo la bebida embriagadora. Así soy yo.

Mi verdadera fe consiste en abandonar toda creencia e irme de la religión.

Pregunté, curioso, a la novia de todos los tiempos: —¿Cuál será tu dote?

Y la novia de los tiempos me contestó: —¡Mi dote es esta víscera triunfal,

en todo su alborozo, en todo su fausto, en todo su aureolado esplendor!

Pues ven, le dije, hagamos unos hijos guerrilleros que quiebren el Capital.

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(*) Versión sacrílega de una rubayata de Omar Khayyam

¿?¿?¿?


lunes, 24 de mayo de 2010

Omar Khayyam: A dormir la mona (*)

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Bebe, amigo, mientras aún haya tiempo, el brebaje embriagador. 


Marcharás, después, a dormir la mona profundamente bajo tierra.


Allí no tendrás confidente, amigo, no tendrás, ¡ni amante, ni nada!


¡Sé discreto! Y no divulgues este secreto: una vez marchitada, 


no reabrirá la flor sus hermosos pétalos, ¡nunca, nunca jamás!


Belleza, frescura y, esplendor ¡estarán perdidos para siempre!

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(*) Versión libérrima

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viernes, 21 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Rumores y más rumores (*)

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Desde tiempos remotos dicen y repiten que allá, en la promiscuidad del Paraíso,


hay de sobra para todo el mundo magníficas mujeres excitantes, y de añadidura


vino, mucho queso, mucha miel, y otras numerosas delicias al alcance de todos...


Si admitimos la base de todos esos rumores, ¿quién osará criticarme porque


yo he adorado una sola copa de vino, y una sola mujer, la bien amada, la mía?


¿Quién se encarará conmigo porque haya revelado las contradicciones sociales?

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(*) No se engañen el titulo de esta versión libre es nuestro
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miércoles, 5 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Muerte y Vino (*)

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Cuando me borre la Muerte y se endurezca el puñado de mis días, 
he de llamaros, amigos míos, para ser conducido a la sepultura.


En polvo convertido, modelaréis un ánfora que llenaréis de vino.
Acaso... quizás... tal vez entonces, me veréis resucitar alegremente.

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(*) Título nuestro
(1) Versión Libérrima