sábado, 6 de enero de 2007

Agustín García Calvo: PARA LA MESA REDONDA SOBRE ABOLICIÓN / DEUDA EXTERNA



PARA LA MESA REDONDA
Sobre ABOLICIÓN / DEUDA EXTERNA
en Zamora, 12 de febrero de 2001

Agustín García Calvo (*)

Siento que una mala coincidencia de última hora con penoso trance me impida estar en la amable compañía de los otros de la Mesa y la gente que acuda a este debate, y oír lo que, a propósito de tal asunto, pudiera salir por esas bocas.

Por lo demás, lo que a mí seguramente me iba a salir deciros iría más bien en contra de la actitud y buena intención que les supongo a los organizadores de la ‘Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa’ y a los propios participantes en el debate: a saber, que probablemente ellos, o los más de ellos, creen todavía, más o menos, que los Estados pueden ser más o menos benévolos para con su propia población y la de otros y que sus Gobernantes están libres para tomar decisiones, por ejemplo, sobre la marcha del Capital, su administración y su distribución entre unas y otras dedicaciones. Por mi parte, no creo nada de eso , y trato de no contribuir en nada a la mala táctica de reclamar a la Istancias Superiores, a los Gobiernos de los Estados del Régimen del Bienestar y a sus Gerentes, ya que pienso que esas mismas reclamaciones o intentos de presión sobre Ellos lo primero que hacen es ratificar la fe en el Estado y en que puede hacer algo más que lo que tiene que hacer por su propia Costitución (1) y su servicio a la marcha del Capital.

En el caso de que hoy se trata, se me aparece claro que reclamarle a este Estado del Régimen, o a cualquier otro, que abuela la deuda que con él tengan contraída los “países pobres” (en verdad ni países ni gente, sino otros Estatículos regidos por otros Mangantes, sólo que más atrasados en sus Medios de sometimiento de la gente), eso es ya reconocerle a este Estado, o a otro, el derecho a haber creado esas deudas, el derecho a haber andado en manejos económicos y negocios con los Estatículos Atrasados para dar lugar a que tales deudas se produjeran . Y, desde aquí abajo, Les niego tal derecho: Ellos no son quienes para abolir nada, porque no eran quienes para establecerlo y manejar sus cuentas de exportación, ayuda interestatal o deuda, siempre falsas.

A cualquiera que se deje verlo se le aparece claro que el Régimen que padecemos, el de la Democracia Desarrollado, en que Estado y Capital han venido a ser la misma cosa, está fundado y sostenido sobre la explotación y el engaño de la gente, primero la de los propios países del Primer Mundo, como éste en que están ustedes disfrutando de la vida, principalmente a través de la Televisión, y luego la de aquellos que Ellos llamaban Tercer Mundo (sin que nunca se haya sabido bien cuál era el Segundo), de cuya miseria ha venido largo tiempo aprovechándose el movimiento del Capital en el Primero. Pero no sólo que haya explotado esa miseria, sino que la ha creado y mantenido: esas hambrunas y pestes tremebundas de Áfricas, Indias, Américas Latinas o Conchinchinas con que la Televisión cada día entretiene y estremece a las Amas y Amos de Casa en sus hogares de ustedes, todas esas miserias, de las que no puede haber noticia cierta de que se dieran “en otros tiempos”, ésas están directamente ligadas con el Desarrollo y el Imperio del Dinero, que aspira a abarcar un día al Globo entero y que, mientras tanto, no puede hacer más que seguir sosteniéndose con las diferencias y grados de Desarrollo y las consiguientes cuentas y tapujos entre los Estados de pleno Régimen y los otros.

Imagínense ustedes la gracia que puede tener el reclamarles a los Administradores del Estado, Esclavos Superiores del Dinero, respetuosamente y por presiones ordenadas y legales, la abolición de las deudas que con Ellos tengan los Administradorcillos de los Estatículos del Tercer Mundo.

Bueno, pues algo de eso iba a deciros. Y ahora, ¿quiere eso decir que quiera desanimar a la Organización y a los participantes en esa Mesa de que sigan elevando su reclamación, protesta o exigencia? Hombre, no: ¿quién soy yo para eso? Y además, ello es que un movimiento de protesta como éste, sino puede servir para otra cosa, por lo menos puede servir para dar guerra, para darles la lata a las Autoridades y ponérselo un poco más oscuro. Pero la condición de que sirva para algo de eso es que no tengáis Fe, que no os creáis que de lo que se trata es de conseguir de lo Alto una abolición que al Capital no le convenga ni ninguna otra cosa buena: que, únicamente, finjáis creeros eso, pero que por lo bajo sepáis que de lo que se trata, con ese u otro pretesto, es de dar la lata. Y a ello, conmigo o sin mí, os animo a que sigáis


(*) Agustín García Calvo, profesor de latín, poeta, dramaturgo, filósofo... les envió estas palabras a la mesa redonda en Zamora, su ciudad natal.

TOMADO DE LA REVISTA 'Caminar conociendo', Nº 9. Página 51

(1) Hemos respetado la particular ortografía del autor. El destacar algunas palabras con negrita ha sido labor nuestra.

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